"Gracias a mi matrón gané confianza como madre", mi experiencia con estos profesionales en el 'Día Internacional de la Matrona'

"Gracias a mi matrón gané confianza como madre", mi experiencia con estos profesionales en el 'Día Internacional de la Matrona'
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Llevo muchos años trabajando en publicaciones de maternidad, así que desde mucho antes de convertirme en madre, ya había oído hablar mucho del papel de las matronas y había entrevistado a unas cuantas de estas profesionales que la RAE define como "persona especialmente autorizada para asistir a las parturientas".

Su papel de acompañamiento es ahora, en tiempo de Covid, más importante incluso que nunca, cuando el miedo a acudir a un hospital paraliza a las futuras madres, pero sin duda lo ha sido siempre, desde tiempos inmemorables. Por eso, aunque podríamos reconocer su labor cualquier día del año, hemos decidido hacerlo hoy 5 de mayo, "Día Internacional de las matronas", y yo lo hago desde el corazón, desde mi propia experiencia, aunque seguro quizás no sea la más representativa, es la que yo viví durante el embarazo y postparto de mis hijos, porque gracias a ellos gané confianza en el sorprendente camino de la maternidad.

Sin la ayuda de Sara no hubiera podido dar el pecho a mi hija

La ONU declaró el 5 de mayo como el Día Internacional de la Matrona en 1992, con el objetivo de valorar y reconocer el valor de las matronas o parteras en el momento de atender a las mujeres durante su embarazo, parto y postparto. Y, muchas voces apuestan porque son los profesionales que mejor están preparados para hacerlo.

Yo no lo pongo en duda, tras conocer a muchas de ellas por motivos profesionales y su conocimiento sobre los cuidados de la madre y el bebé y su cercanía y cariño a la hora de explicar cómo deben ser, siempre me han ayudado y reconfortado, a nivel personal y como informadora.

Pero hoy quiero hablaros de esa parte humana, que fue imprescindible durante mis dos embarazos. Me quedé embarazada de mi primera hija sin buscarlo, así que no me había informado sobre la nueva etapa que comenzaba. De hecho, no sabía bien por dónde empezar, hasta que mi ginecóloga de la Seguridad Social, me recomendó que pidiera cita con la matrona de Atención Primaria, que podía ayudarme.

En aquel entonces trabajaba como reportera en la televisión, por lo que mis horarios eran infinitos: nunca sabía cuándo podría escaparme. Además, el cámara y yo cubríamos muchas distancias en coche, por lo que me resultaba complicado encajar mi nueva realidad de embarazada en mi día a día. Así que tardé en seguir las recomendaciones de la ginecóloga pero, cuando lo hice, mi vida cambió. ¡Cuánto me arrepentí de no haberlo hecho antes!

Al abrir la puerta de la consulta el primer día, me encontré con una mujer poco mayor que yo, con una gran sonrisa en la cara que me invitó a sentarme. Recuerdo que mientras me hacía las tediosas preguntas de siempre sobre mi salud y el desarrollo del embarazo, pensaba por dentro que vaya pérdida de tiempo. Escuchamos el corazón de mi bebé y mi actitud cambió por completo.

Se tomó un buen tiempo conmigo, así que mis dudas afloraron sin buscarlo y cuando quise darme en cuenta me sentía como si estuviera hablando con una amiga. Y en eso se convirtió. Asistí a sus clases prenatales, donde conocí a otras madres con las que "compartir miedos y alegrías" y donde aprendí que no era peor madre por sentir miedo a lo desconocido.

Sara me acompañó durante todo el embarazo con una paciencia infinita, resolviendo todas mis dudas con la sabiduría que da la experiencia e incluso me ofreció consejos útiles para manejarme los primeros días con el bebé en casa.

Me ayudó a serenarme, a convencerme que podría cuidar de mi hija, que sabría reconocer sus necesidades.

Nunca se enfadaba si llegaba tarde a consulta o si me saltaba alguna clase o taller. Al contrario, procuraba repescarme para otra sesión, lo que en un puesto de trabajo tan imprevisible como el mío, me vino genial y me evitó mucho estrés de querer llegar a todo y no lograrlo.

Gracias a ella, también, me enfrenté al parto con más seguridad e incluso fui capaz de no acudir corriendo al hospital cuando comenzaron las contracciones de parto. Sabía que me quedaban unas cuantas horas por delante. Cierto que no me acompañó durante el parto, porque ella trabajaba en el centro de salud, pero sus consejos me ayudaron a llevarlo mejor.

Hasta que llegó el momento de dar el pecho a mi hija y toda la teoría que había aprendido se quedó en agua de borrajas. Y allí estaba de nuevo Sara para ayudarme: gracias a ella no abandoné la lactancia casi al principio. Kenya parecía no querer engancharse y aunque me pasaba el día poniéndole a la teta, allí no salía nada.

Así que solo tres días después de convertirme en madre marqué su número de teléfono y volvió a no dejarme en la estacada. Directamente me enseñó la mejor postura para amamantar y me convenció de la importancia de dar el pecho a demanda. Además, me enseñó a curarle el ombligo e incluso le puso sus primeros pendientes. Nunca olvidaré todo lo que me ayudó.

Luis, un matrón en una profesión de mujeres

Embarazo 2

No voy a engañar a nadie. Cuando me quedé embarazada de mi hijo pequeño no dudé un momento en buscar a una matrona que me acompañara durante los nueve meses. A pesar de tener ya experiencia en la maternidad, quería contar con su apoyo desde el minuto cero. Por eso, cuando llegué a la consulta y me encontré con Luis, dudé y mucho, simplemente porque era un hombre. Hasta que comenzamos a hablar. Su voz pausada tranquilizaba al instante y su experiencia como padre además de los años de profesión, le hacían responder cualquier pregunta con decisión pero sin prepotencia en absoluto.

Volví a acudir a las clases de preparación al parto que eran realmente amenas y me ayudaban a centrarme en mi embarazo, aunque solo fuera unas horas a la semana, entre tanto trabajo, deberes, baños, comidas, viajes en metro, médicos...

Luis nunca me juzgó, ni siquiera cuando le comenté que estaba aterrada porque a mi bebé le pasara algo malo y que quería hacerme todas las pruebas prenatales posibles para detectar cualquier posible alteración. Entendió que era consecuencia de mi profesión, de hablar sobre todo lo que puede salir mal, pero que eso no significaba que fuera a salir... Se convirtió casi en un confidente, así que con Yago ya en brazos, seguí acudiendo a sus talleres de lactancia, de masajes para bebé, de gimnasia para madres con sus hijos...

E incluso seguimos en contacto después, durante años, ya que se convirtió en uno de mis asesores favoritos en multitud de artículos porque lo explica todo tan bien, de forma tan práctica, que estaba convencida de que podía ayudar a otras futuras madres. Y sé que lo hizo.

Pero antes de finalizar mi experiencia personal, me gustaría también tener unas palabras para Encarna, la matrona que atendió mi parto en la maternidad de Madrid donde nació Yago, que me llevó de la mano desde que entré con contracciones ya a punto de dar a luz y que no me soltó hasta que salí con el alta dos días más tarde. Con ella los dolores del parto se hicieron más llevaderos, siempre animándome con una sonrisa y su voz firme y segura.

Estoy convencida que, gracias a ella, a cómo condujo el parto, este fue rápido y fácil, lo que toda embarazada sueña. Encarna fue la primera en sujetar a mi bebé y en cuidarnos los dos días que estuvimos en la clínica. Todo fue tan fácil y me sentí tan mimada, que regresamos después a procurar agradecerle un poquito de lo mucho que nos entregó.

Por eso, un día como hoy, que pretende destacar el importante papel de las matronas, no he podido hablar de esos tres profesionales que se cruzaron en mi camino y en el de mis hijos. Con personas como ellos, las embarazadas pueden sentirse más seguras, incluso en esta época de pandemia. Desde aquí, gracias una y mil veces.

Fotos | iStock

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