Síndrome de la cara vacía: la ansiedad que produce a los adolescentes quitarse la mascarilla

Síndrome de la cara vacía: la ansiedad que produce a los adolescentes quitarse la mascarilla
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Hace más de dos años que empezamos a usar la mascarilla, tanto en exteriores como en interiores, debido a la pandemia que sacudió el mundo que conocíamos hasta la fecha en todos los sentidos.

Y con la llegada de la pandemia, pero también de la mascarilla, los efectos psicológicos entre adolescentes y jóvenes no se han hecho esperar.

Hablamos del síndrome de la cara vacía, el nombre con el que se ha bautizado a la ansiedad que produce a los adolescentes el hecho de quitarse la mascarilla.

Se trata de un fenómeno en auge, derivado en muchos casos de las inseguridades propias de esta edad, ya que la mascarilla al final es algo que protege, pero que también cubre, "tapa", oculta una parte importante del rostro.

¿Qué hay detrás de este síndrome y cómo podemos ayudar a los adolescentes a afrontar este miedo a mostrar su físico?

Síndrome de la cara vacía: ¿qué es?

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El síndrome de la cara vacía es un término acuñado por el psicólogo José Antonio Galiani, que conlleva ansiedad a la hora de quitarse la mascarilla y mostrar el rostro después de tanto tiempo ocultándolo.

Natalia Ortega, psicóloga sanitaria, explica que este síndrome no implica un tipo de sintomatología concreta, y que tampoco supone un diagnóstico oficial, pero que "sí contribuye a disminuir las habilidades sociales y a complicar la gestión de las emociones".

Hablamos de un conjunto de manifestaciones, como el miedo, la ansiedad y la vergüenza a quitarse la mascarilla, sobre todo entre adolescentes con problemas de inseguridad.

A todo ello se le añade, en algunos casos, baja autoestima y/o experimentar algún complejo. En este sentido, José Luis Borrejón, orientador de Secundaria y Bachillerato de la Brains International School, sugiere que la mascarilla "permite tapar aquellas características del físico con las que no se sienten tan cómodos".

Síndrome de la cara vacía: ¿cómo sé si mi hijo lo padece?

Hay algunas señales de "alerta" básicas que nos indicarían que nuestro hijo es probable que padezca el síndrome de la cara vacía, y que son:

  • No se quita la mascarilla cuando camina en el exterior (o incluso, en casa).
  • Tampoco se la quita con personas conocidas.
  • Se pone muy nervioso si alguien le anima a quitársela, o se muestra muy reacio a hacerlo.
  • Manifiesta sentimientos de inseguridad o baja autoestima.
  • Se ha obsesionado con alguna zona de su cuerpo que cubre la mascarilla (boca, dientes...).
  • Verbaliza que no le gusta su boca, sus dientes, su cara en general...

Ansiedad por quitarse la mascarilla: más frecuente en la adolescencia

No se sabe con exactitud la prevalencia de esta nueva afección, pero sí sabemos que es algo que ha llamado la atención de profesores, padres y psicólogos, que lo han observado en sus alumnos, hijos y pacientes.

Pero, ¿por qué es más frecuente entre adolescentes?

Causas del síndrome de la cara vacía

Las razones principales, según los expertos, tienen que ver con esta etapa tan compleja de transición hacia la vida adulta, donde son frecuentes las inseguridades en su imagen corporal, la presión por encajar en los grupos y la necesidad de validación social (es decir, de sentirse aceptados y reconocidos).

Todo esto, sin olvidarnos del creciente sentido de la identidad en esta etapa, que aún se está formando, con todos los cambios que este proceso conlleva.

Así, nos encontramos con un caldo de cultivo perfecto para generar una susceptibilidad a la ansiedad social, que consiste en un miedo persistente a situaciones sociales, debido al temor a hacer el ridículo y a ser observado por los demás.

Los expertos opinan

Así, tras el síndrome de la cara vacía se esconde este miedo a mostrar el rostro durante la adolescencia; en relación a ello, María Campo Martínez, pedagoga y profesora del Máster en Orientación Familiar de la UNIR, apunta dos razones que explicarían este miedo:

  • El cambio físico en los adolescentes es mucho más significativo.
  • La importancia que le dan a su intimidad, al reconocimiento de su "yo" y a la aceptación de su personalidad y de su desarrollo físico.

De esta forma, los adolescentes, según la experta, utilizarían la mascarilla como "una forma de protegerse y de ocultar sus posibles defectos, inseguridades y miedos".

Con la mascarilla se sentirían más protegidos y más a gusto, especialmente si tienen problemas de acné, o si llevan ortodoncia.

La relación con las emociones: ¿una forma de ocultarlas?

Pero además, la mascarilla no solo les permite "ocultar" los "defectos" a los más jóvenes, sino también sus emociones. ¿Por qué?

Porque las emociones se perciben en gran parte a través de la expresión facial, y si esta está parcialmente oculta tras la mascarilla, es mucho más difícil de percibir.

Así, la mascarilla es también una forma de ocultar las emociones y el estado de ánimo, un estado que en esta etapa vital suele sufrir mayores fluctuaciones sin causa aparente (la montaña rusa emocional propia de la adolescencia).

¿Cómo ayudarles?

Si crees que tu hijo manifiesta el síndrome de la cara vacía, te damos algunas estrategias que pueden ayudarte a que se sienta seguro y un poco más tranquilo sin la mascarilla:

Normalizar y validar sus emociones

Es importante que validemos cómo se sienten nuestros hijos, y que normalicemos la situación.

Es normal, y así debemos transmitírselo, que después de tanto tiempo usando la mascarilla, les cueste deshacerse de ella, ya que es probable que se hayan acostumbrado a su uso.

No forzar o presionar: darles tiempo

Tampoco debemos presionar a nuestro hijo para que se la quite; no le forcemos. Así, respeta su ritmo y dale tiempo, pero a la vez, muéstrate disponible por si necesita hablar.

Reforzar su autoestima

El síndrome de la cara vacía se relaciona directamente con problemas de autoestima (y con la necesidad de ser aceptados por el grupo, algo tan habitual en la adolescencia).

Por ello, es importante reforzar la autoestima de tu hijo, por ejemplo reforzando las cosas que se le dan bien, sus habilidades, elogiándolo... y también, animándole a hacer cosas que le hagan disfrutar, algo que le permitirá conocerse mejor a sí mismo.

Y por último, trata de observar la forma que tiene tu hijo de hablarse a sí mismo; ¿cómo lo hace? ¿Lo hace con amor, o con reproches, remarcando lo que no le gusta de él...? Ahí tendrás pistas sobre cómo es su autoestima.

Pedir ayuda profesional

Finalmente, si la ansiedad y el miedo descritos persisten con el tiempo, es importante poder valorar la posibilidad de pedir ayuda especializada a un psicólogo infantojuvenil.

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