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Aprendiendo felices

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Cuando nos planteamos las necesidades de los niños para lograr un desarrollo óptimo de sus capacidades personales que les permitan tener una vida futura satisfactoria los padres pensamos, lógicamente, en su felicidad y en su aprendizaje.

Pero, ¿es posible que exista un aprendizaje feliz? Mi opinión es que realmente ambos aspectos del desarrollo de un ser humano están unidos y deberían estarlo, pues es que además, para que una persona aprenda de verdad necesita sentirse segura, no tener miedo, no estar bajo estrés.

No es una proclama sin bases, todo lo contrario, los más modernos investigadores en neurología afirman esto precisamente, el cerebro está capacitado para aprender pero lo hace realmente cuando las condiciones emocionales del sujeto son las adecuadas.

Aprender es natural

El ser humano, como especie, se caracteriza precisamente por la capacidad de aprendizaje y eso lo premia internamente. Estamos dotados de características que nos definen como especie y que nos han hecho tener éxito en la lucha por la existencia. El ser humano aprende. Es indispensable para su supervivencia y la Naturaleza nos hace capaces de aprender.

La curiosidad, el espiritu investigador, la capacidad de resolver problemas, la memoria, la retención de conocmientos que consideramos útiles es algo que llevamos en los genes y que, sin duda, nos proporciona intensas experiencias de gozo.

¿Qué necesita un niño para aprender?

Primero, y ante todo, tener sus necesidades básicas cubiertas, por supuesto. Pero esas necesidades básicas no son solo las físicas, también son las psicológicas y emocionales.

Estar bien nutrido, sano y cuidado es indispensable, pero también sentirse amado, protegido, en un entorno seguro y con adultos que te traten con respeto y cariño. En definitiva, ser feliz es importantísimo para poder asimilar conocimientos.

Los padres son responsables de que el niño se sienta feliz y para lograrlo deben ofrecerle apoyo, confianza, atención personalizada, escucha sin juicios y la seguridad del afecto.

Y parece de perogrullo, ero los niños necesitan pasar más tiempo con sus padres y en esto deberían centrarse políticas de protección a la infancia, en darles las condiciones precisas para que en su niñez puedan ser cuidados y atencidos principalmente por sus familias, algo que los niños, cuando se les da voz, dejan muy claro.

Los niños necesitan juego libre, tanto para ser felices como para aprender. Aprenden mediante el juego y cualquier programa que se centre en mejorar su vida debería contemplar también la gran importancia que tiene para su futuro el disponer de tiempo y espacios de juego suficientes.

Una vez garantizada la calidad de vida, la presencia de sus padres en el hogar disponibles para ellos y el poder jugar, lo demás vendrá como añadidura, importante, pero como añadidura.

¿Y en la escuela?

Igual que el hogar los niños deberían ser felices aprendiendo en la escuela. Para los más pequeños, los de Infantil y Primaria, las escuelas deberían proporcionarles ambientes educativos y programas que les permitieran desarrollar naturalemente ese aprendizaje feliz. Si un niño siente miedo, rabia, presión o se ve cargado con juicios negativos no aprenderá nada. Para aprender los niños deben ser felices y solamente eso ya hará mejorar el resultado de un sistema en lo personal y en lo general.

No cesamos de preocuparnos por los malos resultados educativos pero las medidas que se proponen parece que van precisamente en la línea equivocada; presionar más a los niños, mandar más deberes, adelantar la exigencia en la lectoescritura, no rebajar las ratios, no cuidar de mejorar las condiciones de trabajo de los maestros, hacer más exámenes de contenidos evaluables y, en muchas ocasiones, memorísticos. La ansiedad es contraria al aprendizaje. Lo deteriora, lo frena.

El verdadero aprendizaje efectivo es feliz. Ningún curriculum, normativa, organización o procedimiento debería implantarse en la Educación si no tiene como centro la necesidad del niño.

Los niños pequeños no deben temer malas evaluaciones, ni sentirse abrumados por los contenidos, ni perder sueño y juegos por hacer deberes abusivos, no deben ser etiquetados o castigados por ser lo que son, niños que necesitan aprender haciendo, jugando, riendo, moviéndose, motivados por el deseo de descubrir y no por el miedo a la reprimenda. Los niños saben lo que necesitan, solo hay que escucharlos.

Resumiendo, para mejorar la vida de los niños su felicidad es el objetivo prioritario, y eso debe ser el centro de cualquier reforma de atención a la infancia o propuesta educativa.

En Bebés y más | Mis propuestas para cambiar la Educación, La felicidad y el amor como base de la educación,

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