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La felicidad y el amor como base de la educación

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Es un auténtico placer para mi exponer este breve artículo sobre la educación de Gustavo Martín Garzo que sorprendentemente apareció ayer en el periódico El País en las páginas centrales de opinión, un lugar sagrado reservado para la guerra, la política y los asuntos graves de la vida.

Pero a pesar de que su título es “La educación de los niños” no trata sobre planes de estudios serios ni sobre normas, límites, métodos para obedecer, etc. sino que habla de la crianza con amor, con respeto y con empatía.

Y considero esto como una evidencia de que los tiempos están cambiando y la pedagogía blanca (dejar a los niños ser niños) está ganando la batalla a la pedagogía negra: adiestramiento, falta de piedad ante su sufrimiento y necesidades madurativas.

Y para más alegría, el autor defiende a los “padres consentidores” frente a los “militares” o los “indiferentes” entendiendo consentir como mimar, ser indulgente, pero también, otorgar, obligarse.

Os dejo con varias frases del artículo sobre los beneficios de la educación con amor que me han compensado totalmente de la llorera y mal sabor de boca del cruel e inhumano vídeo de la Supernanny americana:

"Un niño feliz no sólo es más alegre y tranquilo, sino que es más susceptible de ser educado, porque la felicidad le hace creer que el mundo no es un lugar sombrío, hecho sólo para su mal, sino un lugar en el que merece la pena estar, por extraño que pueda parecer muchas veces. Y no creo que haya una manera mejor de educar a un niño que hacer que se sienta querido. Y el amor es básicamente tratar de ponerse en su lugar." "Y la habilidad en tratar a los niños sólo puede provenir de haber visitado el lugar en que éstos suelen vivir. Ese lugar no se parece al nuestro, y por eso tantos adultos se equivocan al pedir a los pequeños cosas que no están en condiciones de hacer. ¿Pediríamos a un pájaro que dejara de volar, a un monito que no se subiera a los árboles, a una abeja que no se fuera en busca de las flores? No, no se lo pediríamos, porque no está en su naturaleza el obedecernos. Y los niños están locos, como lo están todos los que viven al comienzo de algo." "Educar es distinto a adiestrar. Educar es dar vida, comprender que el dios del santo se esconde en la realidad, sobre todo en los niños." "Creo que los padres que de verdad aman a sus hijos, que están contentos con que hayan nacido, y que disfrutan con su compañía, lo tienen casi todo hecho. Sólo tienen que ser un poco precavidos, y combatir los excesos de su amor. No es difícil, pues los efectos de esos excesos son mucho menos graves que los de la indiferencia o el desprecio. El niño amado siempre tendrá más recursos para enfrentarse a los problemas de la vida que el que no lo ha sido nunca." "Si quieres que tu hijo sea bueno hazlo feliz, si quieres que sea mejor, hazlo más feliz. Los hacemos felices para que sean buenos y para que luego su bondad aumente su felicidad".

Muchas gracias Sr. Martín Garzo por este artículo. ¡Ojala enternezca a padres y pedagogos con corazón de hierro¡

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