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Mis hijos ya no duermen conmigo: conclusiones tras 9 años de colecho
Ser Padres

Mis hijos ya no duermen conmigo: conclusiones tras 9 años de colecho

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En más de una ocasión he hablado del colecho y os he contado que mis hijos han dormido siempre con nosotros, en nuestra cama, en una cunita colecho o en una camita al lado de la nuestra, completamente pegada, de manera que podían quedarse ahí o poco a poco ir pasando a la nuestra (o dormir con medio cuerpo en una o en la otra).

Han sido 9 años de compartir cama con mis tres hijos y estos días nos estamos despidiendo de ello, cuando el pequeño tiene tres años, porque ya le hemos pasado la camita a la habitación donde duermen sus hermanos, de 9 y 6 años. Como en casa cerramos una etapa que la gente considera importante, os contaré cuáles son mis conclusiones tras estos 9 años de colecho.

Empiezas porque no te queda otra

Si no es que has leído sobre ello y lo tienes claro desde el principio, la mayoría de padres que colechamos lo empezamos a hacer porque no nos quedaba otra: supervivencia pura y dura. Ahora hay mucha información al respecto y yo creo que está más popularizado, pero hace 9 años, cuando nació mi hijo, tenías que ir directo a los libros o foros en que se hablaba de ello porque no había apenas publicaciones (ni en internet) que hablaran del colecho (o si las había no eran muy populares y los padres no llegábamos a ellas).

Lo que había eran revistas y personas que te hablaban de que tenías que preparar la habitación del bebé y poner ahí su cuna, en la que dormiría apaciblemente siempre. Tanto que te creías que lo ibas a poner ahí, te iba a sonreír mientras lo arropabas y apenas lo verías hasta la mañana siguiente, cuando tendrías que ir a ver si seguía ahí, de tan dormilón que iba a ser.

Para los primeros meses, te ponías un moisés en la habitación con rueditas, donde el bebé podía dormir y tú irlo pasando de un lugar a otro de la casa mientras descansaba.

Vamos, que te hacen preparar la casa como si fueras a meter una marmota y cuando llega tu bebé te demuestra, con una gran bofetada en la cara que te hace sentir gilip..., que te has gastado el dinero y has pasado horas montando una cuna que nunca utilizará.

Empiezas con lo del moisés. El bebé llora, ella lo amamanta y luego lo deja de nuevo en el moisés. Al rato llora otra vez, se repite la operación. A la tercera te dice que te mantengas despierto, que le va a dar el pecho tumbada porque está cansada, que cuando acabe lo pases, por si se queda dormida. Y ahí aguantas no sabes cómo hasta que acaba y lo pasas. Y al rato vuelta a empezar.

Pasa una noche, otra y otra, y el rato ese en el que alguien debe estar despierto para pasar al bebé al moisés se convierte en un imposible. Eres capaz de dormirte sentado, así que ya no tiene sentido. Una mañana te despiertas y te das cuenta de que el bebé está ahí, entre los dos, porque nadie lo ha pasado al moisés. Y te sientes el peor padre del mundo, merecedor de una docena de latigazos en la espalda, porque acabas de poner en riesgo la vida de tu hijo. Pero te sorprendes, a la vez, porque parece que ahí se ha despertado menos.

Y así las noches se van repitiendo con varios fracasos al momento de pasarlo y acabas por encontrar información sobre eso de dormir con el bebé en la cama que dice que hay ciertos riesgos que hay que minimizar, pero que es normal, que en muchas culturas se duerme con los bebés y que años ha, era de lo más habitual.

Y llega finalmente el día en que te dices "ya no lo paso más al moisés" y a partir de ese momento empezáis a dormir todos juntos, y todos un poco mejor.

A la gente no suele parecerle bien

Que no es que lo vayas contando por ahí, que a la gente no le importa y tú no eres mejor por dormir con tu bebé. Pero si coincide que están hablando de cómo duermen sus bebés y te preguntan, pues respondes. Tampoco hay que mentir, oye. Pues "duerme con nosotros en la cama..." de hecho, es que hasta en el pediatra te preguntan. Y hay quien ahí sí prefiere mentir para que no le sermoneen y quien dice la verdad a riesgo de que le caiga el chaparrón.

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Que no, que "los niños tienen que dormir en su cama", como si fuera una verdad absoluta, como si fuera el onceavo mandamiento de Dios, que "es malo para ellos porque los padres lo pueden chafar", un riesgo que existe, pero que prácticamente es cero si sigues los consejos que ya he mentado, que "es malo porque comparte vuestro sudor", como si me pasara la noche frotándome con el niño (que no lo haces, pero que si hicieras algo tan absurdo tampoco pasaría nada por pegarle tu sudor...), que "es malo porque respiráis todos juntos", que hombre, si la habitación es un zulo, cerráis la ventana, la puerta y tenéis plantas, pues igual sí os quedáis sin oxígeno, pero si no es el caso, hay muchos momentos en el que estaréis juntos y no va a pasar nada... hasta en el coche estáis en un espacio más reducido y respiráis todos a la vez sin turnaros para captar oxígeno, que "se vuelven unos consentidos y terriblemente dependientes", cosa que no es cierta, porque solo estás haciendo por la noche lo mismo que hacéis por el día, que es atender a vuestro hijo, que "estás desatendiendo la relación de pareja" por tener al niño en medio, y te das cuenta entonces de que lo haces, precisamente, porque te importa tu relación de pareja, o que así cómo vais a tener relaciones, cuando sigues teniendo un piso entero para vosotros dos.

Vamos, que aprendes a escuchar las críticas y aprendes a responder. A veces con ciencia: "pues dicen los estudios que...", que a mucha gente le sirve, pero que a otra no porque les da igual eso de la ciencia. A veces con mentiras: "pues lo hago porque me lo ha recomendado el pediatra" (aunque a veces es cierto, hay algunos pediatras que lo recomiendan... pocos, pero los hay). A veces con mala leche: "¿te he preguntado tu opinión? No te lo cuento para que me juzgues". A veces con la verdad por delante: "pues no sabes lo que te pierdes, yo ahora no puedo ni imaginar que durmiera lejos de mí, no soportaría estar separado de él". A veces con simpleza: "mira, cada cual que haga lo que quiera en su casa. Nosotros lo hacemos así y nos va genial". A veces con una contra demoledora: "Ah pero, ¿es que tú no duermes con el bebé? ¡Si es lo que se recomienda ahora!". Y a veces devolviendo el juicio, una miradita de hastío y un buen "anda, calla, que pareces mi padre hablando... pues no estás tú anticuado ni nada".

Al final dejan de molestar

Lo bueno es que al final se acostumbran. Dan por sentado que ninguna de sus absurdas opiniones van a lograr haceros cambiar de parecer y cuando ven que el niño tiene 3 o 4 años y no solo sigue en la cama, sino que no tenéis ninguna intención de sacarlo, se callan. Porque muchos creen que lo hacéis solo por aquello de que se despiertan... pero claro, si a los 3 años ya duermen solos, ¿por qué sigue en la cama? Entonces les dices que ya no es cuestión de dormir mejor ni peor, sino que es cuestión de querer o no querer, y ahí ya se quedan sin nada que decir. Si duermes con tus hijos porque quieres hacerlo así, porque lo prefieres, porque quieres compartir también ese tiempo juntos, porque aunque te llevas alguna patada o algún cabezazo, casi sonríes cuando un pie se pone sobre tu pierna o un bracito sobre tu pecho, ¿cuándo llega el final?

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Pues eso, no llega, no lo imaginan, así que dejan de molestarte con eso... dejan de desgastarse, "ya te lo encontrarás", piensan, y te dan por imposible.

Se puede colechar con dos hijos

Al principio no sabes si podrías hacerlo. No sabes cómo hacerlo. Pero dejas simplemente que llegue el bebé y decides. Nosotros probamos con el moisés, como con el primero ¿y si resulta que este duerme bien? Pero no, claro, los bebés por norma general prefieren estar acompañados que solos, así que enseguida cambiamos el moisés por la cuna colecho. Buen invento, aunque con fecha de caducidad. Es pequeña y a partir de los 7 meses del bebé, a veces antes, a veces después, el bebé es capaz de reptar, llegar a tu cama, bajar hacia los pies, y ahí queda desprotegido. Si gira, se cae al suelo.

Así que, o lo acompañas de una barandilla que vaya al lado de la cuna colecho, hasta los pies, o haces lo que hicimos nosotros, quitarla y poner una camita. Una de esas de niño, que son más cortas y estrechas que las habituales, pegada a la nuestra. A la misma altura (porque la cuna colecho, la cuna, la cama o lo que vayas a acoplar tiene que estar exactamente a la misma altura que el colchón grande, al menos mientras el niño sea pequeño).

Al final cada familia encuentra cómo hacerlo, porque soluciones hay muchas, pero es perfectamente plausible dormir con dos hijos en la misma habitación.

No puedo recomendar colechar con tres hijos

No digo que no pueda hacerse, pero yo personalmente no puedo recomendarlo porque en nuestro caso fue un desbarajuste. Ya no sabíamos cómo ponernos, porque éramos mamá, el niño de 6 años, el niño de 3 años y papá en la cama de 1,50 m. y el bebé en la camita. Los primeros días tiramos, pese a la falta de espacio. Pero entonces empezó a pasar algo que no esperábamos: el bebé despertaba al mayor. El de 3 años estaba aún en esa edad que, una vez dormido, puede venir un tornado que sigues durmiendo, pero el mayor tenía ya un sueño más ligero.

Le despertaba, le decíamos que durmiera y lo hacía de nuevo, pero esos varios despertares no le dejaba descansar bien y así fue como le sugerimos dormir solo en su habitación. Le pareció buena idea y ese día se fue a su habitación para no volver.

Es genial cuando lees a profesionales decir que es positivo

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No lo necesitas, no necesitas que nadie te diga que es bueno porque lo haces igual, pero es genial oír a profesionales como Margot Sunderland decir que los niños deberían compartir la cama de los padres hasta al menos los cinco años o a Nils Bergman decir que al menos deberíamos dormir con ellos hasta los 3 años. Es genial también saber que así los niños comen más y son amamantados por más tiempo. Y es genial saber que cada día hay más pediatras y más enfermeras que no dudan en sugerir a las madres, cuando explican que pasan malas noches, que pueden dormir con el bebé, que no es nada malo, que es lo normal en muchos países y que es hasta recomendable.

En realidad, no nos parece algo importante

Y todo esto para decir, al final, que dormir con los bebés no me parece algo importante. Es decir, que no es algo que hayamos hecho por todo lo comentado: para que se desarrollen mejor, para que coman más, para que sean más listos o tengan una mejor salud emocional o... lo hemos hecho así porque en su día vimos que dormíamos mejor y nos gustó tener al bebé cerca. Nos sentíamos más seguros, más capaces, más cercanos a él por poder responder antes a sus demandas y eso nos gustó tanto que repetimos con los siguientes. Sucedió que nos sentíamos tan bien que entonces, cuando por edad quizás habrían dormido solos, no queríamos ni intentarlo: ¿y si probábamos y de verdad se iban a dormir a sus camas y no querían volver? Nos habríamos sentido solos, los dos juntos en nuestra cama y nuestro hijo solo en la suya, en otra habitación, tan lejos. Tan cerca, pero tan lejos.

Así que lo hemos hecho incluso cuando nos han dicho que era lo peor, incluso cuando han aparecido estudios que decían que era algo terrible y cuando han aparecido otros que decían que era lo mejor. Nada ha cambiado nuestro parecer, porque los motivos de dormir con nuestros hijos eran nuestros y no han respondido a ninguna recomendación ni prohibición de nadie. Siempre lo hemos hecho porque hemos querido.

Ahora lo explico como anécdota. No hemos hecho nada especial por dejar de colechar. Ni una fiesta de despedida, ni una celebración, ni lo hemos debatido demasiado ni nada por el estilo. Dijimos de hacerlo, se lo comentamos a Guim, le pareció bien y lo hemos hecho. Todo decidido en unos pocos minutos, como algo cotidiano.

Hace un par de semanas pusimos su cama, esa camita que nos ha acompañado en la habitación años, junto a la litera de los mayores. Y ahí duermen los tres. El colecho aún no ha acabado, porque en realidad se duerme con nosotros y al ratito lo llevo a su cama. Y allí duerme toda la noche, aunque algunas noches se viene a nuestra cama.

Si me despierto, lo vuelvo a llevar a la suya porque me da miedo que se caiga cuando yo me levante y deje de hacerle de barrera humana (y para que no se despierte cuando suena la alarma). Si no, pues cuando me despierto lo llevo para allá. Y oye, mentiría si dijera que no disfruto cuando está ahí a mi lado. Me sigue gustando que se duerma con nosotros y me sigue gustando tenerle al lado esos ratitos. Pero la vida sigue, pronto empieza el cole, es un niño súper autónomo que disfruta un montón con sus hermanos y que duerme perfectamente con ellos y cuando le sugerimos la posibilidad de dormir con ellos dijo emocionadísimo que "¡sí, con los tetes!".

Así que ayer, pensando en ello, decidí contaros mis conclusiones tras 9 años de dormir con niños, por si le sirven a alguien.

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Como última conclusión, o curiosidad, explicaros que mis hijos nunca han llorado de noche porque sus padres hayan querido enseñarles a dormir solos ni porque les hayamos pasado a su cuarto cuando ellos no lo tenían muy claro. Lógico: se han ido cuando ya estaban preparados para ello. Lógico: la gente piensa que hay que forzar estas situaciones y enseñarles a estar solos cuando no son capaces de ello. Lógico. Tan lógico que sigo alucinando cuando oigo a profesionales sugerir a las madres que lo mejor para sus hijos es que les dejen solos en sus habitaciones, a riesgo de que lloren una o varias noches... sin necesidad, en realidad, porque los bebés son dependientes por naturaleza, de día y de noche. Si fuéramos capaces de entender algo tan simple ¡los niños ahorrarían tantas lágrimas!

Fotos | iStock
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