Mi hijo es muy despistado: ¿cómo ayudarlo?

Mi hijo es muy despistado: ¿cómo ayudarlo?
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¿Tu hijo se olvida siempre las cosas donde no debe, o las pierde? ¿Se deja la chaqueta en el cole? ¿Se le olvida apuntarse los deberes, o lo que tiene que prepararse para el día siguiente?

Seguramente es porque sea despistado (que no distraído; cuando hablamos de distracción nos referimos a las dificultades para concentrarse, y no tanto al hecho de ser olvidadizo).

Si es así, puede que sea por su propia forma de ser, o porque no esté descansando bien, le falte rutina y/u organización... Las causas pueden ser múltiples. ¿Cómo ayudarle a reducir esos despistes? Te damos algunas claves.

Mi hijo es muy despistado: posibles causas

Como hemos visto, las causas de que tu hijo sea muy despistado o le cueste concentrarse son múltiples. Algunas de las más frecuentes, y que conviene conocer, son:

  • Falta de hábitos, organización o planificación.
  • Le preocupa algo.
  • Cansancio acumulado o estrés (por descansar poco, por un exceso de actividades o sobreestimulación, etc.).
  • Problemas de visión o de audición.
  • Mala alimentación (es importante que la dieta cuente con los nutrientes esenciales para mantener una buena calidad en la memoria)
  • Nervios (al estar nerviosos segregamos una hormona que interfiere en nuestra capacidad para memorizar, que es la corticosterona).
  • Trastorno por déficit de atención (TDA), que puede ir ligado, o no, a una hiperactividad (TDAH).
  • Depresión infantil.

¿Cómo ayudarlo?

Entiende de dónde vienen esos despistes

Como hemos visto, en general, los niños que son despistados suelen serlo por un conjunto de factores, que incluyen tanto factores ambientales (hábitos, rutinas, descanso, dinámicas en casa, etc.) como factores genéticos y de personalidad.

Puede ser que tu hijo siempre haya sido despistado, o por el contrario, que notes que de repente, lo está más que nunca.

Por ello el primer paso que te recomendamos hacer es descubrir de dónde viene ese despiste; pregúntate, "¿ha sido siempre así?, ¿ha habido un cambio en su conducta? ¿crees que le preocupa algo? ¿está bien en el cole? ¿ha sucedido algo en casa, o en la familia, o ha tenido lugar algún cambio importante en su vida...?"

Conocer las causas de esos despistes te ayudarán a acompañarle mejor. Y si crees que solo observando no acabas de entender de dónde viene todo esto, anímate a preguntarle abiertamente sobre el tema.

Cuida los hábitos de vida: sueño y alimentación

Es importante que te asegures que tu hijo come bien y que duerme y descansa lo suficiente. ¿Por qué es importante? Porque el agotamiento físico es una de las principales causas de falta de atención en la infancia.

Y es por eso que si tu hijo no tiene suficiente energía por no descansar o no comer bien, es más probable que al día siguiente le cueste concentrarse o se despiste con más facilidad.

Implementa rutinas

Las rutinas y la planificación ayudan a reducir los despistes y, además, son elementos muy beneficiosos para los niños. Por ello, si quieres ayudar a tu hijo a despistarse menos, ayúdale con las rutinas. Esto favorecerá que se implique más en sus responsabilidades y tareas del día a día, y sobre todo, que no se olvide de hacerlas.

Debes saber, que cuando una rutina se convierte en un hábito, es más fácil hacer las cosas de forma automática, y no "porque tengamos que acordarnos de ello".

Por ello, facilitándole a tu hijo esto, podrás evitar tener que recordarle siempre lo que tiene que hacer.

Las tareas: anticiparlas, fragmentarlas y apuntarlas

Otra idea que puede ayudarte con tu hijo es anticiparle las tareas, obligaciones, recordatorios, etc., para que las tenga en mente y no le pillen desprevenido.

Y una vez sepa qué tiene que hacer (y que lo tenga claro, resolviendo dudas si es necesario), que fragmente o divida las tareas en tareas más pequeñas. Que las reduzca en pasos y secuencias (esto facilitará que no le dé tanta pereza hacerlas, por ejemplo).

Y por último, que las apunte, ya sea en la agenda personal, en una libreta propia, etc., a modo de recordatorio.

Hazle recordatorios

Y es que los recordatorios facilitarán que tu hijo no se olvide algo que debe llevar al cole al día siguiente, por ejemplo, o que tiene que prepararse la ropa de deporte, etc. ¡Utilízalos para lo que sea!

La idea es ir reduciendo, con el tiempo, estos recordatorios (o que los haga él mismo), para fomentar poco a poco la autonomía de tu hijo. Pero para empezar, puedes optar por recordatorios muy visuales, que suelen funcionar muy bien:

  • Post-it
  • Notas en la agenda
  • Alarmas
  • Recordatorios verbales
  • Utilizar un planificador o un horario y colgarlo en la nevera

Anímale a utilizar la agenda

La agenda es un recurso que funciona muy bien a la hora de planificar la semana y no olvidarse de nada. ¡Aprovecha la agenda de tu hijo para fomentar esa memoria!

Para que se motive con ello, podéis dedicar una tarde a decorarla y a que la sienta "más suya". La idea es crear el hábito de que vaya apuntando las cosas y, sobre todo, consultándola diariamente.

Pónselo fácil: reduce las distracciones

A los niños que tienden a despistarse a menudo, no les van bien los distractores del entorno. Por ello, evita exponerlo a distracciones adicionales. ¿Cómo? Algunas ideas para empezar:

  • Anímale a tener la habitación ordenada (que guarde los juguetes en su lugar correspondiente).
  • Evita encender (o que encienda) el televisor mientras hace los deberes.
  • Procura que los dispositivos electrónicos como tablet, móvil, etc., estén fuera de su campo visual cuando tenga que hacer tareas de casa, deberes, etc.

Acéptalo tal y como es

Finalmente, pese a todo lo comentado, que puede ayudar, también debes tener en cuenta que en el hecho de ser despistado, hay una parte ambiental (como lo que comentábamos del cansancio acumulado o de otros factores), pero también una parte genética.

Es decir, hay niños que tienen esta forma de ser, y está bien. Por eso, aunque haya una parte que se pueda "trabajar" (mejorando hábitos, por ejemplo), hay una parte que probablemente no la cambiarás, y que por ello implica aceptar a tu hijo tal cual es.

Aceptando sus puntos débiles y reconociendo, por encima de todo, sus fortalezas, y nunca actuando desde el reproche o el enfado, sino desde el amor y la comprensión. Recuerda que la empatía es esencial.

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