Ducharse más de cinco minutos o pintarse las uñas no es el autocuidado que necesitamos las madres

Ducharse más de cinco minutos o pintarse las uñas no es el autocuidado que necesitamos las madres
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Hace unas semanas hablaba con una amiga sobre el autocuidado de las madres; ese término que tan de moda se ha puesto en los últimos años y que quizá por eso ha ido desvirtuándose con el paso del tiempo.

Y para muestra no hay más que echar un vistazo a las publicaciones sobre autocuidado que las madres colgamos en redes sociales, y que giran fundamentalmente en torno a los cuidados físicos más superficiales: sesiones de peluquería, manicura casera, baño con jabones aromáticos...

Pero yo me pregunto, ¿es esto suficiente para sentir que nos estamos cuidando? ¿Basta con que nos pintemos las uñas para lograr ese rato de desconexión que necesitamos para aligerar la carga mental y hacer frente a nuestro día a día?

Cuidarse y mimarse es necesario, pero no suficiente

autocuidado

Durante mucho tiempo, yo misma llegué a creer que acudir a un fisioterapeuta para que me diera un masaje cuando mi espalda ya no aguantaba más, darme una ducha a solas durante más de cinco minutos o incluso ponerme una mascarilla facial antes de ir a dormir, era suficiente para sentir que me estaba cuidando.

"Ya he cumplido con mi ratito de autocuidado diario", me decía a mí misma tratando de encontrar un sentido emocional a lo que acababa de hacer.

Así, día tras día procuraba sacar tiempo a solas para mimarme, sin ser consciente de que aquellos cuidados tan superficiales no eran ningún extra, sino una necesidad que todos debemos cubrir: la de cuidar externamente nuestro cuerpo y sentirnos bien con nosotros mismos.

Cuando llegué a esta conclusión me sentí bastante aturdida, pues los cuidados que me había estado aplicando - ¡creyendo, además, que eran la panacea!- no solo no me habían ayudado a nivel emocional, sino que no sabía qué otra cosa podía hacer por mí.

"¡Bastante esfuerzo me ha costado sacar unos minutos al día para cuidarme sin culpabilizarme por ello, como para darme cuenta ahora de que lo que he estado haciendo es algo que no debería haber dejado de hacer nunca, pues se trata de mi salud y mi cuerpo!", pensaba en bucle.

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Cuidar nuestro cuerpo con un masaje, una crema hidratante, un baño o un corte de pelo debería ser algo rutinario y que nunca dejáramos de hacer tras convertirnos en madres, pues al fin y al cabo se trata de nuestra salud y bienestar físico.

Y sí, puede que sientas que al regresar de la peluquería estás más relajada y feliz al comprobar lo bien que te ha quedado la melena. Pero no nos engañemos; ese bienestar físico es tan efímero como el peinado profesional que acaban de hacerte.

Es cierto que tras convertirnos en madres solemos olvidarnos de nosotras mismas al volcarnos de lleno en las necesidades de nuestro bebé, de manera que llega un punto en  el que daríamos lo que fuera por darnos una ducha a solas, arreglarnos las uñas o hidratar nuestro cabello. Pero una vez recuperadas estas rutinas de cuidado esenciales, deberíamos dar un paso más.

El "autocuidado consciente", más allá del simple placer momentáneo

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Lo admito. Darse cuenta de que lo que has estado haciendo hasta ahora es lo mínimo que debes hacer por ti, resulta desconcertante. Pero es que el famoso "autocuidado" del que hablamos va mucho más allá.

Cuando nos cuidemos debemos hacerlo de forma consciente, nutriendo nuestro cuerpo y alma con los cinco sentidos, y poniendo la atención plena en aquello que estamos haciendo.

El "autocuidado consciente" implica una conexión total con nuestra esencia y nuestro ser que no solo nos permita relajarnos, evadirnos y sentirnos bien, sino que nos aporte beneficios a largo plazo.

Cuidarse con atención plena es también autoconocerse, aceptarse, amarse y ser compasiva con una misma. Es buscar nuestra mejor versión, aprendiendo de los errores y poniendo el foco en nuestras numerosas virtudes.

Cada una debe elegir la mejor forma de conectar consigo misma y con su esencia, pero es fundamental que hagas lo que hagas actúes desde la plena conciencia, tomándote el tiempo que necesites para llegar a ese estado de calma interior que te permita nutrirte emocionalmente y no solo sentirte bien físicamente.

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Habrá quien lo consiga mediante el ejercicio físico, la lectura, el café con amigas, la meditación, el arte... en definitiva, con actividades que vayan más allá del puro placer inmediato, y que además nos hagan crecer como persona a todos los niveles.

Y es que si nos cuidamos con el piloto automático encendido, y sin ser plenamente consciente de ese tiempo que nos estamos dedicando, es más que probable que no logremos escapar de la fatiga mental y física que sentimos las madres.

Fotos | iStock

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