Desarrollo en el lenguaje del bebé: de diez a doce meses
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Tras la pausa navideña retomamos el calendario del bebé en Bebés y más con los niños de once meses. No es que haya mucha diferencia con los de diez meses realmente, pero sí observamos que día a día aprenden cosas nuevas, exploran un poco más y buscan nuevas metas a las que hacer frente.
Se trata de una época marcada, sobretodo, por el deseo de compañía (siguen sintiendo la angustia de separación) y por la necesidad de compañía, ya que sus cabezas, sus deseos y sus necesidades van un paso por delante de sus posibilidades psicomotrices.
Vamos a ver a continuación algunos rasgos que pueden definir a los bebés de once meses.
Alimentación en el bebé de once meses
A esta edad tienen una increíble habilidad coordinando las manos y la boca y cogen con facilidad alimentos pequeños (guisantes, uvas, ensaladilla rusa) para llevárselos a la boca.
La mayoría de ellos son capaces de mover la comida un buen rato en la boca sin atragantarse, morderla con los dientes o chafarla con las encías (algunos bebés aún no tienen dientes a esta edad) e ingerirla definitivamente.
Muchos de los bebés amamantados empiezan entre el décimo y decimoprimer mes a aceptar comida (ya conocéis muchas la frase “pasó de la teta a los macarrones”) y donde antes había malas caras o bocas cerradas ahora hay curiosidad y ganas de probarlo todo.
Los trozos deben estar ya presentes en la alimentación de los niños y niñas para evitar que se acostumbren a la textura “papilla” y rechacen después los alimentos.
El sueño a los once meses de edad
Impredecible, variable, sin pauta fija. Algunos bebés duermen bastantes horas seguidas a esta edad, aunque como ya hemos comentado otras veces, el sueño maduro no llega realmente hasta los 5-6 años, por lo que sigue siendo normal y habitual que los bebés de once meses, pese a que parecen hombrecitos y mujercitas, sigan despertándose a menudo.
La aparición de los dientes, que cuando no es uno es otro, la angustia de separación (no quieren sentirse solos), la cantidad de cosas que aprenden durante el día y la necesidad de succión (además de, probablemente, otras muchas causas), hacen que los despertares nocturnos sigan siendo habituales.
Socialización y lenguaje en el bebé de ocho meses
A los once meses no hay demasiadas novedades en las áreas de socialización y lenguaje del desarrollo de los bebés.
La mayoría saben ya que cuando algo se les cae o se lo escondemos está en alguna parte y lo buscan pese a no verlo, imitan gestos (adiós, los “cinco lobitos”) y muchos incluso colaboran vistiéndose o desvistiéndose (levantando los brazos cuando toca o haciendo fuerza para meter las mangas).
Algunos empiezan a decir mamá o papá con sentido, aunque la mayoría de los bebés no lo harán hasta más adelante.
Empiezan a entender un poco de qué va el tema de las prohibiciones y nos lo demuestran poniendo caras de “me hablas diferente a otras veces” o llorando si no pueden hacer aquello que quieren.
Lo más habitual es que después de un “esto no se hace” sigan haciéndolo. Como padres debemos comprender que la capacidad de pensar las consecuencias de los actos a esta edad es limitadísima (por no decir nula), que entienden sólo algunas cosas de las que les decimos y que son poco capaces de memorizar normas y por lo tanto de interiorizarlas.
Con esto quiero decir que lo más habitual es que no nos hagan demasiado caso pese a que repitamos las cosas varias veces.
El consejo es seguir haciéndolo (seguir dando nuestra versión de los hechos), tener mucha paciencia y tratar de desviar la atención de nuestro hijo hacia otra cosa cuando está a punto de hacer (o está haciendo) algo que no queremos que haga.
Desarrollo corporal a los once meses de edad
A esta edad la mayoría de bebés que reptaban ya gatean, los que gateaban ya se levantan con ayuda de las manos de papá y mamá o apoyados en muebles o paredes y los que ya se levantaban se atreven incluso a echar algún paso sin apoyo (los menos).
Es increíble ver la velocidad que cogen gateando y cómo sortean los obstáculos. Muchos incluso se paran, se sientan, juegan a algo y vuelven de nuevo al gateo para llegar a un nuevo destino.
Como las cabras…
En el momento en que consiguen ponerse de pie descubren un mundo a 75 cm del suelo muy diferente al que observan cuando están sentados o gatean.
Cajones, mesas de centro, sillas, muebles bajos, reproductores de DVD, mandos a distancia, móviles, sofás, etc… son parte de las novedades que descubren y que les encantan.
Muchas veces pierden incluso el norte cogiendo cosas con las dos manos para tocarlas, quedándose de pie hasta que caen o se dan cuenta de que están de pie sin apoyo.
Esto, sumado al ansia por tocarlo todo, hace que sea la etapa en la que muchos padres (me incluyo), decimos, cariñosamente, que están “como las cabras”.
Sus ojos y su cabeza van por delante de sus posibilidades y, literalmente, se tiran a por lo que les gusta o quieren en ese momento. Te quitan la comida del plato, te agarran el cepillo de dientes (como veis hago muchas cosas con mi hijo en brazos), te abren los cajones, meten la cabeza en la lavadora y se pasan un buen rato descubriendo ese micro mundo cerrado metálico llamado tambor y se meten en los armarios que abres y te hacen el inventario (“esto, fuera, esto, fuera, esto, también fuera”), entre otras cosas.
Es una etapa dura para los padres desde el punto de vista físico, porque ellos son capaces de ponerse de pie con el peligro que ello conlleva y nosotros debemos convertirnos en su seguro de vida, su escalera para ver lo que quieren ver en las alturas, sus pies para llegar allí donde sus ojos lo hacen y sus cuerpecitos no y sus brazos para ayudarles a sostener aquello que sólo pueden agarrar unos momentos.
Sin embargo es una etapa mágica, porque empieza a conformarse su carácter, porque te sonríen antes de hacer algo “sospechoso” y porque te das cuenta de que el bebé que hace once meses se acurrucaba en tus brazos es ahora una personita con muchas capacidades.
Fotos | Flickr (Tela Chhe), Flickr (Sugar Pond), Flickr (elvissa) En Bebés y más | Calendario del bebé