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Acariciar, abrazar y hablarle al bebé prematuro es clave para mejorar su desarrollo
Recién nacido

Acariciar, abrazar y hablarle al bebé prematuro es clave para mejorar su desarrollo

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Cada año nacen el mundo quince millones de bebés prematuros, lo que significa que uno de cada diez bebés nacen antes de la semana 37 de gestación. Cada vez son mayores los esfuerzos por mejorar la calidad de vida de los bebés prematuros, así como ayudar a su recuperación durante su estancia en la UCI hasta que estén listos para irse a casa.

Los avances médicos hacen posible que cada vez más prematuros logren salir adelante con las menores secuelas posibles. Sin embargo, la permanencia en cuidados intensivos no es la sensación más agradable para un bebé que además de los cuidados médicos necesita también sentir que lo acarician, lo abrazan y le hablan para lograr salir adelante.

Tipos de prematuros

El nacimiento prematuro es la principal causa de mortalidad entre los recién nacidos durante las primeras cuatro semanas de vida, y la segunda causa de muerte entre los niños menores de cinco años, después de la neumonía.

Prematuro

Según la semana en la que han nacido los bebés prematuros, se clasifican en:

  • Prematuros moderados o tardíos: nacidos entre la semana 32 y 37 de gestación. Representan más del 80% de los prematuros y la mayoría sobrevive con una adecuada atención.

  • Muy prematuros: nacidos entre la semanas 28 y 32 de gestación: necesitan una atención de apoyo adicional. La mayoría sobrevive.

  • Prematuros extremos: nacidos antes de las 28 semanas de gestación. Requieren la atención más intensiva para sobrevivir. En los países desarrollados, la supervivencia de estos niños es cada vez mayor y con menores consecuencias. Tienen un 90 por ciento de posibilidades de supervivencia, aunque pueden sufrir discapacidades física, neurológicas y de aprendizaje. En países de bajos ingresos, sólo el 10 por ciento sobrevive.

Tocar y abrazar al bebé prematuro

El contacto físico es una necesidad básica del recién nacido, incluso, y aún más si cabe del nacido antes de término. Nacer prematuro implica que cuando el bebé debería estar calentito dentro del útero materno mientras sus órganos se desarrollan, por "equis" circunstancias, ha llegado al mundo antes de tiempo. Ahora tiene que seguir desarrollándose de forma "artificial" por sus propios medios con la ayuda de las máquinas a las que permanece conectado.

Gracias a las incubadoras y a las máquinas cada vez más prematuros logran salir adelante, pero la necesidad de contacto humano sólo puede ser satisfecha a través de las caricias y los abrazos.

Prematuro

Estar en brazos no solamente los hacen sentirse confortados y seguros, sino que necesitan sentir que los tocan para mejorar también su desarrollo cerebral. Una investigación llevada a cabo por especialistas de Estados Unidos y publicada en la revista "Current Biology" asegura que proporcionar sensaciones táctiles agradables a los bebés permite un mejor desarrollo cerebral.

Estas sensaciones agradables les permiten contrarrestar el dolor físico que sufren a consecuencia de los pinchazos y de otras intervenciones médicas durante su estancia en la UCI.

Método Canguro

Afortunadamente, cada vez son más los hospitales concienciados con la importancia de que los padres permanezcan las 24 horas del día junto a sus bebés. Esta cercanía permite que tanto la madre como el padre, o incluso un hermano, puedan practicar el Método Canguro con el bebé, colocándolo piel con piel sobre su pecho.

Está comprobado que este método repercute eficazmente en la regulación de la temperatura, el control de la respiración, y favorece la lactancia materna, entre otros beneficios. Además de fortalecer el vínculo afectivo con el bebé, dándole mayor seguridad a la madre acerca de su cuidado.

Hablarle al bebé prematuro

Abrazarlo, acariciarlo a la vez que se le habla en tono suave, cantándole canciones o contándole cuentos, aunque creamos que no puede escucharnos, hace que el bebé se sienta seguro y protegido, además de ser beneficioso para su desarrollo.

Estudios realizados con bebés prematuros demuestran que el cerebro de los pequeños responde a los estímulos sonoros de sus padres, y que incluso son capaces de producir sonidos si los padres les hablan con frecuencia.

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