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"Sueño con volver a abrazar a mi niño": la difícil situación de los sanitarios -y otros profesionales- y sus hijos durante la pandemia

"Sueño con volver a abrazar a mi niño": la difícil situación de los sanitarios -y otros profesionales- y sus hijos durante la pandemia
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En la crisis del COVID-19, la labor de los sanitarios y personal que trabaja en hospitales está siendo vital. Todos lo sabemos, y por eso cada tarde salimos a las terrazas y les dedicamos un sentido aplauso. Pero aunque somos conscientes de su esfuerzo y dedicación, quizá no nos hayamos parado a pensar en cómo están viviendo sus hijos estos delicados momentos.

Y es que detrás de cada sanitario, auxiliar o celador se esconde una historia familiar a veces complicada y plagada de sacrificios. Una historia en donde sus hijos son los protagonistas secundarios de una película que en la mayoría de las ocasiones no entienden, y que les ha obligado a crecer de golpe.

Hemos hablado con cinco profesionales de distintos ámbitos dentro del sector hospitalario. Cinco historias que nos hacen reflexionar y aplaudir aún con más fuerza el trabajo que están haciendo por los demás.

Tania, sanitaria en una UVI móvil: "Sueño con el momento de volver a abrazar a mi hijo"

Tania trabaja en Soria en una UVI móvil. Hace guardias de 24 horas, asiste en domicilios a enfermos de COVID, atiende emergencias en vía pública y ayuda en residencias de ancianos. Admite que lleva tiempo sin dormir más de tres horas seguidas y que la situación empieza a pasar factura a muchos compañeros.

Pero lo que peor lleva es el aislamiento voluntario al que ha decidido someterse para no contagiar a su pareja y a hijo de 11 años:

"Por el tipo de trabajo que tengo estoy muy expuesta, así que he decidido aislarme para no poner en riesgo a mi familia. Estoy en casa con ellos, pero duermo en una habitación sola, tengo un cuarto de baño exclusivamente para mí y como en otro horario diferente. El único momento al día que comparto con mi hijo es el paseo"

"Ambos llevamos mal vernos pero no poder estar juntos ni abrazarnos. Así que lo hemos solucionado con el truco de los muñecos de peluche. Cuando quiero abrazar a mi hijo, abrazo a un koala de peluche y él hace lo mismo con un oso que tiene desde bebé. Aún así, es difícil para un niño entender esta situación, y a veces me dice que tiene un peso en el pecho que le aprieta y le hace llorar"

"En una ocasión tuve que ir a IFEMA y comenté a mi familia que no sabía cuándo regresaría. Él entendió que no iba a volver más a casa y lloró de forma desconsolada, reprochándome el que no hubiera contado con él para tomar esa decisión"

"Son tiempos difíciles, y sueño con el momento de volver a abrazarlo de nuevo y comérmelo a besos"

Rubén, enfermero de urgencias: "A veces tengo que cortar la videollamada para no llorar delante de mi hija"

coronavirus

Rubén es enfermero en Málaga, y trabaja en una ambulancia y en el servicio de urgencias de un hospital. Su mujer también es enfermera, y antes de la crisis sanitaria, viendo el cariz que estaban tomando los acontecimientos, tomaron la decisión de irse a vivir separados para proteger la salud de su hija de dos años:

"Tomamos esta decisión por dos motivos: por un lado, al trabajar yo en dos sitios diferentes estaba demasiado expuesto y temía llevar el virus a casa y contagiarlas. Pero además, como somos los dos enfermeros teníamos miedo de caer a la vez, o de que si alguno de nosotros caía y tenía que aislarse nuestra hija acusara especialmente la situación"

"Por eso, antes de que empezara todo decidí quedarme en nuestra casa a vivir solo, mientras que mi mujer y mi hija se marcharon a la casa de los abuelos, con quienes llevan conviviendo desde el principio. Mi mujer tiene reducción de jornada y cuando le toca trabajar, la niña se queda perfectamente atendida por los abuelos."

Si ya de por sí la situación es muy complicada para cualquier profesional que esté trabajando en primera línea, para Rubén lo es especialmente, pues estar alejado de su mujer y su hija está siendo una prueba muy dura:

"Mi carga de trabajo ha aumentado mucho y aguanto como puedo. Pero sin duda, lo que me da fuerzas y me anima a seguir es saber que estando separados las estoy protegiendo, aunque haya veces que tenga que cortar las videollamadas por no llorar delante de ellas"

"Mi hija entiende todo lo que está ocurriendo y lo lleva bastante bien, pero eso no quita que me eche de menos y que incluso me haya llegado a decir que quiere venir al hospital para estar conmigo"

"Ya me han hecho tres tests que han confirmado que soy negativo. La semana que viene es mi cumpleaños, así que si todo sigue bien espero poder celebrarlo con mi hija".

Nuria, enfermera de UCI pediátrica: "Mi hija pequeña se da cuenta de que en casa no hay la misma normalidad que había antes"

Nuria es madre de tres hijos y enfermera en una Unidad de Cuidados Intensivos Pediátrica de un hospital de Madrid. Sus hijos no están llevando especialmente bien esta situación, cada uno por un motivo bien distinto:

"Mi hija mayor tiene un carácter muy sensible y a sus diez años entiende perfectamente todo lo que está ocurriendo. Sus emociones son como una montaña rusa, y a menudo manifiesta miedo y tristeza. Está muy preocupada por mí, pero también por el resto de las personas, y a veces me pregunta cuánta gente ha muerto a causa del coronavirus. Me cuida mucho y me intenta proteger".

"Mi hijo mediano es un niño muy deportista y activo, y de un día para otro se quedó sin eso. Hemos tenido que ayudarle a canalizar toda esa energía que lleva dentro, pero no es fácil; especialmente cuando llego agotada después de una dura jornada de trabajo y la paciencia está al límite"

"Pero la que peor lo está llevando es mi hija pequeña, de cinco años. Está acusando mucho la situación, me echa de menos y percibe que en casa no hay la misma normalidad que había antes. A menudo se queda llorando cuando me voy a trabajar, y cuando regreso y le digo que no podemos abrazarnos hasta que me cambie de ropa y me duche, se pone a llorar de nuevo"

Nuria confiesa que cada vez que sale de casa rumbo al hospital siente miedo: "yo no temo contagiarme, pero sí tengo miedo de poder llevar el virus a casa y contagiar a mis hijos". Por eso adopta todas las medidas preventivas que están en su mano:

"Cuando llego a casa me desnudo en la puerta, meto mi ropa en una bolsa de plástico y la llevo directamente a la lavadora. Yo me voy a la ducha, y hasta que no estoy limpia no me reúno con mis hijos y mi marido. A pesar de todo, mi marido y yo hemos decidido distanciarnos al máximo, porque temo estar incubando el virus y contagiarle. Así que dormimos en habitaciones separadas y no tenemos contacto físico"

"Aún así me siento muy afortunada porque a pesar de estas difíciles medidas que hemos decidido adoptar, podemos estar todos juntos en casa. Tengo compañeras, cuyas parejas también son sanitarios, que han tenido que mandar a sus hijos a vivir con algún familiar y llevan 50 días sin verlos. Eso es muy duro. Por suerte nosotros no vivimos esa situación, pero hemos de extremar al máximo las medidas porque si mi marido y yo enfermamos a la vez no tendríamos quien se ocupara de nuestros hijos"

Sara, auxiliar de enfermería: "No quiero que mi hijo de cuatro años coja miedo a estar conmigo"

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Sara trabaja como auxiliar de enfermería en un hospital de Segovia. Su situación es admirable, pues a pesar de tener diabetes tipo 2 y ser población de riesgo en caso de enfermar de coronavirus, en ningún momento se ha planteado dejar de trabajar:

"Debido a mi enfermedad crónica podría haberme quedado en casa, pero trabajo por pura vocación y es muy gratificante poder ayudar a la gente, sobre todo en estos delicados momentos que estamos viviendo. En cualquier caso, eso no quita que en ocasiones haya llegado a sentir mucho miedo. Cuando estudiamos para poder ejercer esta profesión, no se nos prepara psicológicamente para afrontar una pandemia"

La pareja de Sara es autónomo y ahora mismo trabaja desde casa. Esa flexibilidad les permite ocuparse sin problemas de su hijo de cuatro años y medio; un niño que a pesar de su corta edad, es plenamente consciente de lo que está ocurriendo:

"Mi hijo sabe que trabajo en un hospital y que estoy en contacto con personas enfermas. Sabe que estamos en una situación de emergencia y que el coronavirus hace que muchas personas se pongan especialmente malitas"

"Pero a pesar de todo ello, en casa vivimos exactamente igual que hace dos meses. Es decir, en ningún momento he querido transmitirle mis preocupaciones; no le quiero frustrar, entristecer o que coja miedo de estar conmigo"

"Yo hago todo lo que está en mi mano por evitar el contagio, e incluso me ducho en el hospital antes de meterme en mi coche. Pero cuando llego a casa sigo haciendo con él lo mismo de siempre: jugamos juntos, nos abrazamos, nos besamos y dormimos juntos"

Bárbara, administrativa de hospital: "Mi hijo está llevando mal el confinamiento, y lo que menos querría es transmitirle, además, mis miedos"

Con el testimonio de Bárbara queremos también reconocer la labor de todos esos profesionales no sanitarios que lo están dando todo en los hospitales, como celadores, personal administrativo, de limpieza, de cocina... Ellos también tienen una historia en medio de esta pandemia.

Bárbara es administrativa en el área de oncología de un gran hospital de Madrid, y aunque ha vivido momentos muy duros, jamás ha perdido la sonrisa y las ganas de ayudar a los demás:

"Los pacientes que atiendo son especialmente vulnerables. La mayoría llegan asustados, tristes y con mucho miedo, así que siempre hago todo lo que está en mi mano por ayudarles: una sonrisa amable, una mano en su hombro, una caricia, unas palabras bonitas... Ellos lo agradecen y para mí es muy gratificante"

"Esta situación nos ha obligado a distanciarnos los unos de los otros, a usar mascarilla, guantes, pantallas protectoras, hablar con la máxima separación... El trato con el paciente es mucho más frío ahora, así que toca esforzarse para llegar a ellos a través de una simple mirada"

Bárbara admite que no tiene miedo de contagiare, pero sí de poder contagiar a su marido y a su hijo de seis años. A pesar de todo ha optado por mantener la máxima normalidad en casa, con el objetivo de que su hijo sufra lo menos posible:

"Mi hijo está diagnosticado de TDH y esta situación está siendo muy difícil para él. Tanto el confinamiento como el hecho de haber abandonado sus rutinas le están pasando factura, así que lo que menos quiero es que además sienta miedo por mí y mi trabajo".

"En cuanto llego a casa me quito los zapatos y los desinfecto, lavo mi uniforme y me voy a la ducha. Tampoco hablo con mi marido de trabajo delante del niño, y no vemos informativos en casa. Pero salvo estas medidas, y el hecho de limpiar más de lo habitual, nada ha cambiado. Sigo jugando con mi niño como lo hacía antes, haciendo las tareas escolares con él y disfrutando de las mismas actividades.

"No puedo permitirme sentir miedo porque se que eso no ayudaría a mi hijo, y porque además, no quiero que el miedo me impida seguir haciendo mi trabajo con la máxima sensibilidad y humanidad"

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