Cómo piensan los niños de cuatro años cuando preguntan “por qué” sin parar

Detrás de esas maravillosas preguntan de los niños, hay un interesantísimo pensamiento: aquí te lo contamos

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Laura Ruiz Mitjana

Colaboradora
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Laura Ruiz Mitjana

Colaboradora

Desde que tenemos memoria, recordamos haber escuchado muchas veces eso de “¿por qué?”. Si tienes un hijo o hija de unos 4 años, seguro que te suena: los “porqués” no cesan. Pero ¿qué hay detrás de esas preguntas repetidas? ¿Qué tipo de pensamiento están revelando? 

Y lo más importante: ¿cómo responde eso a su desarrollo cognitivo y emocional? En este artículo vamos a hablar de todo esto a través de un estudio clásico que explora esas preguntas.

Índice de Contenidos (10)

Niños que preguntan "por qué": un estudio

En este estudio los autores analizaron dos conjuntos de datos:

  1. Conversaciones naturales de niños de entre 2 y 4 años con adultos (padres, familiares).
  2. Experimentos con niños de 3 a 5 años donde se les presentaba algo sorprendente (libros, vídeos, objetos) y luego se respondía a sus preguntas con explicaciones causales (“porque…”), o con respuestas que no eran verdaderas explicaciones (no explicaban causa o eran vagas). 

Se observó que los niños reaccionaban de forma distinta dependiendo del tipo de respuesta:

  • Si la respuesta era una explicación causal, el niño solía aceptar, asentir o hacer una pregunta de seguimiento sobre el mismo tema.
  • Si la respuesta no satisfacía su curiosidad (no explicaba la causa, era vaga), entonces el niño volvía a preguntar lo mismo o intentaba construir su propia explicación

Cómo piensan los niños de cuatro años cuando preguntan “por qué” sin parar

Basándonos en ese estudio, esto es lo que podemos deducir de cómo piensan los niños de esa edad cuando están en modo “por qué”:

1) Buscan activamente la causalidad

No lo hacen solo para molestar o llamar atención: están intentando averiguar relaciones de causa y efecto. Quieren entender por qué algo pasa, no meramente “qué pasa”. El niño de 4 años ya asume que existe una respuesta posible, aunque aún no la sepa.

2) Evalúan la calidad del conocimiento que reciben

No aceptan cualquier respuesta. Si la respuesta no les explica la causa, la rechazan, la revisitan. Intentan “probar” las respuestas, contrastarlas con lo que conocen o han visto. Esto muestra que ya tienen expectativas sobre cómo debe ser una explicación: clara, causal, coherente.

3) Reconstruyen con explicaciones propias

Cuando no reciben lo que consideran suficiente, no solo se quedan callados: muchas veces formulan su propia versión de la explicación, lo que muestra un pensamiento hipotético

Por ejemplo, si preguntan “¿Por qué el cielo es azul?” y reciben algo poco claro, podrían decir: “¿Porque las nubes lo reflejan?” u otra idea, a pesar de que no sea científicamente exacta, pero significativa para ellos.

4) Persisten hasta entender

Esa repetición de preguntas o los “¿pero por qué de eso?” no es capricho: es un mecanismo cognitivo para cerrar un hueco en su conocimiento. Necesitan sentirse seguros de lo que entienden, y si no lo hacen, vuelven a preguntar.

Un ejemplo: así funciona la mente infantil

Imagínate que estás en casa jugando con plastilina y tu peque observa cómo la masa se estira. Te pregunta: “¿Por qué la plastilina se alarga cuando la estiro?” Tú contestas: “Porque está blanda.” Él o ella lo escucha, frunce el ceño y vuelve a preguntar: “¿Pero por qué está blanda?” 

Quizás intentas decir algo sobre el calor de las manos o la elasticidad, pero si usas una explicación vaga (“porque mis manos la calientan un poco”) quizá digan: “¿Pero por qué eso la hace blanda?” Otra vez. Eso no es molestia, es pensamiento poniéndose a trabajar.

Qué nos dicen estos “porqués”

  • El niño está construyendo teorías propias. A los 4 años, no solo absorbe lo que oye, sino que compara, rechaza, reformula. Su cerebro está formando modelos mentales de “cómo funcionan las cosas”.
  • Necesita explicaciones causales adecuadas. No basta con decir “porque sí” ni meramente describir lo que sucede. Para que se sienta satisfecho, deben explicarse causas, razones. Y en la medida de lo posible con un nivel de detalle que sea comprensible para su edad.
  • La importancia de la respuesta corporal. No solo lo verbal: gestos, mostrar lo que implican las razones, hacer experimentos caseros, observar juntos ayuda a que la explicación sea “real” para ellos.
  • La emocionalidad también importa. Cada repetición puede traer frustración, tanto para el niño como para el adulto. Si el adulto se irrita o responde con impaciencia, el niño podría sentirse incomprendido. Eso afecta la relación y también la disposición a seguir preguntando.

Dentro de lo que sienten y piensan ellos

Cuando un niño de 4 años pregunta “por qué” una y otra vez, lo que vive es una mezcla preciosa de asombro, inseguridad y esperanza, de ver el mundo como algo mágico pero también lógico. Tiene el deseo de sentirse comprendido, de que le hablen con verdad, de que lo que ve tenga sentido. 

También puede experimentar alivio cuando recibe una respuesta que le permite “cerrar” la pregunta, aunque sea provisoriamente. Pero si constantemente recibe respuestas vagas, podría sentir como si no importara lo que piensa, como si no estuvieran escuchando de verdad.

Cuando los niños preguntan “por qué” una y otra vez viven una mezcla preciosa de asombro, inseguridad y esperanza, de ver el mundo como algo mágico pero también lógico.

Preguntar a todas horas: una ventana a su crecimiento

Los niños de cuatro años no preguntan “por qué” sin parar por gusto o para irritar: están explorando, construyendo, evaluando. Su mente está trabajando, haciendo conexiones, buscando causalidad, rechazando lo que no les sirve, persistiendo para entender. 

Para nosotros, los adultos, ese “modo por qué” no es una fase a aguantar, sino una ventana maravillosa para acompañarlos en su crecimiento intelectual y emocional. 

Foto | Portada (Freepik) Freepik)

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