Los tres cerebros del niño: cómo y cuándo madura cada uno de ellos y por qué debemos atender sus respectivas necesidades

Los tres cerebros del niño: cómo y cuándo madura cada uno de ellos y por qué debemos atender sus respectivas necesidades
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Por lo general, los adultos sabemos que el cerebro del bebé y del niño no es como el nuestro, pero en la práctica no tenemos en cuenta sus particularidades, y actuamos sin ser conscientes de estas diferencias, pues acabamos interpretando la reacción de nuestros hijos desde nuestro cerebro adulto y racional.

Pero es fundamental comprender cómo funciona el cerebro del niño con el fin de educar acorde a ello, pues de nuestra actuación en sus primeros años de vida dependerá su correcto desarrollo emocional en la etapa adulta. Ana Asensio, Psicóloga y doctora en Neurociencia, y autora de la web Vidas en Positivo, nos da las claves para ello.

El cerebro se va configurando gracias a la experiencia

El cerebro es un órgano sensible que responde a la estimulación y se va configurando gracias a nuestra experiencia en el entorno. Nuestro cerebro es el resultado de nuestra genética y la estimulación que viene dada por la interacción con el mundo que nos rodea.

Desde que el niño nace comienzan a formarse las consexiones neuronales por estimulación y relación con el entorno. Es muy importante ayudar a los niños a establecer conexiones neuronales útiles para el desarrollo de su vida.

Pero en el cerebro no solo existe conexión entre las neuronas, sino también entre las diferentes áreas cerebrales: parte motora, parte de integración sensorial, parte de integración visual... es decir el cerebro está permanentemente interconectado.

Por todo ello, los primeros años de vida son muy importantes para el desarrollo cerebral, pues es cuando comienzan las primeras rutas neuronales de estimulación y de aprendizaje. Es decir, lo que el niño vive y aprende será su experiencia hasta que venga otra.

Los tres cerebros del niño

El cerebro está compuesto por tres grandes estructuras a las que se les llama "los tres cerebros". Niños y adultos lo tenemos igual, pero vamos a centrarnos en explicar cómo funcionan estos "tres cerebros" en el caso de los niños y cuándo maduran, para así entender muchos de sus comportamientos:

Cerebro primitivo

cerebro del bebé

Todos nacemos con el cerebro primitivo en marcha, pues es el encargado de la protección y seguridad, la nutrición, la regulación de la temperatura corporal, el descanso-sueño, la reproducción...

Pero las necesidades fisiológicas del bebé son muy diferentes a las del adulto (se podría decir que son más primitivas), ya que existe menos regulación y capacidad de espera. Por eso, hasta los dos años aproximadamente, los niños no entenderán el concepto de "espera" y sus necesidades deben ser satisfechas de manera inmediata.

Por todo ello, frases adultas como "llora por vicio", "llora para llamar la atención", "te está manipulando" y similares, dibujan a los bebés como personas capaces de razonar y con la habilidad de manejar a sus padres a su antojo, cuando la realidad es que su cerebro es tan inmaduro que sus actos son puramente instintivos.

Cerebro emocional

cerebro emocional

El cerebro emocional se forma un poco antes de los dos años y se sigue formando durante el resto de la vida. Es el encargado de la memoria, así como de generar emociones que el cerebro humano o racional (que veremos a continuación) deberá aprender a controlar.

Como acabamos de ver, es imposible aplicar el concepto de "espera" antes de los dos años de vida del niño, pero a partir de este momento sí debemos ir enseñándoselo poco a poco y siempre desde el acompañamiento, aceptando las rabietas y las frustraciones como parte de su evolución.

A medida que el niño va creciendo, su cerebro se irá haciendo cada vez más asociativo, y comenzará a unir ciertos momentos del día a la llegada del baño, la hora de comer o de dormir. Poco a poco, esas asociaciones se irán haciendo más sofisticadas.

Las rutinas en los niños son muy importantes, pues les ayudan a entender qué se espera de ellos y a regular mejor su conducta. Si desde que son pequeños llevamos con ellos rutinas básicas de manera consistente, el niño acabará asimilando esa rutina como una actitud, y posteriormente como una forma de estar en el mundo.

Cuando los niños son muy pequeños la mejor forma de comunicarnos con ellos es mediante el cerebro primitivo. Pero a partir de los 18-24 meses, esta forma de comunicación cambia y debemos hacerla más empática y emocional, apoyándonos en gestos, miradas, abrazos, besos, tono de nuestra voz... Las explicaciones racionales no tendrán sentido hasta más adelante.

Cerebro racional

cerebro del niño

El cerebro racional se forma cuando aparece el lenguaje, el pensamiento abstracto y otras capacidades. Comienza entorno a los cuatro años y se va formando durante el resto de la vida. Es el cerebro encargado de la creatividad, la lógica, la planificación, el razonamiento, la evaluación, el pensamiento, la lectura y escritura, el aprendizaje de conceptos racionales...

Llegados a este punto, y al igual que hablábamos anteriormente de la importancia de enseñar a los niños unas rutinas, a partir de esta edad debemos comenzar a hablarles de los cambios, pues es importante que su cerebro desarrolle una cierta flexibilidad para lograr entender y adaptarse a las diferentes circunstancias y cambios que a veces trae la vida.

Por otro lado, y aunque el cerebro racional es el encargado de la lógica (entre otras muchas cosas), hay que saber que cuando el niño es pequeño se rige por la lógica física, y no por la social. Por ello, muchas de las cosas que ocurren a su alrededor no las entienden (por ejemplo, el divorcio de unos padres, las injusticias del mundo, la muerte...), ya que para ello se requiere de una mayor maduración cerebral y un alto nivel de abstracción que irán adquiriendo con el tiempo.

Lo que sí destaca especialmente del cerebro racional del niño, en comparación con el cerebro racional del adulto es su curiosidad innata y creatividad. A esta edad, la imaginación de los niños está en todo su esplendor, por lo que es fundamental potenciar al máximo este cerebro creativo, permitiéndoles experimentar y jugar de manera libre.

A ojos del adulto, muchas de estas experimentaciones pueden parecer "malas conductas". Pero si somos capaces de entender las peculiaridades del cerebro del niño, seremos capaces de ver en sus experimentos una forma de querer saber más, de interesarse por el mundo que le rodea y de explorar su entorno. Es cierto que a esta edad aún no son conscientes del peligro, pero con el tiempo irán anticipando las consecuencias de actuar de una determinada forma u otra.

Los tres cerebros deben interactuar

cerebro del niño
Los seis primeros años de vida conforman la etapa en la que el cerebro humano se desarrolla en mayor parte, siendo por tanto el momento más crítico o sensible, tanto para bien como para mal.

El tipo de crianza que ofrezcamos y nuestras respuestas ante sus acciones y reacciones (que en sus primeros años de vida estarán guiadas por los cerebros primitivo y emocional) influirán en su manera de aprender a utilizar el cerebro racional.

Cuanto más comprensivos seamos y más les ayudemos a gestionar sus emociones, mejor aprenderán ellos a autogestionarse y a madurar de forma saludable. Cuanto más daño les hagamos en forma de agresión física o verbal, abandono o ignorándoles, más podemos dañar su autoestima y su cerebro emocional, repercutiendo negativamente también en el racional.

Fotos | iStock

Agradecimientos | Ana Asensio, autora de Vidas en Positivo

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