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Mikel tiene nueve años y quiere jugar al fútbol, pero su equipo no le deja porque es autista

Mikel tiene nueve años y quiere jugar al fútbol, pero su equipo no le deja porque es autista
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El autismo es duro para el niño que lo sufre y para su familia. Las relaciones sociales no son el punto fuerte de estos pequeños y los padres se esfuerzan porque no se sientan aislados ni les traten como enfermos, y que lleven una vida autónoma, lo mas similar al resto de sus compañeros de clase.

Así al menos es como lo viven mi sobrina y sus padres. Por eso, llegan al corazón las desgarradoras palabras de Zuriñe en Facebook, hablando de su hijo Mikel y de cómo su equipo de fútbol base, le niega la oportunidad de jugar partidos. ¡Y hablamos de niños de nueve años!

¿No se supone que el deporte infantil debe ser juego, aprendizaje y diversión? Entonces, ¿por qué el Club Deportivo Betoño, de Vitoria, da ejemplo de competición y rivalidad?

El autismo es un trastorno que conozco muy de cerca. Mi sobrina tiene Asperger, un tipo específico de Trastornos del Espectro del Autismo (TEA). Y durante años he estado viendo como su madre luchaba para que no la trataran como enferma (porque no lo es) y la dejaran desarrollar todo su potencial, que es mucho. Es muy inteligente, aunque quizás no al mismo nivel de los protagonistas de The Big Bang Theory o "The Good Doctor". Pero ellos solo son personajes de ficción.

Su único problema es a la hora de relacionarse con otros niños de su edad: no suelen encajar y les ven como "bichos raros", y más si también los adultos refuerzan esta idea.

Por eso me solidaricé de inmediato con Zuriñe y su hijo Mikel. En su muro de Facebook se leen frases tan desgarradoras como:

"Su objetivo: poder jugar un partido (como los demás), no habiendo faltado a un solo entrenamiento durante un año en un Club, sin jugar los sábados y sin perder su sonrisa".

Se decide este año "darle la oportunidad" de jugarlo. No lo hace peor que los demás....soy testigo directo, no me lo han contado.

Sin embargo, explica que le llegó un whatsapp del coordinador del Club Deportivo Betoño diciendo que "han decidido que siga entrenando pero que no puede jugar partidos".

Y a pesar de los intentos de la familia por lograr que el club cambiara de opinión, ha sido imposible. Porque ese único partido jugado por Mikel era, según el club "un regalo exclusivo de un día".

Así que cuando Zuriñe le cuenta a su hijo lo qué ocurre:

"lloró de una manera que nadie mínimanente humano puede soportar. Preguntándonos qué ha hecho tan Mal (nada!), asegurando que se ha esforzado al máximo (como el que más!), si ha faltado al respeto a alguien, o si es un maníaco y por eso no le quieren...".

Fomentar el deporte entre los niños

Niños jugando al fútbol

Insistimos en la necesidad de que nuestros hijos hagan deporte desde pequeños, ya que el ejercicio tienen muchos beneficios para ellos, y no solo para su salud. Y mejor aún en equipo, porque los niños aprenden a trabajar juntos por un objetivo, a respetar a los compañeros, a asumir los éxitos y los fracasos...

Por eso, rechazamos enérgicamente las acciones de esos padres "hooligans" que gritan en los partidos a sus hijos o se enfrentan a entrenadores y árbitros llegando incluso a las manos. ¡Algo muy frecuente en los partidos de fútbol, incluso de niños muy pequeños!

Y aplaudimos las iniciativas de los clubes que persiguen terminar con estos comportamientos que condicionan a los pequeños y no les dejan disfrutar de lo que les gusta: jugar al fútbol.

Por eso, también hay que mostrar nuestra oposición al afán de competitividad que fomentan algunos clubes entre los niños, trabajando con los que consiguen victorias y relegando al olvido a los que son "más torpes".

¿Qué lección recibe un niño que se pasa en el banquillo la mayor parte de los partidos? Un bajón de autoestima increíble porque no solo se ve como un inútil jugando sino que además se siente desplazado del equipo, porque los demás compañeros sí forman parte activa, así que cuando al fin sale a jugar, no le pasan la pelota ¡porque es muy malo! Y si se la pasan, falla porque no confía en su capacidad.

En el caso de mi hijo, era la bola la que no le llegaba en un club de hockey hierba en el que se pasó cuatro años, viviendo un deporte que le encantaba y no perdiéndose ningún entrenamiento ni partido. Lo que significaba que tampoco su madre podía faltar, porque los padres siempre estamos a su lado. Terminó abandonando. ¿Eso es fomentar el deporte?

Así que es lógico que Mikel se sienta desconsolado, porque no entiende que le prohiban jugar como el niño que es en un equipo. Y que su madre, Zuriñe, demuestre su enfado. Porque esta no es la educación que queremos dar a nuestros hijos.

Fotos | iStock
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