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Así se beneficiarían bebés y niños si desaparece el cambio de hora

Así se beneficiarían bebés y niños si desaparece el cambio de hora
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La Comisión Europea ha propuesto que se deje de aplicar el cambio de hora antes del verano y del invierno en los 70 Estados que hoy lo hacemos. Esta recomendación se realiza tras conocerse los resultados de un informe sobre los efectos que tiene en el ahorro de energía y en la salud de las personas, y una consulta pública que ha revelado que el 93 por ciento de los españoles estamos en contra de ajustar el reloj dos veces al año. Un 84 por ciento del resto de los europeos piensan igual que nosotros.

Aunque el cambio de hora nos afecta a todos, la no modificación de la hora supondría un alivio para los bebés y los niños, que junto a las personas mayores, son el grupo de edad más sensibles a los cambios.

El argumento para variar la hora: ahorro energético

Relojes de diferentes colores

Está claro que la salud no es una razón a favor del cambio horario. El debate sobre si compensa o no cambiar la hora para ahorrar energía viene de largo, aunque la ciencia no ha sido capaz de zanjarlo por completo.

Las explicaciones que antes abalaban el ahorro energético, parecen haberse quedado obsoletas y no quedan demostradas. Un estudio (California, EE.UU.) de la Universidad de Berkley demostró que el ahorro de electricidad por la noche se compensaba con la demanda creciente de energía por la mañana.

Alteraciones en el sueño y la alimentación, irritabilidad o cansancio

Estas son algunas de las consecuencias que el cambio de hora provoca en los más pequeños, según comenta la AEP.

“El reloj biológico de los niños puede tardar en ajustarse entre tres y siete días, provocando alteraciones en la vigilia del sueño, desorden del apetito, enfados, irritabilidad, desánimos, problemas de atención o pequeñas alteraciones del ritmo cardiovascular”.

Y acostarles antes tampoco es una buena solución, según la AEP.

“Los menores obligados a irse a la cama más temprano pueden manifestar problemas para conciliar el sueño por la presencia de luz solar, lo que ocasiona un déficit de horas de sueño y, a su vez, influye negativamente en el aprovechamiento escolar, la puntualidad, la asistencia y en el nivel de atención”.

¿Por qué nos trastorna?

Bebé durmiendo

El organismo tiene un regulador horario que está en el centro del cerebro y que se regula mediante la luz solar y los estímulos del entorno como los horarios de alimentación y de actividad física. Este reloj central interno ajusta un ciclo diario que afecta a los niveles de las hormonas y a todo nuestro cuerpo, explica la AEP.

Por eso, cuando cambia el ritmo de la luz externa o el ritmo de las tareas, puede desorientarse y eso es lo que le ocurre con los cambios horarios.

En el caso de los lactantes, su reloj central interno está operativo a partir de los 5-6 meses de edad, y se regula a través de la lactancia materna, ya que por la noche la leche materna tiene una mayor cantidad de melatonina, la hormona que facilita el sueño. 

¿El cambio horario afecta a todos los niños por igual?

Cada persona tiene su propio ritmo genético de adaptación a los cambios horarios y también influye el entorno en el que los niños viven. Aquellos pequeños con hábitos regulares de alimentación, exposición a la luz natural y actividad física, se adaptan con menos problemas que los que carecen de rutinas. En general:

  • Los lactantes pueden experimentar alteraciones en su alimentación.

  • Los niños en edad escolar pueden tener mayores dificultades para despertarse y atender en clase.

  • Los adolescentes sufren un empeoramiento sensible de la calidad y cantidad de sueño porque “mantienen la hora de dormir previa al cambio, que deriva en una disminución de las horas de sueño durante la adaptación al nuevo horario”, explica la AEP.

Beneficios para los niños si no se varía la hora

Si la propuesta de la Comisión Europea sale adelante, y es aprobada por el Parlamento y por el Consejo Europeo, cada país podrá decidir en qué horario quiere quedarse, el de verano o el de invierno.

  • Si nos quedamos en el horario de verano, en invierno amanecería más tarde de lo que estamos acostumbrados y oscurecería también más tarde. Eso significaría que nuestros hijos podrían jugar o hacer más actividades al aire libre en las tardes de invierno, algo muy beneficioso para su desarrollo.

  • Si nos quedamos con el horario de invierno, se ganaría más luz por las mañanas. Salir de la cama sería más fácil que si fuera todavía es de noche. Los madrugones serían menos dramáticos.

  • Si se adopta el horario de verano, puede que les cueste más salir de la cama cuando aún no ha amanecido, pero por las tardes disfrutarán de más horas de luz natural, que se traducen en mejor humor y estado de ánimo. Quizás la melancolía del invierno sería más llevadera.

  • En cualquiera de los dos casos no sería necesario retrasar o adelantar la hora de ir a la cama, por lo que se evitarían alteraciones del sueño, como dificultades para conciliar el sueño, insomnio o despertares nocturnos.

  • También se evitarían las alteraciones de rutina que implica el cambio de hora, por lo que los niños podrían dormir mejor, y despertar por las mañanas de mejor humor, sin peleas ni malas caras en el desayuno. Y por supuesto mayor puntualidad a la hora de llegar al cole.

  • Si se cancela el cambio de hora, nuestros hijos estarían más despiertos para enfrentarse a la rutina diaria en clase, donde se mostrarían más atentos y serían más participativos. Adiós a las pequeñas siestas sobre el pupitre.

  • Si cogemos la hora de verano, se enfrentarían a los deberes con más ánimo, ya que no solo estarían menos cansados, sino que también aprovecharían más tiempo la luz natural en casa para realizar las tareas y tendrían más tiempo de luz para jugar.

  • Al mantener su rutina de alimentación, a la misma hora, no perderían el apetito ni comerían a deshora, lo que se traduce en una mayor energía para realizar sus actividades diarias y rendir mejor en los estudios.

  • También los bebés estarían menos irritables y comerían mejor, porque no se variaría su hora de sueño ni de alimentación, las rutinas que marcan su ciclo diario.

Este octubre sí atrasaremos el reloj

Por lo pronto, la próxima noche de 28 de octubre (de sábado a domingo) parece que sí volveremos a cambiar la hora: las 3 de la madrugada serán las 2, porque no parece posible que la decisión pueda tomarse antes, dados los plazos de las instituciones europeas.

Por eso, es recomendable que cuando llegue el momento sigamos algunas recomendaciones para que nuestros hijos sufran lo menos posible: prepararlos unos días antes realizando una adaptación lenta y progresiva al nuevo horario adelantando las rutinas diarias y acostándolos 15 minutos antes de lo habitual.

Fotos | iStock y Pixabay
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