"Gracias mamá, por sostenerme y dejar que me equivocara": una preciosa carta para el Día de la Madre

"Gracias mamá, por sostenerme y dejar que me equivocara": una preciosa carta para el Día de la Madre
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Cuando pienso en la relación que he tenido -y tengo- con mi madre, siento que siempre ha sido buena. Obviamente, hemos tenido momentos de todo. Pero a pesar de esos momentos, y sobre todo en ellos, ella siempre me ha brindado su apoyo.

Y por esto, y por muchas otras razones, hoy me gustaría escribir una carta para ella, celebrando el Día de la madre, una fecha simbólica que nos da la oportunidad de parar y agradecer la persona que somos gracias a una figura fundamental en nuestra historia de vida: la figura de una madre.

Nuestra historia juntas

Fui la cuarta hija de mi madre. Llegué a este mundo acompañada por mi hermana gemela, pero teóricamente yo soy la cuarta, la pequeña, porque nací la última. No estrenamos su maternidad pero imagino que cada maternidad es un nuevo comienzo, incluso, una nueva identidad, llena de primeras veces.

Y hay una frase que recuerdo bien, que mi madre siempre nos dice, que es lo que le decía la gente cuando le veía pasear con su cochecito doble y nosotras siendo bebés; le decían, "eres la viva imagen de la felicidad".

Gracias, mamá, por los recuerdos

Así recuerda ella nuestra llegada al mundo y nuestros primeros años de vida. Y ahora, 29 años después de nuestra llegada, me gustaría decirte, mamá:

Imagino que no fue fácil criar a cuatro hijos; dos adolescentes y dos recién nacidas. Trabajando muchas horas al día e intentando equilibrar tu vida como madre con tu vida como mujer, como amiga, como esposa, como hija... Imagino también, que tuviste momentos de todo tipo. Imagino incluso, que a veces te sentiste sola.

Pero yo de esos años de infancia solo tengo buenos recuerdos, aunque sé que no todo fue fácil siempre. Nos recuerdo a las dos en el lavabo, frente al espejo, yo sentada y tú de pie. Me hacías con mimo la trenza que tanto me gustaba llevar al colegio. Cada mañana me preguntabas "¿hoy qué hacemos?". Y yo te contestaba: "el peinado de siempre". Y nos reíamos, porque siempre era "el peinado de siempre".

Nos recuerdo también el primer día de colegio; éramos muy pequeñas, pero yo creo que es el primer recuerdo que tengo de mi vida (seguramente hay un poco de distorsión). Llorábamos desconsoladas porque nunca habíamos estado tan lejos de ti. Hablo en plural porque en mis recuerdos infantiles siempre está Anna, mi compañera de vida. Ese día lleno de lloros, tú nos sostenías, nos dabas la mano y nos la soltabas solo unas horas para volver a dárnosla después.

Recuerdo, ya de más mayores, las primeras salidas adolescentes. Te preocupabas por si llegábamos bien a casa, pero no eras una madre especialmente invasiva. Creo que siempre nos diste alas para volar, y raíces para volver y quedarnos, algo que, seguramente, todos los niños necesitan para desarrollar la autonomía pero siempre, saber que pueden volver en esa base segura que eras tú.

Y ya de mayor, aunque ahora vivimos en ciudades diferentes, sigues a mi lado, siempre. Sé que puedo llamarte a cualquier hora y que ahí estarás para tenderme la mano. Por suerte, nos vemos muy a menudo. Pero hay algo que siempre sabré; y es que siempre, te necesitaré.

Hoy te agradezco, mamá...

Hoy te agradezco, mamá, haberme regalado esa mirada compasiva y humana hacia los demás. También, la pasión por la lectura, por las letras, por escribir. Te agradezco haberme ayudado a ordenar mis ideas y mis emociones cuando lo necesité. Y sobre todo, ser un faro para mí, esa luz que sigue brillando y que me indicaba el camino cuando me sentía perdida.

Te agradezco que no seas perfecta, ni tener tampoco, una relación perfecta. Porque cuando eres auténtica y te equivocas, cuando no le pones filtro a la vida, siento que ahí puedo aprender de verdad. Te agradezco tu sensatez, ser tan práctica que a veces me daba rabia, darme espacio para ser yo misma, no tratar de cambiarme.

Creer en mí, sostenerme, dejar que me equivocara. Te agradezco cuidarme, ser mi mejor médico, llevarme a urgencias cuando tuve una crisis asmática con ocho años y llorar conmigo porque ese día me sentí muy frágil. Te agradezco tu fortaleza pero también esa fragilidad que aún te hace más fuerte.

Cuando te convertiste en abuela con tu primer nieto, vi la ilusión en tus ojos y pensé, ojalá un día tenga hijos y puedan conocer a esta abuela tan fantástica y cañera. Eres hogar para tu nieto, calma, luz. Y él lo sabe. Por ello, te agradezco también esto.

Y no quiero despedirme sin decirte que, estoy orgullosa de la mujer en la que me he convertido, tan imperfecta, porque sé que, en gran parte, es gracias a ti. Ojalá algún día tenga hijos y puedan vivir algo parecido a lo que yo he vivido gracias a que tú seas mi madre.

Que puedan conocer este hilo invisible que une para siempre a una hija y a una madre; un hilo que a veces aprieta, que a veces afloja, pero que es irrompible.

Si ellos algún día sienten, tan solo una parte de este amor hacia su madre, como el que siento yo, me doy por satisfecha. Y termino con una frase que le dijo papá a su padre, el abuelo, el día que falleció: "siempre ha valido la pena ser tu hija". Gracias por tanto, mamá.

Foto | Portada (Freepik)

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