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Carta a mis sobrinos: no son mis hijos, pero alegran mi vida y mi corazón como si lo fueran
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Carta a mis sobrinos: no son mis hijos, pero alegran mi vida y mi corazón como si lo fueran

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Ser madre es definitivamente una experiencia como ninguna otra, en la que no solamente pasas por una transformación impresionante y descubres una nueva forma de amar. Pocas cosas pueden igualarse al cariño y relación que existe entre madres y padres con sus hijos. Sin embargo, creo que lo segundo más cercano, sería la relación que tenemos con nuestros sobrinos.

Por eso, y en nombre de todos los tíos y tías del mundo, quiero dedicar una carta a nuestros sobrinos, porque aunque no son nuestros hijos, alegran nuestras vidas y nuestros corazones como si lo fueran.

A mis sobrinos...

Recuerdo como si fuera ayer el día que llegaron a mi vida. Cada uno de ustedes, a su debido tiempo y en el momento exacto, comenzaron a formar la nueva generación que continuará con nuestro árbol genealógico. Pero además de ser la parte más joven de la familia, como tía me han regalado mucho más.

Comenzando por esa preciosa sensación que tengo en mi corazón cada vez que nos vemos. Es curioso cómo la sangre nos llama y desde que eran bebés yo sentía ese amor y cariño por ustedes, esas ganas de abrazarles y de decirles: también estoy aquí para ti siempre que me necesites.

Y es que ser tía es una de las cosas más gratificantes de mi vida. Después de ser madre, para mí el ser tía es indudablemente de las mejores cosas que me han sucedido. Porque a pesar de que no sean mis hijos, los quiero como si lo fueran.

En cada abrazo y cada beso, en cada risa y cada juego, me comparten un poco de ese amor hermoso que guardan y reservan para quienes somos su familia, desde sus padres y sus abuelos, hasta nosotros, los tíos que nos volvemos locos al verlos.

Siempre bromeo con que ser tía es de lo más conveniente, pues obtienes muchos de los tiernos beneficios que te puede dar el tener un hijo, pero quedándote solo con la parte divertida, sin tener que cambiar pañales o ser "el malo" cuando hacen algo que no está bien, aunque por supuesto que también lo he tenido que hacer con ustedes cuando ha sido necesario (y con permiso de sus padres, claro).

Pero hablando en un tono un poco más serio, lo cierto es que tenerlos a ustedes también despierta en mí un lado que no conocía y que había olvidado: lo divertido que es volver a ser niño. Porque ser tía, no solamente es ser parte de tu familia, también es convertirte en mucho más que eso.

Ser tío o tía es ser compañero de aventuras, cómplice de locuras, sorpresas y travesuras, guardián de secretos y a veces, abogado ante los padres, así como lo hacen sus abuelos - aunque mamá y papá siempre tendrán la razón.

Para mí, es un honor poder tener este título de tía, porque además de ser partícipe de lo divertido, también me toca la parte tierna. Sirvo de consuelo y apoyo cuando ustedes más lo necesitan y trato de siempre reafirmar lo especiales que son cada uno de ustedes, por las bellas cualidades que posee cada uno.

Es precioso verles crecer con el paso de los años, y maravillarnos ante cada logro que van obteniendo y cada nueva meta que van alcanzando. Ver a sus padres y madres sonreír al verles, es algo que también me llena de alegría y orgullo, porque aunque no es lo mismo ser tía que ser madre, puedo entender cómo se sienten.

Cada etapa a su lado me ha regalado algo muy lindo: sus abrazos y besitos cuando eran pequeñitos, y sus juegos y pláticas curiosas ahora que ya son un poco mayores. No puedo esperar a ver qué otras sorpresas llegan en el camino para nosotros.

Así que hoy quiero decirles: gracias, sobrinos míos. Por llegar a mi vida, por permitirme ser parte de la suya, y por regalarme ese amor incondicional. Porque aunque no son mis hijos, alegran mi vida y mi corazón como si lo fueran.

Foto | iStock
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