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¿Es la escuela que conocemos el único modelo posible?

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Reforma tras reforma educativa nos encontramos con resultados muy parecidos: alumnos desmotivados, falta de creatividad, incapacidad para preparar a los estudiantes para los retos del futuro, problemas de autoestima y unas altas cifras de fracaso escolar. El sistema educativo español da pena. Pero, ¿es la escuela, tal y como la conocemos, el único y mejor modelo posible?

Lo primero que deberíamos plantearnos es cual es realmene el objetivo de la educación y si los fallos pueden tener en su origen que el modelo que estamos usando está desfasado, anticuado. Muchas voces se alzan en ese sentido pero parece que no hay capacidad o voluntad para escucharlos.

El aprendizaje es natural en el ser humano

Los seres humanos han aprendido siempre, es algo natural en nosotros: curiosidad, superación, resolución de problemas y transmisión de conocimientos son las características más destacables de nuestra especie. Pero, ¿es que siempre hemos usado el mismo tipo de escuela?

La respuesta es que no. A lo largo de la historia el aprendizaje de los niños y jóvenes se ha realizado de muy diferentes maneras, adecuadas a las necesidades de esa sociedad y, también, sería absurdo negarlo, propuestas para que esa sociedad se perpetúe. Pero además de todo eso los modelos de enseñanza han sido un acicate que llevaba a las nuevas generaciones a superar lo anterior e innovar. ¿Nuestra escuela responde realmente a las necesidades de nuestra sociedad?

Un repaso a los modelos de aprendizaje en la Historia del Ser Humano

En la Prehistoria los seres humanos vivían en pequeños grupos con relaciones de parentesco y los niños eran enculturados por el grupo, aprendiendo directamente de otros individuos: sus padres, otros niños mayores y otros adultos del grupo. En algunos casos habría adultos que controlaran determinadas técnicas o conocieran historias mejor que otros y serían quienes las transmitirían. No había una persona fija elegida como maestro y no había un lugar concreto donde aprender. La enseñanza se estructuraba en torno a dos habilidades puramente humanas: la conversación y las habilidades manuales. La vida era lo que proporcionaban las enseñanzas y estaban muy vinculadas a ella.

Con el Neolítico llegó una mayor distrubución del trabajo. Llegaron las ciudades, los sacerdotes especializados en el conocimiento y sobre todo, llegó la escritura. No todas las personas aprendían a escribir y esto seguramente si se hacía en algo que pudiera parecerse a nuestras escuelas, donde un maestro enseñaba una técnica o unos conocimientos a una élite.

En la Grecia Clásica conocemos otro modelo de enseñanza, el de los filósofos, que seguro que no es exclusivo del mundo clásico heleno, pero que podemos señalar como paradigmático. Los niños de las clases altas aprenderían en casa y cuando se acercaban a la edad adulta o ya en ella, elegían y eran elegidos por un maestro, un sabio, que les transmitía sus conocimientos de forma personal. En Roma si conocemos escuelas parecidas a las nuestras, en el sentido de que si se enviaba a los niños (y a las niñas a veces) con un maestro a aprender los necesarios conocimientos para el ejercicio de la ciudadanía, pero eran igualmente de libre elección y no estaban reguladas por las autoridades.

En la Edad Media los monasterios, los gremios y los mecenas fueron los que, de formas muy diferentes, proporcionaban educación, aunque esta fue siempre algo restringido a grupos pequeños. Los demás seguían aprendiendo de sus padres y otros adultos cercanos, pero solo lo que se limitaba a los rudimentos de religión y el trabajo que se realizara. La movilidad social era muy pequeña.

La llegada de la imprenta supuso una revolución que permitió que la palabra escrita fuera mucho más accesible, pero todavia limitada. El Renacimiento supuso un cambio de orientación en el sentido del saber, que recuperó la investigación y formuló las bases de conocimiento científico.

La mayoría de las personas que adquirían una alta cultura no lo hacían siguiendo un programa cerrado, único y validado por los Estados, sino buscando sus intereses y los maestros que mejor se adaptaban a ellos. Incluso en las Universidades, hasta hace aproximadamente un siglo, no se entraba con exámenes de ingreso ni estudios validados previos, ni se cumplía un temario cerrado. Es cierto que eran algo vedado para la mayoría de la población, pero al final, habría que plantearse si convertirlas en parte de un "cursus honorum" tiene mucho sentido, cuando deberían permitir una mayor flexibilidad.

Con la Ilustración y las revoluciones burguesas se tomó conciencia de lo importante que era que el pueblo dispusiera de elementos de jucio propio y eso se debía lograr con la extensión de la instrucción y la cultura. Y la escuela se presentó como una forma de lograr este ideal progresista. Un hecho de valor innegable. Pero llegó la Revolución Industrial y ese ideal se vio subsumido en otro tipo de intereses: formar obreros que se pudieran adaptar a lo que se esperaba de ellos en las fábricas.

Fue Federico Guillermo de Prusia quien impuso un modelo educativo que todavía mantenemos basado en la homogeneidad de conocimientos, el control férreo del Estado sobre contenidos, titulaciones y permisos de enseñanza, y se buscó, ante todo, la formación de subdítos obedientes que estuvieran dispuestos a seguir un patron fijo de conducta. El modelo de la escuela prusiana se extendió y, pese a las críticas de movimientos como el socialismo utópico, es lo que, al final, todos los países fueron asumiendo, sin ser conscientes, incluso en los momentos más progresistas, de que existía un curriculum oculto diseñado con un obejtivo que no era la libertad, sino la uniformidad y la obediencia.

Como decía la Industrialización fue lo que hizo históricamente necesaria la extensión de la formación básica, pues había que preparar a los futuros obreros para que cumplieran normas, horarios de trabajo extenuantes y las propias escuelas terminarían pareciéndose a fábricas. Un horario fijo señalado por sirenas, separación de los saberes o labores, homogeneización del alumnado y de los contenidos. Y llegó a parecer que no había otra manera posible de diseñar un colegio que ese. Y ahí seguimos, educando niños del siglo XXI con el mismo modelo que en el XIX.

La sociedad de hoy y sus necesidades

Pero nuestra sociedad es completamente diferente. Cambia de manera rapidísima y los avances científicos, tecnológicos y culturales lo hacen también. Es indispensable que la escuela se adapte a los enormes cambios y asuma que las tecnología de la información son hoy un vehículo que incluir de manera prioritaria.

Todos estos nuevos hábitos de comunicación deberían formar parte del saber y de la forma en la que se transmite el saber. Y, a la vez, no debería olvidar esas bases biológicas y evolutivas que ha tenido siempre el aprendizaje humano: la palabra y la acción directa, la experimentación, la vida. La Naturaleza, el tocar las cosas, hacerlas porque se desea aprender a hacerlas, la tierra, el cielo, las plantas, los rios...todo eso sigue siendo básico para construir el aprendizaje significativo en los niños.

Pero nuestras escuelas no son así. Son edificios cerrados, con rejas, con aulas y pupitres, con libros de texto y exámenes escritos. Las nuevas tecnologías se asoman pero siempre como apoyo a lo que de verdad es "serio" y si hablamos ya del tocar, el sentir, el emocionarse y el estar en contacto con el entorno natural y humano, pues todavía sucede menos.

Patios de cemento. Sillas y mesas donde debe permanecer el niño sentado escuchando y sin interrumpir. Curriculum cerrado, aislamiento de la realidad vital, estructuras autoritarias y evaluación externa. Todo eso contribuye a que la escuela deje de estar conectada de verdad a las necesidades de los niños como pequeños seres humanos en formación y de la realidad de un mundo complejo y cambiante.

No he acabado, en próximos temas hablaré de las sucesivas reformas educativas vacías e inútiles y de las cuestiones de organización de contenidos y espacios que hacen que la escuela falle y siga fallando. Y que vaya a fallar mucho más si no realiza una trasnformación profunda. La escuela que tenemos en España no es la única posible ni la mejor.

Imagen | Elisabeth Albert en Flickr En Bebés y más | La clave de la creatividad, Las infinitas preguntas de nuestros hijos, Pedagogía Blanca: toda una revolución en coaching educativo

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