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¿Por qué muerde mi hijo y qué puedo hacer frente a ello?

¿Por qué muerde mi hijo y qué puedo hacer frente a ello?
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Los bebés exploran con la boca todo su entorno y no es infrecuente que, desde pequeños, mordisqueen aquello que se pone a su alcance (¡incluso cuando están mamando!). Pero es alrededor de los dos o tres años cuando los niños muerden de otra manera, no con el afán de explorar sino como manifestación de sus sentimientos o deseos.

Las razones por las que los niños muerden son distintas en unos y otros. Algunos pequeños muerden por frustración o también pueden hacerlo sencillamente para proteger aquello que consideran que es de su propiedad. Otros niños lo hacen cuando se sienten amenazados, agobiados o inferiores en términos de fuerza o de capacidad verbal. También pueden pretender llamar la atención del adulto, padres o cuidadores.

Pueden morder objetos, morderse a sí mismos y, lo que es más frecuente, morder a otros niños o a los mayores. Si aparece este comportamiento, hemos de intentar detectar la causa del problema y seguir unos pasos para, en la medida de lo posible, evitar que se repita.

  • Identifica la causa de la conducta de morder. Padres y educadores deben observar una serie de variables que nos ayudarán a determinar la causa del problema para poder actuar adecuadamente. ¿En qué tenemos que fijarnos?: en que momento muerden más, a qué horas, en qué actividades (grupo, individual...) si muerden al que está mas cerca o buscan a la “víctima”. Si lo hacen para conseguir algo, para defenderse o como modo habitual de interaccionar con los compañeros...

  • Aprende a reconocer los signos que indican que el niño está a punto de morder.

  • Evita o adapta en lo posible estas situaciones (prevención) ofreciendo alternativas, o contrólalas directamente, enseñando al pequeño que muerde a actuar de otra manera.

  • Si logramos que el niño, en una situación de riesgo, se haya controlado y no muerda, habremos de reforzarle dicho comportamiento para que sea consciente de él y pueda repetirlo.

¿Qué hacer si mi hijo muerde?

Si el niño ya ha mordido (y lo ha hecho repetidas veces, es decir, este comportamiento se alarga en el tiempo y no simplemente es un mordisco aislado), ¿qué podemos hacer?

  • Hemos de orientar el comportamiento de forma inmediata y firme, sentando la norma “Prohibido morder”, morder no es un juego, hace daño.

  • Centraremos la atención en la “víctima”, porque le ha dolido y hemos de ver que está bien. El mordedor ha de comprender que ha hecho daño y que no es una buena manera de llamar la atención, que nos preocupamos por esa otra persona que ha sufrido el bocado. La conducta de morder no da buenos resultados para quien lo hace (tampoco va a conseguir, por ejemplo, que consiga un juguete si es lo que quería y por eso ha mordido), ya que nos preocupa la persona dolida y le recriminamos ese comportamiento.

  • Si el pequeño que ha mordido todavía esta enfadado, procuraremos que se tranquilice, llevándolo a un lugar donde estemos a solas, donde podamos sostenerlo en brazos si está alterado... Hay que calmarlo intentando evitar que nos muerda o pegue patadas sujetándolo firmemente pero con delicadeza y hablándole. Al final, cuando esté calmado podremos hablarle más tranquilamente y explicarle lo que hemos señalado en los puntos anteriores.

  • Es mejor hablar más extensamente sobre el tema cuando el niño está tranquilo, si sigue alterado o llorando probablemente no escuchará lo que le digamos. Cuanto más mayor sea el niño, mejor podrá respondernos sobre sus razones por las que ha mordido, pero nunca "en caliente". Hablar es importantísimo en cualquier momento con nuestros hijos, pero especialmente en estas situaciones delicadas.

  • Este comportamiento conlleva una consecuencia negativa para él, como no lograr el juguete que quería (al menos de momento) o separarse de sus amiguitos porque les ha hecho daño. Hay que fijarse en qué ha sucedido en cada caso, porque habremos de actuar de manera diferente cada vez si la situación ha sido diferente.

  • Si el niño ya es capaz de verbalizar la situación, conviene unir al "mordedor" y su "víctima" para que hablen de la situación, intentando explicar los motivos, lo que sienten y que el niño que ha mordido se disculpe si finalmente entiende el daño que ha hecho.

  • Hay que explicarle al niño que hacer daño no es un buen modo de resolver un conflicto. Por supuesto, aquí los papás predicamos con el ejemplo y nuestra educación ha de regirse, entre otras, por la premisa del cariño y la no violencia.

  • No etiquetes al niño como "violento", "mordedor" ni ningún apodo negativo porque se sentirá reforzado en esa manera de ser. Mejor comentar este problema entre los padres cuando el niño no esté presente.

Finalmente, vemos que las razones por las que muerde un niño son muy diversas pero lo que está más claro es que el pequeño siente de algún modo miedo o una amenaza, del mismo modo que aquel que recibe el mordisco se siente amenazado.

El bocado suele ser una respuesta impulsiva en un momento en el que el niño todavía no ha desarrollado otras estrategias (verbales y conductuales) para resolver conflictos, para encauzar sus sentimientos... Lo que hay que procurar es que el niño reconduzca esta conducta que hace daño.

Foto | Kristof Borkowski en Flickr-CC
Vía | Orientación Catedu
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