Por qué obligar a tu hijo a disculparse y abrazar tras una pelea no le servirá para aprender

Por qué obligar a tu hijo a disculparse y abrazar tras una pelea no le servirá para aprender
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¡Está mal pegar a los amigos! Venga, dale un abrazo". "Pide perdón ahora mismo". "Quiero que os deis un beso de reconciliación". "Haced las paces de inmediato"... Seguro que todos hemos dicho este tipo de frases a nuestros hijos alguna vez, con el objetivo de zanjar una pelea infantil.

Pero aunque la intención sea buena, si lo pensamos fríamente nos daremos cuenta de que obligar a un niño a besar, abrazar o pedir disculpas a otro en un momento de tensión no es una forma respetuosa de educar, además de que no estará aprendiendo realmente las consecuencias de sus actos.

Te explicamos por qué los niños no deben disculparse bajo coacción y cómo podemos ayudarles a reparar sus errores de forma respetuosa.

"Pide perdón ahora mismo y daos un abrazo"

peleas

Es importante comenzar recordando que los niños no llegan al mundo con las normas sociales aprendidas, por lo que es completamente normal que agredan a otros niños en un momento dado, ya que carecen de la madurez y los recursos necesarios para expresar con palabras lo que están sintiendo.

Ningún padre quiere que su hijo pegue o falte al respeto a otros niños, y por ello tendemos a actuar rápidamente frenando la pelea e incluso obligándole a pedir perdón, besar o abrazar al niño agredido. Probablemente lo hagamos por dos motivos:

  • En primer lugar, porque queremos que nuestro hijo aprenda que esa no es la forma correcta de relacionarse con los demás, y creemos que lo entenderá mejor si le obligamos a pedir perdón y abrazar al otro tras la pelea
  • Pero además, nos preocupa mucho "el qué dirán", y tememos que si nuestro hijo no repara públicamente en ese momento lo que ha hecho, pueda ser tildado de "maleducado", "pegón", "irrespetuoso"... poniendo por tanto en tela de juicio nuestro papel como padres.
Para las dos partes implicadas en el conflicto, el perdón obligado y las muestras de afecto impuestas hacen más mal que bien

Y es que es nuestro trabajo y responsabilidad como padres enseñar a nuestros hijos a tratar a los demás con respeto y amabilidad. Sin embargo, las disculpas y muestras de afecto derivadas de una obligación o un chantaje ("da ahora mismo un beso a tu amigo si quieres que vuelva a dejarte sus juguetes") no sirven para educar al niño en este propósito.

Pero aún hay más, pues según un experimento realizado por un grupo de psicólogos de la Universidad de Michigan y Oxford entre niños de cuatro a nueve años, el niño que recibe las disculpas las acepta mejor y su reacción es más positiva si estas son voluntarias y no obligadas.

¿Cómo nos sentiríamos los adultos si tras una discusión, otros nos obligaran a disculparnos?

Pensemos en cómo nos sentiríamos los adultos si actuaran del mismo modo cuando acabamos de pelearnos con alguien.

Por ejemplo, estamos en una comida familiar y por algún motivo que es importante para nosotros, comenzamos a discutir de forma acalorada con nuestro cuñado. Pero rápidamente llega nuestra madre o nuestro suegro y para zanjar el conflicto nos dice: "venga, no os peléis. Da un abrazo a tu cuñado y pídele perdón ahora mismo".

Sin embargo, lo que ha ocurrido nos afecta especialmente, y nos sentimos tan enfadados, traicionados, dolidos... que probablemente lo que menos nos apetezca sea disculparnos, pues quizá no lo sintamos así en ese mismo momento.

Entonces, ¿cómo reaccionaríamos si a pesar de nuestros sentimientos nos vemos obligados a abrazar y pedir perdón al otro? ¿Se trataría de una disculpa sincera? Evidentemente no, pero además nos sentiríamos humillados, poco respetados, resentidos y juzgados.

Porque nadie se está preocupando en saber cómo nos sentimos, ni se está respetando el espacio y tiempo que en ese momento necesitamos los dos para calmarnos, enfriar lo ocurrido y buscar soluciones.
peleas entre niños

Este ejemplo un tanto absurdo extrapolado a la adultez, es un reflejo de lo que ocurre en el caso de los niños ante situaciones similares de disputas, peleas o berrinches. Los adultos queremos que el confrontamiento se zanje de inmediato porque creemos que debe ser así, pero olvidamos los pasos previos que hay que dar para que los niños aprendan a resolver sus conflictos desde el respeto a sí mismos y a los demás.

Pero además de que las muestras de afecto y amistad que se dan desde la coacción no son un gesto sincero, obligar a los niños a besarse o abrazarse en contra de su voluntad es irrespetuoso y perjudicial, tanto para el que se ve obligado a hacerlo, como para el que se ve obligado a aceptarlo.

Entonces, ¿si mi hijo actúa mal no debe disculparse por lo ocurrido?

peleas

Llegados a este punto probablemente muchos estéis pensando que si no obligamos al niño a pedir perdón por lo que ha hecho, ni a besar o abrazar a la persona a la que ha faltado al respeto, no solo no le estaremos educando sino que "se saldrá con la suya". Pero nada más lejos de la realidad.

Para aprender las consecuencias de sus actos el niño no necesita ser humillado, avergonzado u obligado a hacer algo en contra de su voluntad. Necesita acompañamiento emocional respetuoso, paciencia, amor y empatía.

Esto no significa que si ha dañado a otra persona o le ha faltado al respeto no deba disculparse, pero un "perdón" pronunciado bajo coacción no sirve de nada. ¿Cómo debemos actuar los padres?

  • Lo primero que debemos hacer es procurar que nuestro hijo se relaje, pues solo desde la calma podrá encontrar soluciones que ayuden a reparar lo ocurrido. El niño no debe estar solo en este proceso y el acompañamiento emocional del adulto es fundamental. Abrázalo, invítale a expresar cómo se siente (sin juicios ni reproches) y utiliza herramientas respetuosas que le ayuden a volver a un estado de calma.

  • Una vez calmado, es probable que se de cuenta por sí mismo de las consecuencias de sus actos sobre los demás, pero es importante tener presente que esto solo sucede en niños a partir de los seis o siete años. Antes de esta edad aún son inmaduros para entenderlo y necesitan de nuestra ayuda. Si es el caso, debemos explicárselo desde el respeto y la empatía, sin criticar ni juzgar en ningún momento lo que ha hecho.

  • Sin presionar ni coaccionar, podemos animarle a que tenga una actitud reparadora mediante el gesto sincero y voluntario que él/ella elija (ya sea pidiendo perdón, abrazando, ofreciendo sus juguetes...). Si en ese momento no quisiera hacerlo, lo haremos nosotros en su lugar para dar ejemplo, pues ya sabemos lo importante que es el ejemplo en el aprendizaje infantil.

  • Podría darse la situación de que en ese momento la parte ofendida no quisiera aceptar las disculpas. Es perfectamente respetable y así debemos hacérselo ver a nuestro hijo. Piensa que todos necesitamos nuestro tiempo y espacio.

  • Una vez zanjado el conflicto podemos animarles a dialogar entre ellos sobre lo ocurrido, pero con vistas al futuro. Esta conversación va mucho más allá del perdón, pues dialogando aprenderán a anticiparse a los problemas, buscarán soluciones para el futuro, se pondrán uno en el lugar del otro... en definitiva, será una valiosa lección para la vida.

Fotos | iStock

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