"Mi hijo me falta al respeto": ¿qué podemos hacer los padres?

"Mi hijo me falta al respeto": ¿qué podemos hacer los padres?
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El cerebro del niño en sus primeros años de vida es muy diferente al del adulto, y se rige especialmente por las emociones. Al ser puramente emocionales, es normal que los niños se enfaden, se frustren, griten o tengan rabietas. Pero aunque solamos emplear estos términos, es importante tener presente que en ningún momento lo hacen para "torearnos", "desafiarnos" o "desquiciarnos", sino que forma parte de su sano desarrollo.

En este estallido emocional, algunos niños se autolesionan, agreden a otros o incluso pueden llegar a faltar al respeto a sus padres, con malas contestaciones, insultos, gritos, patadas, manotazos.... En este momento es importante que les frenemos y enseñemos con calma, amor y empatía, pues una educación respetuosa será clave para inculcar a nuestros hijos la importancia y el valor del respeto a sí mismo y a los demás.

Si tu hijo te falta al respeto, te damos algunos consejos para tratar el momento de manera positiva y educar en el respeto, la tolerancia y la empatía.

Mantén la calma

Cuando sentimos que nuestro hijo nos está desafiando, amenazando o faltando al respeto, nuestro cerebro más primitivo tiende a reaccionar luchando, es decir, entrando con el niño en una guerra de poder en la que buscamos imponer nuestra superioridad (a través de gritos, castigos, amenazas...) para que este acabe haciendo lo que nosotros queremos que haga.

Pero actuando así no estaremos dando un buen ejemplo a nuestro hijo (¿cómo vamos a pretender que nuestro hijo no nos falte al respeto si nosotros se lo faltamos a él?), ni por supuesto tampoco le estaremos educando con amor y respeto. Por eso, es fundamental detenerse unos minutos para evitar actuar "en caliente" y decir o hacer algo de lo que luego nos arrepintamos. Así pues, el primer consejo sería tomar distancia, respirar y calmarnos.

Analiza qué puede haber debajo de esa conducta

mi hijo me falta al respeto

No te quedes únicamente con la conducta que has visto y piensa: ¿qué puede haberla provocado?

  • ¿Es posibles que se deba a un sentimiento de 'desconexión'? (demasiadas veces, la conducta equivocada del niño es una llamada desesperada de atención por no sentirse escuchado o tenido en cuenta por parte del adulto)
  • ¿Estamos dando buen ejemplo con nuestra educación?
  • ¿Es probable que haya tenido un mal día en el colegio?
  • ¿Ha ocurrido o está ocurriendo algo en su vida que puede estar afectándole? (la pandemia, la muerte de un ser querido, problemas con compañeros o profesores, estrés académico, acoso escolar, cambio de colegio o de ciclo, nacimiento de un hermano...)

Obviamente, conocer la causa que ha provocado su conducta no justifica que el niño falte al respeto a otras personas, pero nos ayudará a entender mejor a nuestro hijo de cara a afrontar juntos la situación.

Ayuda al niño a expresar lo que siente

Desde la calma y el respeto, presta a tu hijo el sostén emocional que necesita. No es momento de juzgar ni criticar su conducta, tampoco de sermonear. Simplemente conecta con él y con sus emociones, ayudándole a expresar lo que siente y poniendo palabras a esos sentimientos de rabia, ira, enfado o tristeza que probablemente le invadan.

No debe faltar el contacto físico (caricias, abrazos, una mano en el hombro...), la escucha activa sin interrupciones y el contacto visual (arrodíllate a su altura y mírale a los ojos cuando te hable).

También es muy útil plantear al niño preguntas de curiosidad sobre lo que le ha llevado a actuar así, cómo se ha sentido en el momento, cómo se siente ahora... Pero recuerda que las preguntas deben ir encaminadas a ayudarle a "sacar fuera" lo que siente y así lograr una mayor conexión (te pregunto porque me interesa cómo te sientes y quiero intentar ayudarte), pero no para juzgar ni reprochar lo que te diga.

Después, ayúdalo a volver a un estado de calma con las herramientas de gestión emocional que mejor os funcionen (tiempo fuera positivo, frasco de la calma, respiración profunda, técnica de la tortuga...)

Exprésale tú también cómo te sientes

educación emocional

El niño también debe ser consciente de cómo te sientes tú tras lo ocurrido, pues si ignoramos o no damos importancia a los sentimientos que nos ha provocado su falta de respeto, no nos estaremos respetando a nosotros mismos y difícilmente podremos educarle en el respeto a los demás.

Explícale que te duelen las faltas de respeto o los insultos, y que te ponen muy triste las discusiones. Hazlo desde un plano constructivo, es decir, sin responsabilizar ni culpar a tu hijo de tu estado anímico. También puedes hacer con él un ejercicio de empatía y preguntarle cómo se sentiría si alguien le humillara o faltara al respeto. De esta forma le resultará más fácil entender lo que ciertas acciones pueden provocar en otras personas.

Buscad juntos una solución

Antes de trabajar en encontrar una solución, es necesario que el niño entienda que lo ha hecho o dicho implica romper un límite que ha dañado a otras personas, y eso jamás debe ser tolerado. Recuérdale que es perfectamente licito sentirse mal, enojarse o tener diferencias con otros, pero no lo es en absoluto faltar al respeto o lastimar a quienes le rodean.

Así pues, ayúdale a encontrar alternativas respetuosas que le sirvan para gestionar su comportamiento y evitar estallar ante situaciones similares que puedan presentarse en un futuro (por ejemplo, técnicas de relajación, respiración, identificar cuándo se está poniendo nervioso y pedir la ayuda de un adulto para calmarse...)

Enfócate en ayudar a tu hijo a encontrar una solución al problema y recuerda que "lo pasado, pasado está". Es decir, vamos a enfocarnos en mejorar para el futuro y no demos vueltas y vueltas a lo que ya ha sucedido.

Tampoco hay que obligar al niño a pedir perdón, abrazar o besar en contra de su voluntad, sino hacerle consiente de la importancia de asumir las consecuencias de sus actos, aprender de sus errores y enfocarse en mejorar en el futuro.

Igualmente, si consideramos que nosotros hemos tenido parte de responsabilidad en lo ocurrido (por ejemplo, no estábamos escuchando a nuestro hijo mientras nos contaba algo importante y eso le ha hecho estallar), debemos asumirlo, pedir disculpas y tomar conciencia. Este ejercicio es fundamental a la hora de educar desde el ejemplo.

Los niños necesitan que les eduquemos con amor y respeto, dándoles en todo momento buen ejemplo y acompañándoles y sosteniéndoles emocionalmente. Cuando estos cimientos son sólidos, solo es cuestión de tiempo y madurez el que vayan aprendiendo a gestionar correctamente sus emociones.

Fotos | iStock

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