¿Alabas o alientas a tus hijos?: diferencias entre el elogio y el aliento y su influencia en la educación del niño

¿Alabas o alientas a tus hijos?: diferencias entre el elogio y el aliento y su influencia en la educación del niño
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En varias ocasiones hemos hablado de las consecuencias negativas que tienen los premios y los castigos en la educación de los niños. Pero, ¿qué ocurre con las alabanzas y los halagos? ¿Cómo influyen los elogios en la vida de nuestros hijos? ¿Es lo mismo elogiar que alentar?

Hoy nos centramos en el tema de las alabanzas y el aliento: qué diferencias hay entre un concepto y otro, cómo repercuten en la vida del niño y qué aspectos tener en cuenta para favorecer el desarrollo y aprendizaje de nuestros hijos.

¿Qué es alabar y cómo influyen nuestros elogios en el comportamiento del niño?

alabar

Según la RAE, "alabar es sentir admiración por alguien poniendo en relieve sus cualidades o méritos". Cuando alabamos a nuestro hijo estamos emitiendo un juicio positivo (y subjetivo) con respecto al resultado final que ha tenido su conducta, comportamiento o acción.

Un ejemplo cotidiano lo encontramos en los frecuentes "muy bien" que solemos decir a los niños cuando nos muestran algo; desde un dibujo que han hecho en el cole, hasta la última pirueta que han aprendido a realizar con los patines.

Otras frases habituales son, por ejemplo: "¡Pero qué listo eres!", "¡Cómo me gusta lo que has hecho!", "¡Qué orgulloso estoy de las notas que has sacado!"...

Con este tipo de comentarios el adulto está aprobando el comportamiento del niño y emitiendo un juicio favorable desde su punto de vista.

Es decir, las alabanzas o elogios se centran en el resultado final que ha tenido la conducta del niño, y la aprueban según el punto de vista del adulto.

En sí misma la alabanza no es mala. Elogiar los aciertos ayuda a reforzar conductas positivas. Además, el niño que recibe la alabanza se siente bien (¡a todos nos gusta que nos elogien!), por lo que tratará de hacer lo mismo la próxima vez con el objetivo de recibir de nuevo ese elogio tan agradable por parte de sus padres.

El problema está cuando las alabanzas se vuelven continuadas y/o son desmesuradas, pues el niño puede acabar volviéndose adicto y dependiente de ellas y haciendo las cosas con la finalidad de "gustar a otros", sintiéndose bien solo cuando los demás aprueban lo que ha hecho.

A la larga, esto puede acabar provocando problemas de autoestima, falta de confianza en sí mismo, inseguridad y dependencia, pues nuestro hijo siempre necesitará buscar la aprobación y el reconocimiento de los demás.

¿Qué es alentar y qué siente el niño cuando se le anima?

alentar y alabar

Volviendo a citar a la RAE, leemos que "alentar es infundir aliento o esfuerzo a alguien". De este modo, cuando alentamos a nuestro hijo le estamos animando a actuar, a pensar, a explorar, a opinar por sí mismo... sin poner el foco en el resultado final de su conducta y en cómo nos hace sentir a nosotros.

El niño que es alentado se siente capaz de hacer las cosas por sí mismo, de descubrir su propio talento y autoevaluarse.

Cuando un niño se siente orgullo, confiado y feliz con lo que hace, no le importa lo que opinen los demás, por lo que nunca actuará buscando la aprobación de otros. Además, durante el proceso, gracias al aliento y ánimo de sus padres, podrá descubrir sus propias fortalezas y virtudes, experimentar las consecuencias de sus actos, aprender de los errores y entender la importancia y el valor del esfuerzo y la superación.

Infundimos aliento a nuestros hijos cuando nos interesamos abiertamente por lo que están haciendo y les preguntamos sobre ello. Así, en lugar de decirles "Muy bien! ¡Qué dibujo más bonito!", podemos preguntarles cosas como qué colores han utilizado, qué simboliza lo que han pintado, cómo lo han hecho, qué les inspira, qué sienten cuando ven el resultado final...

De este modo estamos animándoles a reflexionar, a darse cuenta de detalles que quizá les han pasado inicialmente desapercibidos, a evaluarse a sí mismos y a cambiar eso que ellos (y no otros) creen que pueden mejorar.

También infundimos ánimos y aliento cuando en lugar de centrarnos en las notas que traen, nos enfocamos en el esfuerzo que han realizado durante el curso, en lo mucho que han estudiado, en cómo se han superado, en el coraje que han puesto para hacer frente a esa materia que se les atraganta...

Igualmente, cuando hacemos a nuestros hijos conscientes de sus propios logros ("¿te has dado cuenta de cómo has resuelto este conflicto?") y nos interesamos por lo que esto les hace sentir, también les estamos alentando.

La importancia de encontrar el equilibrio

alabar y alentar

Ahora bien, ¿quiere esto decir que debemos erradicar para siempre los elogios cuando nos dirijamos a nuestros hijos?

Evidentemente no, pero sí es necesario ser conscientes de lo que aportan los elogios y los mensajes de ánimo, y tratar de compensar una balanza que en la mayoría de los casos está demasiado descompensada hacia el lado de los halagos.

¡Claro que podemos elogiar a nuestros hijos de vez en cuando! De hecho, es bueno que sepan lo orgullosos que estamos de ellos y lo mucho que nos gusta lo que hacen. Para un niño, recibir el reconocimiento de sus padres es sumamente importante, ya que le hace sentirse querido y aceptado.

Pero no debemos caer en los elogios desmesurados y continuados, ni tampoco olvidarnos de lo realmente importante: la necesidad que tiene el niño de ser alentado y animado para continuar su proceso de aprendizaje.

Fotos |Portada (iStock); Foto 1 (Pexels); Foto 2 (Pexels - Tatiana Syrikova); Foto 3 (Tina Nord en Pexels)

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