Por qué decirle a un niño "pórtate bien" resulta confuso, inapropiado y no sirve para educar

Por qué decirle a un niño "pórtate bien" resulta confuso, inapropiado y no sirve para educar
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A menudo, los padres solemos decir a nuestros hijos que "se porten bien", presuponiendo que ellos entienden qué queremos decir exactamente con esta frase hecha.

Pero si te pregunto qué es para ti "portarse bien" es probable que tu respuesta no coincida con la de otro padre, y mucho menos con la idea que tiene el niño. Y es que para cada uno de nosotros, "portarse bien" puede tener una connotación diferente.

Hoy reflexiono acerca de esta frase y de cómo los padres la hemos llegado a normalizar en nuestras conversaciones, empleándola incluso desde que nuestros hijos son bebés.

¿Qué significa "portarse bien" y "portarse mal"?

portarse bien
¿Qué significa "portarse bien"? ¿Qué queremos decirle exactamente al niño cuando le soltamos esta frase? ¿Qué significa para ti que un niño "se porte mal"?

Creo que es importante reflexionar acerca de estos conceptos y de cómo hemos llegado a normalizarlos, hasta tal punto que incluso tenemos la firme convicción de que la persona que tenemos en frente entiende exactamente lo mismo que nosotros.

Y para muestra, recreamos esta escena que seguro que a más de uno le resulta familiar:

Va una madre paseando con su bebé recién nacido y un conocido la para y le pregunta: "¿qué tal se porta el bebé?", a lo que la mujer responde: "Fenomenal, duerme bastante bien y come como un glotón".

Así, vemos que a pesar de la pregunta sumamente ambigua (y absurda, pero esto es otro tema que luego comentaremos) del vecino, la madre ha interpretado que ese "portarse bien" hace referencia a "dormir y comer", de ahí su respuesta.

Quizá en el caso de los bebés, el "portarse bien" esté limitado a estas dos acciones básicas, pero a medida que el niño va creciendo las connotaciones también van cambiando.

portarse bien

De esta forma, podemos considerar que "un niño se porta bien" cuando se está quieto, cuando obedece sin rechistar, cuando no levanta la voz, cuando se come toda la comida del plato, cuando nos hace quedar bien socialmente... en definitiva, cuando hace lo que nosotros queremos que haga en cada momento.

Pero cuando analizamos realmente el peso de estas palabras es cuando nos damos cuenta de lo absurdas que resultan.

¿Acaso el niño que salta en un charco, grita, se niega a saludar con dos besos a una señora que no conoce o no se termina la comida se está "portando mal"? ¿Un bebé que llora, extraña cuando su madre se va o demanda continuamente atención, "se está portando mal"?

En definitiva, un niño que se comporta como niño que es, ¿está siendo "malo" o "portándose mal"?

Seguro que muchos diréis que se trata de una frase hecha y que no hay que sacarle "más puntilla". Pero las palabras crean realidades, y si queremos criar niños libres de etiquetas hemos de empezar desterrando esta frase tan desafortunada y carente de sentido.

Por qué debemos dejar de decir a los niños que "se porten bien"

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Siempre lo decimos: los niños no vienen al mundo a fastidiar al adulto ni hacen las cosas que hacen con la intención de molestar.

Los niños lloran y estallan en rabietas porque es la única forma que tienen de expresarnos su malestar. Se pelean con otros niños porque no tienen aún las herramientas emocionales necesarias para solucionar sus problemas de forma pacífica. Pueden "provocar un desastre" en cuanto nos damos la vuelta porque es la forma que tienen de aprender y experimentar. Muestran disconformidad cuando algo no les gusta o cuando el juego se acaba y toca regresar a casa...

En definitiva, no nacen con las normas sociales aprendidas, ni saben lo que está bien o lo que está mal; lo que pueden hacer en un momento dado y lo que no. Pero esto no significa que "sean malos o se estén portando mal".

Pedirle a tu hijo que se porte bien cuando vais a algún sitio - simplemente para tu tranquilidad o para que otros vean "lo bueno que es" - es pedirle al niño que actué contra su propia naturaleza, además de no respetar la esencia de la infancia.

Esto no significa que los niños deban hacer lo que quieran y cuando quieran, si esto afecta o molesta a otras personas. Pero aprender es un proceso que no sucede de la noche a la mañana, por lo que decir "pórtate bien" no solo no educa , sino que no servirá de nada y nos enfrentará con nuestro hijo, pues ni él/ella entenderá lo que le estamos pidiendo con esas palabras.

Qué alternativas educativas y positivas emplear en lugar de "pórtate bien"

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Vamos a poner un ejemplo para ver de forma más clara cómo podemos afrontar una determinada situación y cambiar el "pórtate bien" por otras alternativas más educativas y respetuosas.

Supongamos que vamos a visitar a un pariente de edad avanzada a su casa. Esta persona se pone nerviosa cada vez que nuestro hijo pequeño toca sus adornos de cristal, por lo que nosotros queremos intentar evitar que el niño haga nada que pueda molestar.

Pero para un niño de dos, cuatro o seis años, curiosear los adornos en una casa ajena es emocionante y divertido. Además, son tan coloridos, brillantes y tienen formas tan originales, que es difícil resistir las ganas de tocarlos.

Por eso, y aunque pensemos que será suficiente con advertir al niño "que se porte bien" antes de atravesar la puerta de su casa, lo cierto es que nuestro hijo necesita más de nosotros.

"Pórtate bien" es una expresión demasiado amplia, y para los niños lo es mucho más. Así que debemos concretar y explicarle claramente cuáles son los límites que no puede quebrantar en el momento en que pisemos la casa:

"Para la tía abuela, esos adornos tienen un importante valor. Los aprecia mucho y se pondría muy triste si se rompieran por tocarlos, al igual que tú te entristecerías si se rompiera tu muñeco favorito"

"Por eso es importante no tocarlos para evitar accidentes. No obstante, si sientes curiosidad por algún adorno en concreto, dímelo y te lo muestro encantada."

"Pero hay algo sumamente divertido que vas a poder hacer en casa de la abuela, y es jugar en el inmenso patio que tiene y que está repleto de árboles frutales. ¿Qué te parece la idea?"

De este modo, nuestro hijo entenderá qué es exactamente lo que no puede hacer cuando vayamos a visitar a nuestro familiar y por qué es importante para otros que él/ella cumpla esa condición.

Por otro lado, también es recomendable ofrecer al niño otras alternativas de ocio seguras y atractivas, con el fin de no centrarnos únicamente en las prohibiciones.

Educar a un niño requiere de tiempo, paciencia, amor, empatía y límites claros, justos y respetuosos. Evidentemente, durante este proceso harán cosas que a los adultos no nos gusten, pero cuando eso suceda debemos saber acompañarlos, guiarlos y educarlos; mostrándoles lo que está mal y ayudándoles a aprendiender de los errores.

Fotos | iStock, Pexels

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