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Una ruptura amorosa en la adolescencia puede dejarle huella: cómo ayudar a tu hijo o a tu hija a superarlo

Una ruptura amorosa en la adolescencia puede dejarle huella: cómo ayudar a tu hijo o a tu hija a superarlo
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Puede parecerte que un desengaño amoroso en la adolescencia sea algo sin importancia, algo que pasará fácilmente, pero cuando ves a tu hijo destrozado por esa relación que no funcionó, por ese ex que le dejó, a quien se le parte el corazón es a ti. Tener claro qué puedes hacer para ayudarle y qué no debes hacer si no quieres que se cierre en banda no es fácil, por eso aquí te dejamos algunos consejos.

Qué puedes hacer...

1. Escúchale

Si tu hijo adolescente viene a ti con intención de hablar, de contarte algo, de sí mismo o del ex en cuestión, por favor, escúchale, en el momento, porque es importante.

Nos pasamos toda la infancia de nuestros hijos queriendo forjar una relación de confianza, ahora no podemos fallar en un momento tan delicado para ellos.

Puede que te parezca que se trata de algo que pasará rápido y listo, puede que los motivos de la ruptura te parezcan una chorrada, puede que no entiendas ni por qué estaban juntos... pero eso no importa ahora mismo, lo que importa es que tu hijo ha recurrido a ti, así que tienes que estar disponible.

Y si no se acerca a ti para hablar, busca momentos a solas, sin presión y sin forzarlo, e intenta fortalecer el marco de confianza entre ambos para que, si lo necesita, recurra a ti.

2. Respeta sus emociones, no cuestiones el impacto de lo sucedido

Cuando nos convertimos en adultos de pronto filtramos todo lo que sucede en edades anteriores a la nuestra y nos parecen nimiedades, cositas sin importancia. Pero la realidad es que cuando tienes esa edad, lo son, y mucho.

Para un niño de 4 años que su robot nuevo se rompa puede ser un verdadero drama, para uno de 12 que sus amigos no le inviten a un cumple puede significar un mundo... y un adolescente puede vivir una ruptura de pareja como el fin del suyo, de su mundo.

Así que vamos a intentar no ver las cosas con los ojos de “adulto con hipoteca y un montón de problemas de los de verdad”, si no con los ojos de un padre, de una madre, que solo quiere que su hijo sea feliz.

3. Ayúdale a fortalecer todos los ámbitos de su vida para reflotarla

La tristeza lleva a la inactividad, a encerrarse en su cuarto y no querer hacer nada, y eso no puede ser. Las personas para estar bien necesitamos hacer cosas que nos proporcionen satisfacción, que nos hagan sentir útiles, que nos den vidilla.

No podemos “dejar que deje de hacer” porque entonces su estado de ánimo se resentirá cada vez más: cuando menos hacemos, menos nos apetece hacer... y entonces entramos en un bucle que no nos interesa.

Quedar con amigos, mantener las relaciones sociales, ir a sus clases, hacer y practicar sus hobbies o cuidarse físicamente son cosas que seguramente deje de hacer en un primer momento, pero que conviene que poco a poco vaya retomando.

Puede que le cueste, pero cuéntale que aunque de una tarde entera con sus amigos solo desconecte del dolor 15 minutos, ya son 15 minutos ganados, ya es un ratito “no malo”. Además, cuanto más haga mejor se va a sentir, y esos 15 minutos pasarán un día a ser 25, 45...

4. Redes sociales

Antes de la era de Internet ante una ruptura uno sufría al pensar en el ser amado que le abandonó, al ver alguna de sus pertenencias, al oler su perfume... Hoy en día además de todo eso podemos ver las redes sociales del ex en cuestión, qué hace, qué dice... y con quién lo hace.

Imagina la tortura para tu hijo. Por eso es recomendable, para ellos y para cualquiera que tenga una ruptura en estos tiempos, es darse una pausita en redes sociales o por lo menos reducir "el consumo/presencia" (a muchos adolescentes si le dices que dejen las redes, les da un patatús, así que nada de prohibir), y/o bloquear al ex en cuestión.

¿Por qué? Porque cuando están dolidos (cuando estamos dolidos) queremos saber del otro, y el riesgo de que tu hijo se pase el día mirando “el Facebook” de su ex, sus vídeos en Musica.ly o analizando sus fotos en Instagram, es alto, y no le sirve para nada bueno... más bien para obsesionarse.

Pasado un tiempo, cuando la cosa haya reposado, no habrá problema en retomarlo, en desbloquearle e incluso puede que lleguen a ser buenos amigos... pero eso ahora mismo no es especialmente factible, de manera que hoy, ahora, el 2.0 “del otro” solo le aportará malestar.

chico joven tapado con capucha sentado en el suelo, triste

Intenta evitar...

Cuando alguien que nos importa nos cuenta un problema o algo que le hace sentir mal tendemos, con buena intención, claro, a decirle qué tiene que hacer, cuál es la solución al problema y/o a contarle nuestras experiencias al respecto (con detalle, además).

Lo hacemos con ánimo de ayudar, pero la realidad es que en muchas ocasiones el que nos habla solo quiere que le escuchemos y, a poder ser, con un poco de empatía.

¿No te ha pasado alguna vez ser tú la que necesita que la escuchen y abracen, y en cambio te han dicho qué tendrías que hacer? Seguramente lo veas claro si piensas en tu relación de pareja (es algo que veo a menudo en consulta, así que no, no te pasa solo a ti).

Si tu hijo adolescente viene a hablarte de cómo se siente, de su ex, o de lo que sea, por favor, evita:

  • Restarle importancia: las rupturas amorosas en estas edades pueden llevar a un verdadero malestar emocional, favorece el desarrollo de trastornos del estado de ánimo como la depresión y también aumenta, según diversos estudios, el riesgo de suicidio, hasta en un 9,9%, así que nada de “son cosas de adolescentes” como si eso no tuviera importancia, por favor.
  • La tentación de contarle tu Top 3 de decepciones y dolores amorosos es grande, pero recuerda que este es su momento. Si te pregunta, si ves que encaja, bueno, habla de ello, pero no te vengas arriba y monopolices el discurso porque entonces perderás su atención y además sentirá que no le escuchas y que solo quieres hablar.
  • Criticar a su ex. Esto vale tanto para hijos adolescentes como para cuando se separen unos amigos tuyos. Repite conmigo: No criticaré al otro. No criticaré al otro. Por mucho que se haya acabado la relación probablemente los afectos seguirán ahí, así que le va a doler en el alma oírte hablar mal de su ex. Además, y esto te habrá pasado, cuando critican a alguien que nos importa tendemos a ponernos a la defensiva y a polarizarnos, y eso es justo lo contrario de lo que pretendemos con los hijos, ¿cierto? Por otra parte, si de pronto ve que criticas a su ex, que no te gustaba, sentirá que no apruebas sus decisiones, que le has estado engañando todo este tiempo, y por tanto dejará de confiar en ti. Desastre total.
chica con las manos en la cara, llorando

Si el tiempo pasa y el ánimo no mejora...

Una ruptura, tengas 16 o 36 años, es, a nivel emocional, un proceso muy similar al de un duelo: a fin de cuentas estás despidiéndote tanto de un ser querido como de un proyecto de vida (común), y eso no es poco.

Como duelo es preciso pasar por una serie de fases que requieren “hacer” y no abandonarse, hablar, salir, quererse... Pero además de todo eso, una ruptura requiere tiempo, así que no esperes que tu hijo esté como unas castañuelas al día siguiente (pero si lo está, fenomenal).

Ahora bien, si pasan las semanas, si vemos que cada vez hace menos, que no cesa el llanto, que hay apatía, tristeza... que no sale, ni quiere salir, que abandona esas cosas que antes le llenaban, y no hay mejora alguna, acudid a un profesional, seguro que puede ayudaros.

El amor es maravilloso, y las rupturas... dolorosas, a todas las edades. A nadie le gusta ver a sus hijos sufrir, pero piensa que es una experiencia más en la vida, que le ayudará a madurar, a conocerse... y a conocer al tipo de personas con las que no quiere estar, por ejemplo.

Escúchale, apóyale, acompáñale, sin críticas, sin juicios, sin presión: no hay nada más delicado que el corazón de un adolescente. ¡Ánimo!

Fotos: Pixabay.com

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