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Hay que querer a los adolescentes cuando menos se lo 'merecen', porque es cuando más lo necesitan

Hay que querer a los adolescentes cuando menos se lo 'merecen', porque es cuando más lo necesitan
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Jaume Funes, psicólogo, educador y periodista lo tiene claro: "Nunca he encontrado adolescentes malos", y eso que, según nos cuenta, ha trabajado con chicos de bandas callejeras o con problemas de heroína. "¡Ojalá todos fuésemos como los adolescentes", asegura.

De hecho su último libro "Quiéreme cuando menos me lo merezca... porque es cuando más lo necesito" es una guía para padres y maestros de adolescentes.

Funes ha hablado con nosotros de las capacidades de estos niños (que son muchas) y responde a nuestras dudas para ayudarnos a convivir activa y positivamente con nuestros jóvenes.

No podemos dejarles solos

No vamos a engañarnos. Que levante la mano el padre o la madre que nunca se ha sentido desorientado e impotente ante alguna actitud de su hijo adolescente. Difícil, ¿verdad? Nos desvivimos por ellos desde que nacen, nos adoran y de repente, parece que no quieren saber nada de nosotros, como si ya no nos entendiésemos.

Y sin embargo, Jaume Funes, psicólogo y educador, que lleva trabajando muchos años con jóvenes, nos asegura que solo es una pose, que realmente siguen necesitándonos:

"Ante todo debemos dejarlos crecer y tratar de entender que sus respuestas, aparentemente duras, no son otra cosa que mensajes ocultos para seguir sintiéndose queridos, para no sentirse obligados a descubrir la vida en soledad".

Nos gusta su punto de vista, nos han parecido muy útiles los consejos para padres y adolescentes que aporta su último libro "Quiéreme cuando menos me lo merzca... porque es cuando más lo necesito".

Así que le hemos seguido preguntando qué hacer para alcanzar un equilibrio emocional que nos ayude a mejorar la relación con nuestros hijos. Estas son sus respuestas.

¿Cómo son nuestros adolescentes?

Se rigen por criterios de curiosidad, quieren innovar, cambiar la vida. Pero, según veo en los claustros de profesores de Secundaria, nos dejamos llevar por su 'mala fama' y somos incapaces de ver al adolescente.

Primero nos fijamos en sus problemas y no pensamos que se trata de personajes que están descubriendo la vida y nos incomodan porque nos llevan a la controversia, odian la hipocresía, y nos mueve de nuestro sillón de adulto. Y todo lo achacamos a que tienen un problema.

Pero no tiene que ser así: es su lógica la que tenemos que descubrir y entender.

¿Podemos los padres seguir educándoles?

¡Por supuesto! Los chavales con problemas son aquellos que no cuentan con nadie a su alrededor. Es cierto que no nos vale, ni necesitan, nuestra tutela de cuando eran niños, pero hay que seguir educándoles.

¿Y cómo podemos hacerlo? Negociando y enfadándonos, porque es difícil convivir sin que surja algún conflicto.

Ahora necesitan una relación educativa diferente y nos debatimos entre combatir o pasar de ellos. Tenemos que entender que son adictos a descubrir la vida, a hacerse adultos responsables.

Pero ¿y si fracasamos como padres?

No existen padres desastres, igual que tampoco hay niños 'Ikea'. Es decir, aquellas parejas que tienen la casa completa y les falta un niño que quede bien en el conjunto.

Porque ese niño crece, y los padres están cansados y no saben cómo tratar a ese nuevo personaje en el que se ha convertido su hijo. Parece saberlo todo y no le interesa la experiencia paterna. Y ni siquiera deja que sus padres le abracen...

En este momento de su vida, tenemos que descubrir otras formas de ayudar al adolescente y si no sabemos, pedir ayuda cuanto antes.

¿Cómo podemos ayudar a nuestro hijo?

Los padres tenemos que entender que están enfadados y que aunque parezca lo contrario, no 'se apañan' solos. Es un momento incómodo con ellos, aunque quieren vivir acompañados, pero a distancia.

Solo buscan compañía cuando ellos lo necesitan, y eso es lo que más incomoda a los adultos. "Me quiere, pero depende del día" y no pueden quedar solos porque se perderían.

Y como padres, no pasa nada por hacerlo mal. Tenemos derecho a ponernos histéricos (es normal que nos saquen de quicio), pero sí tenemos que reconocer después antes ellos que nos hemos equivocado.

Somos seres humanos ante un personaje provocador por excelencia. Podemos ser muy rígidos y llegar a agobiarle, agobiarnos. No pasa nada por reconocer: "Ayer fue mal".

"Lo más importante es que sepan que nos tienen ahí ante cualquier dificultad, que somos accesibles y que pueden hablar con nosotros de cualquier tema".

Además, aunque está claro que los padres no pueden ser amigos de sus hijos adolescentes, sí pueden contar con otros adultos en los que se pueden apoyar.

Y nosotros podemos quedarnos para el final, pero siempre presentes, cuando ya no tengan a donde acudir. Somos sus padres.

¿Alguna clave para educarles?

1. Aprender a mirarles, a descubrir cómo son, qué les interesa en el conjunto de su vida, qué hacen en su día a día y no solo hablar con ellos cuando tienen problemas.

2. Acompañar todos los días, porque no cambian de un día para otro. Hay que decirles todos los días que estamos ahí y mantener la calma con ellos, ya que no evulucionan de forma lineal.

3. Ayudarles a descubrir sus sentimientos. Que tengan cerca a alguien que les ayude a sincerarse, aunque no seamos sus padres.

4. No pretender que sean como nosotros queremos. En la adolescencia lo ponen todo boca abajo. Pueden terminar siendo como nosotros queremos, pero no en estos años.

Ahora les toca vivir y ser felices. Tenemos que dejarles que sean ellos mismos.

5. Entender sus preocupaciones. Vivimos en una sociedad donde parte de las preocupaciones nos las creamos y ellos las reciben inducidas desde fuera.

Primero deben aclararse con ellos mismos de los cambios propios de la pubertad, descubrir cómo son, qué quieren ser...

Y hoy aún es más complicado porque crean su identidad en las redes sociales, y es universal.

Así que hay que acompañarles pero dejar que experimenten, que descubran qué pueden hacer y qué no. Se encuentran en un mundo diferente a la infancia y ven que existe otra vida además de la escuela y eso también les crea angustia y preocupación.

Se debaten en aceptar lo que les venden y encontrar explicaciones a la política, la historia...

Pero su mayor preocupación quizás se centre en sus amistades, en copiar una idendidad de los que son como ellos.

Porque está claro que no se pude ser adolescente sin contar con una red de relaciones de miembros iguales. Y cuando no existe, empiezan los problemas.

Por eso, hay que comprenderlos y entender que hagan más caso a sus amigos porque viven igual, aunque esas amistades no nos gusten y su relación nos cree una preocupación extra.

¿Cómo ayudarles si no se comunican con nosotros?

Madre hablando con su hija adolescente

Hay un capítulo entero en el libro de Jaume Funes dedicado a '¿Cómo preguntar a un adolescente y lograr una respuesta útil?' Lo que deja claro lo mucho que nos preocupa a los padres la 'incomunicación' con nuestros hijos adolescentes. Y así lo confirma el autor, dándonos algunos trucos.

Se van a abrir si:

  • Sabemos aprovechar los momentos oportunos. Aunque sean los más inoportunos para nosotros, pues es cuando estamos más cansados.

  • No realizarles un interrogatorio en cuanto entren por la puerta.

  • Preguntar en momentos en los que no lo esperan.

  • Compartiendo nuestra vida con ellos. Cambiar los papeles, también tranquiliza.

  • Sentarse con ellos y preguntar, si no cosneguimos que se abran a nosotros de otra forma. Quizás no nos den la razón o parezca que no escuchan, pero les haremos llegar la idea. Eso sí, buscando siempre el diálogo, no la confrontación.

Y al terminar el libro, aún queda una pregunta flotando en el aire y que compartimos con el autor:

"¿Seremos alguna vez capaces de ver la vida de los adolescentes en positivo y no como un problema?"

Y por nuestro bien y el de nuestros hijos quiero creer que sí: porque les queremos como son y valen muchísimo, aunque a veces consigan sacarnos de nuestras casillas. Son chicos fantásticos.

Al menos nos queda el consuelo de pesar que también nosotros fuimos adolescentes y que logramos superarlo. Así que ellos también pasarán esta etapa.

Fotos | iStock

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Quiéreme cuando menos me lo merezca... porque es cuando más lo necesito: Una guía para padres y maestros de adolescentes (Divulgación-Autoayuda)

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