Flexibilidad mental: qué es y cómo potenciarla en los más pequeños

Flexibilidad mental: qué es y cómo potenciarla en los más pequeños
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La mayoría de los niños, al igual que los adultos, están constantemente adaptándose a los cambios de su entorno, así como a las demandas y exigencias de este. Van cambiando su conducta en función de lo que les rodea, y la ajustan para que esta sea más adaptativa.

Sin embargo, no todos los niños se adaptan igual a los cambios; con esto tiene que ver una habilidad cognitiva muy importante, que es la flexibilidad mental. Pero, ¿qué más sabemos de esta habilidad? ¿Cómo podemos potenciarla en los más pequeños y por qué es tan beneficiosa para ellos?

Flexibilidad mental: ¿qué es?

La flexibilidad mental, o flexibilidad cognitiva, es una habilidad cognitiva, igual que lo sería el lenguaje, la atención o las destrezas motoras. Esta habilidad cuenta con su propio desarrollo y maduración a nivel cerebral.

Hemos de tener en cuenta que esta maduración se completa alrededor de los 20 años de edad; sin embargo, la flexibilidad mental, igual que otras destrezas cognitivas, puede entrenarse desde bien pequeños con pequeñas acciones diarias, ejercicios, etc. Pero, ¿qué es exactamente esta habilidad?

Se podría definir como "la capacidad de nuestro cerebro para adaptar nuestra conducta y nuestros pensamientos a las situaciones del entorno, pudiendo ser estas novedosas, inesperadas o cambiantes".

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Esta capacidad nos ayuda a identificar aquellas conductas que ya no nos funcionan, o que ya no nos resultan adaptativas, para cambiarlas por otras más funcionales. Y esto se extrapola a los pensamientos (el hecho de cambiar de forma de pensar).

Gracias a la flexibilidad mental los niños pueden reajustar su conducta en función de las demandas y exigencias del entorno, lo que favorece su autonomía y su capacidad de adaptación. Pero, ¿cómo potenciamos esta flexibilidad?

¿Cómo potenciar la flexibilidad mental en los más pequeños?

Os dejamos cinco ideas para trabajar la flexibilidad mental en los más pequeños, que son acciones que podemos incluir en el día a día de forma más o menos sencilla.

Anímales a salir de la zona de confort

El hecho de salir de la zona de confort puede ayudar a los más pequeños a potenciar su flexibilidad mental. ¿Por qué? Porque les conduce a retos, a situaciones nuevas que deberán afrontar...

Y todo ello, nos proporciona un ambiente ideal para empezar a trabajar la flexibilidad mental. ¿Cómo podemos hacerlo? Algunas ideas: ofreciéndoles nuevas actividades, retos, planes diferentes en familia, un escape room para niños...

Estimula la lectura y/o la escritura

La lectura y la escritura son dos herramientas ideales para potenciar la imaginación. Y la imaginación es tanto causa como consecuencia de la flexibilidad mental.

Es decir, cuanto más trabajemos en ser imaginativos, más capacidad para flexibilizar la mente tendremos, y viceversa; en general, a mayor flexibilidad, mayor imaginación.

Por ello, propón este hábito con tus hijos: el de leer y/o escribir. Pueden ayudarte cuentos o libros que sean de su interés, recursos para crear historias, juegos, etc.

Un objeto que sirve para otras cosas

En este caso os traemos un ejercicio, o un pequeño juego, que consiste en lo siguiente: seleccionaremos X objetos del salón, de la habitación, de la mochila de la escuela (de donde queramos). Y de cada objeto, por turnos, tendremos que decir algunas ideas sobre: para qué podríamos usar ese objeto (diferentes a sus usos cotidianos).

Por ejemplo, ¿para qué podemos usar una pelota si no es para jugar? Una idea sería "para hacer masajes en los brazos". Lo que hacemos con este juego es trabajar la flexibilidad mental de los más pequeños, su originalidad, ya que les invitamos a que vayan "más allá" de lo visible, de lo tradicional, de lo que ya conocen...

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Cambia las cosas de lugar

Cambiar las cosas de lugar en casa; se trata de una acción sencilla que puede ayudar a nuestros hijos, especialmente si son pequeños, a desarrollar la flexibilidad mental.

Hablamos de cosas que no sea imprescindible que estén en un determinado lugar; por ejemplo, un juego, una silla de su habitación, un libro, un elemento decorativo...

El hecho de que tengan que buscar las cosas en otro lugar, sumado al hecho de ver el ambiente diferente, puede ayudarles a desarrollar esta habilidad.

Buscad puntos de vista diferentes

Ante una situación, un problema, una tarea... Ya sea un conflicto en casa (por ejemplo, una pelea con un hermano), un problema en los deberes, etc., podéis "jugar" a buscar soluciones diferentes a esa situación o problema.

Puedes planteárselo a tu hijo como un juego y hacer "lluvia de ideas", apuntarlas, modificarlas... Por ejemplo: hay un conflicto con el mando de la tele, porque los dos hermanos lo quieren a todas horas.

¿Qué alternativas proponemos? Que cada uno pueda decidir el canal a una determinada hora, que los días pares de la semana lo tenga uno y los impares el otro, etc.

Beneficios de potenciar la flexibilidad mental

¿Qué beneficios tiene potenciar la flexibilidad mental en los más pequeños? ¿Por qué resulta útil la flexibilidad mental? Algunas razones para potenciar esta habilidad en nuestros hijos son...

  • Les ayuda a adaptarse a los cambios o a las novedades de su entorno.
  • Les permite captar diferentes dimensiones de una misma realidad, es decir, observarla desde diferentes puntos de vista, relativizar...
  • Les ayuda a ajustar su conducta, su actitud y pensamientos a cada situación.
  • Les ayuda a fomentar la tolerancia a los cambios que surgen en la resolución de problemas.
  • Les permite generar alternativas novedosas y originales a los problemas.
  • Les ayuda a establecer relaciones, o asociaciones, entre las cosas.
  • Les permite encontrar diferentes soluciones a un mismo problema.
  • Les ayuda a tolerar mejor los errores, los cambios de planes...
  • Estimula su imaginación.
  • Fomenta su empatía; les ayuda a llegar más fácilmente a acuerdos comunes.
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Como ves, potenciar la flexibilidad de los más pequeños les resulta beneficioso para su desarrollo, no solo a nivel cognitivo, sino también a nivel social, afectivo (potencia su empatía), adaptativo, relacional...

Y podemos trabajar esta habilidad en el día a día, no solamente con ejercicios destinados a ello (por ejemplo, ejercicios de estimulación cognitiva, como fichas, actividades, recursos...), sino a través de acciones cotidianas que podemos ir implementando en forma de retos, juegos, etc.

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