Mamás primerizas que no salen de casa con sus bebés: por qué puede suceder y qué hacer en ese caso
Postparto

Mamás primerizas que no salen de casa con sus bebés: por qué puede suceder y qué hacer en ese caso

A muchas (me incluyo), la maternidad llega como un cubo de agua helada cuando lo que te esperas es un baño calentito y tranquilo. Ese cubo puede ser de distinto color, pero diría que la sensación es la misma. El verdadero postparto es un tabú del que hasta ahora se habla, y las manifestaciones de ese baño de realidad tan abrumador pueden ser tan diversos, que podrían haber tantas como mujeres en el mundo. Una de ellas es el de mujeres que no se atreven a salir de casa con sus bebés recién nacidos, un fenómeno del que poco se habla, pero que es más común de lo que pensamos.

No quiero salir de casa con mi bebé recién nacido... ¿qué me pasa?

Mama Primeriza

A muchas nos sorprenden nuestras propias reacciones tras la llegada del bebé. Esa imagen idílica de madre primeriza con un bebé sonrosado y rollizo que hemos consumido desde siempre, choca con el panorama que de repente tenemos ante nuestros ojos al convertirnos en madres.

El peso de la responsabilidad (junto al de la cantidad de líquidos que aún siguen dentro de tu cuerpo), es una carga enorme que generalmente no estamos preparadas para gestionar. El miedo a no hacerlo bien y a no volver a ver en el espejo esa imagen de mujer radiante muchas veces hacen que nos sintamos inseguras de nuestras capacidades o incluso de nuestro físico fuera de ese territorio seguro llamado casa.

El cansancio puede ser otro factor determinante. Si la noche y el día se difuminan en el reloj y dormir es algo que no haces desde que estabas embarazada, probablemente salir a pasear no sea el plan que más te apetezca hacer. Creo que nadie sabe cuántas horas podemos estar despiertas y cuanto cansancio se puede llegar a sentir, hasta que no nos convertimos en madres.

Por eso es fundamental tener en cuenta que hay una línea muy fina que separa el proceso normal de adaptación a nuestro nuevo rol (y que todas sufrimos), con la depresión postparto. Una madre reciente siempre debería contar con una red de apoyo (amigos y familiares), que le ayuden a soportar el peso que supone el nacimiento de un hijo.

¿Qué podemos hacer si esto nos sucede?

Bebe

Informarnos

Todas deberíamos informarnos (antes y después del parto), sobre estas situaciones para normalizar que podemos estar mal, que no tenemos por qué reflejar esa imagen de madre perfecta y feliz desde el minuto uno, y que a cualquiera le puede pasar... incluso a esa mamá de Instagram que va monísima siempre y que aparenta tener una vida perfecta.

Hablar con otras madres

Una de las experiencias más enriquecedoras para una madre reciente, es hablar con una madre con experiencia, a la que ya no le tiembla la voz para decir que la maternidad y la crianza son muy duras. Sentir que no somos "bichos raros" y que la soledad del postparto es una situación que vivimos muchas y en silencio, pueden hacer que ganes autoconfianza y puedas empezar a vivirla de otra manera, sin esa "autopresión" por demostrar que sí, que es lo más maravilloso que te ha pasado en la vida, pero que a veces genera situaciones que te pueden llegar a superar.

Sal a tu ritmo

No hace falta que durante los primeros días te lances a recorrer toda la ciudad. Empieza por paseos muy cortos (justo después de una toma, por ejemplo), para que no tengas que alimentar al bebé en la calle. Poco a poco te sentirás más confiada y el bebé también se acostumbrará a vuestros paseos.

Piensa en lo bueno que traen los paseos tanto para tu bebé como para ti

Recibir la luz del sol nos ofrece muchos beneficios: nuestra piel produce vitamina D cuando la recibimos, pero además nos activa y da lugar a la producción de serotonina, conocida como "la hormona de la felicidad" porque nos produce una sensación de bienestar casi de inmediato.

Para el bebé ese paseo también le supone las mismas ventajas, con el componente adicional de que a muchos les relaja y terminan durmiendo fuera la mejor siesta del día.

Pide ayuda

Ya sea ayuda con las tareas del hogar, con el cuidado del bebé o incluso en forma de terapia, todas deberíamos pedir la ayuda que necesitemos sin ningún tipo de reparo cuando nos convertimos en madres. No te presiones por no poder llegar a cosas que en principio son sencillas como ducharte o preparar la comida. De esta forma seguramente te encontrarás mejor y desencadenarás un efecto dominó en la situación: no olvides que para cuidar bien, primero debes estar bien tú.

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