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Cuando para ellos solo es una vela más en su tarta de cumpleaños, pero para ti es el comienzo de una nueva etapa

Cuando para ellos solo es una vela más en su tarta de cumpleaños, pero para ti es el comienzo de una nueva etapa
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Es inevitable experimentar una mezcla de sentimientos a medida que nuestros hijos van creciendo, y máxime cuando vemos que comienzan a adentrarse en la adolescencia. Para algunos padres, esa emoción contenida llega con cada cumpleaños, mientras que para otros el choque emocional se produce con la llegada de un determinado dígito. Yo pertenezco a este segundo grupo, y el primer añito de mis bebés, los tres años, los seis y los diez, siempre los he vivido de una manera diferente.

Y es que aunque para mis hijos solo suponga una vela más en su tarta, yo creo que estas edades marcan el fin de una etapa y el inicio de otra totalmente nueva, en donde nostalgia y emoción se dan la mano. ¿No os parece también a vosotros?

El primer año del bebé: una evolución impresionante en tan solo 12 meses

Creo que para unos padres no hay una fecha más emotiva, nostálgica y emocionante que la celebración del primer cumpleaños de su bebé. La mayoría queremos celebrar el momento por todo lo alto, recreándonos en fotografías de sus primeros 12 meses y reviviendo una y otra vez cómo fue su nacimiento.

Es inevitable dejar escapar alguna lágrima al percatarse de lo rápido que ha pasado el tiempo, y comprobar que aquel recién nacido que te enamoró por primera vez hace justo un año, es hoy un bebé inquieto, aventurero y sumamente especial.

Cuando mis hijos soplaron su primera velita de cumpleaños, una de las cosas que más me impactó siempre fue verles correteando alrededor de la mesa, con los ojos bien abiertos captando todos los detalles, y su lengua de trapo chapurreando sus primeras palabras. ¡Cuánta evolución en tan solo 12 meses de vida!

Los tres años: el final de la etapa de bebé

¿Hasta cuándo dejamos de considerar a nuestro hijo un bebé?

Para algunas madres, los niños dejan de ser bebés tras cumplir su primer año, pues a partir de ese momento comienzan a ganar más autonomía y su alimentación empieza a asemejarse cada vez más a la de los adultos.

Para otros, la etapa de bebé finaliza en torno a los dos años, cuando se retira el pañal o el chupete y las rutinas diarias comienzan a ser similares a las del resto de miembros de la familia.

Sin embargo, yo siempre he creído que la "etapa de bebé" finaliza al cumplir los tres años, pues a partir de ese momento comienza un periodo totalmente nuevo en la vida del niño, caracterizado principalmente por el inicio del colegio y la adquisición de nuevas habilidades y destrezas, tanto motrices como sociales.

Los seis años: el comienzo de la independencia

Entre las muchas peculiaridades que caracterizan a los niños de seis años destacarían una mayor necesidad de independencia, mayor madurez en sus razonamientos y comportamientos, y un cambio importante en su desarrollo intelectual y emocional.

Desde mi experiencia puedo afirmar que estos cambios se suceden prácticamente de un día para otro (o al menos esa es la sensación que nos da a los padres), y esta es la etapa en la que me encuentro actualmente con mi hija mediana.

Con seis años recién cumplidos, mi pequeña es una niña feliz, con una gran confianza en sí misma y tremendamente autónoma, que disfruta con la compañía de sus amigas e incluso me ha pedido dormir fuera de casa en alguna ocasión (así que a los padres que, como nosotros, practicáis colecho, os recomiendo no hacer caso a eso de que "no saldrán de vuestra cama hasta que vayan a la universidad", porque no es cierto).

El curso que viene comenzará la etapa de Primaria y reconozco que me da mucho vértigo comprobar lo rápido que ha pasado el tiempo, y cómo aquella niña tímida y poco habladora que comenzó el colegio hace tan solo tres años (y cuya experiencia os relataba en este post), es hoy una niña decidida, de ideas muy claras y paso firme.

Los diez años: el inicio de la preadolescencia

Pero sin ninguna duda, el mayor impacto en esto de colocar velas en la tarta de cumpleaños me llegó el pasado verano, cuando mi primer hijo cumplió los diez años. Pensar que hemos comenzado juntos una nueva década, con la adolescencia como telón de fondo, es algo que me aterra, emociona y enorgullece a partes iguales.

Desconozco lo que nos deparará la adolescencia en cuestión, pero por el momento puedo afirmar que la preadolescencia está siendo una etapa especialmente divertida y rica en matices, en la que se suceden las conversaciones de todo tipo y la resolución de dudas que nunca pensé que llegarían tan rápido. En definitiva, creo que este momento me ha hecho crecer de golpe como madre y quiero seguir disfrutándolo durante mucho tiempo más.

Foto de portada | iStock

En Bebés y Más | Mi hijo adolescente ya no es un niño, pero me sigue necesitando incluso más, Las nueve razones por las que doy gracias cada día por mi maternidad

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