Mis razones para querer saber el sexo de mi bebé durante el embarazo

Mis razones para querer saber el sexo de mi bebé durante el embarazo
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Sinceramente entiendo que algunos padres prefieran no conocer el sexo de su bebé hasta que nace. Entre las razones que suelen esgrimir: sorpresa, centrarse en temas más importantes con la salud, vivir la gestación como algo más íntimo, solo de los padres, sin las interferencias de familia y amigos, para no sexualizar a los hijos...

Sin embargo yo tenía clara mi respuesta cuando el especialista me preguntó ecógrafo en mano, si quería saberlo: "sí quiero conocer el sexo de mi bebé". Porque todas las razones esgrimidas para esperar se viven también si se decide no hacerlo... y más. Al menos, esa es mi experiencia.

Cuestión de carácter

A partir de la semana 20 de embarazo los genitales del bebé están totalmente formados, por lo que a través de una sencilla ecografía se puede saber si esperamos un niño o una niña. Pero como no es una ciencia exacta, hay ocasiones en que por la postura no se pueden ver y otras en las que ya en la semana 13 se distingue de qué sexo es.

En mi caso, madre de una niña y un niño, viví los dos extremos, pero en ambos quise conocer su sexo.

Soy una persona nerviosa, inquieta, a quien le gusta no dejar para mañana lo que puede hacer hoy, y a quien le gusta resolver todo lo que está en sus manos para centrarse en otras tareas que implican más dedicación.

Así que cuando me quedé embarazada, mis prioridades no cambiaron. Igual que hice todas las pruebas prenatales inocuas para estar más tranquila sabiendo que mi bebé crecía sano, por qué no saber si iba a ser niño o niña para quitar esa incertidumbre de mi cabeza y así centrarme en las cosas que realmente importaban: cuidarme y cuidarle.

Además, aunque parezca una banalidad, tanto a su padre como a mí nos hacía mucha ilusión imaginarnos cómo iba a ser su carita y resultaba más sencillo si ya conocíamos su sexo. Así también tendríamos menos opciones de volvernos locos eligiendo el nombre perfecto. Incluso resultaba más sencillo quitarnos a los familiares de encima cuanto antes respondiendo a la típica pregunta de "¿qué va a ser?" con una sola palabra concluyente y que pudieran comprar el regalo que quisieran.

Pero el destino siempre nos tiene reservadas sorpresas y así fue en mi primer embarazo. Me lo llevaron por la Sanidad pública, así que me hicieron las tres ecografías incluidas en el protocolo. Era joven y no tenía problemas de salud, así que tampoco me planteé realizar alguna más, porque todo transcurría perfectamente.

Mi marido y yo acudimos a ver por primera vez a nuestro hijo muy ilusionados y nerviosos, confiando en que estaría bien. Incluso llegamos a bromear con la posibilidad de saber ya si sería niño o niña, aún sabiendo que era muy pequeño y que era difícil.

No quiso enseñar sus genitales, pero salimos de allí igual de ilusionados y felices. Creo que en ese momento fue cuando el padre se dio cuenta realmente que sí íbamos a tener un bebé, que era algo real. El sexo era lo menos importante: nuestro bebé crecía bien, no había problemas. Sabíamos que le querríamos fuera cómo fuera, porque ya le amábamos hasta la locura.

Y llegó la esperada segunda ecografía, donde nos comentó la ginecóloga que posiblemente podríamos saber si íbamos a tener un niño o una niña. Pero tampoco quiso desvelar el misterio y regresamos a casa aún más contentos que la primera vez: nuestro bebé ya había crecido un montón y estaba tan perfecto, no presentaba problema alguno.

Así que tendríamos que seguir esperando para imaginarnos su rostro con más certeza o elegir su nombre. En cuanto a preparar su habitación o su ropita de primera puesta, su cuna o su silla...

¡Sin problema! Todo azul y verde, mis colores favoritos. ¿Por qué el rosa es de niñas y el azul de niños? Pueden llevar los tonos que quieran o, en este caso, los que elijamos los padres, sin estereotiparlos desde antes de nacer.

Al fin, en la tercera y última ecografía, el técnico nos hizo la esperada pregunta: "¿queréis saber el sexo de vuestro bebé?" y los dos contestamos al unísono que sí: y entonces Kenya se hizo mucho más real.

Aunque antes de ese día hablábamos de cómo nos imaginábamos que sería nuestro bebé, y de las cosas que haríamos juntos, creo que hasta que no cerré la puerta de la consulta no fui consciente de que estaba convencida de que sería un niño. Y es que las hormonas me jugaron una mala pasada y me puse a llorar (una vez más sin motivo) pidiendo perdón a su padre porque él quería un niño. ¡Menuda tontería más grande! Me aseguró que nunca había preferido un sexo al otro y que estaba totalmente feliz porque a partir de entonces ya podía comenzar a malcriar a su niña:

"Lo siento mucho por ti, pero yo salgo ganando porque las niñas tienen debilidad por sus papás".

Y no se equivocó.

Un embarazo más sosegado

Sexo Bebe 1

Con mi segundo hijo parece que todos los astros se alinearon para que viviera nueve meses de tranquilidad y dulce espera. Es cierto que cuando ya eres madre y no has tenido complicación alguna en tu primer embarazo te enfrentas a la gestación con más sosiego, sabiendo qué te espera o los cambios que va a experimentar tu cuerpo.

Pero también es verdad que dispones de menos tiempo para cuidarte, porque hay un niño que demanda tu atención constante y, en mi caso, añadía el hecho de trabajar para medios de maternidad que me recordaban constantemente todas las cosas que podían ir mal.

Así que cuando en la primera ecografía nos preguntaron ante nuestra sorpresa si queríamos saber el sexo de nuestro bebé, de nuevo respondimos que sí sin pensarlo ni haberlo consultado entre nosotros previamente.

Saber que Yago estaba en camino desde el principio, no era decisivo, pero sí era algo que podíamos controlar, decidir nosotros, porque sobre el resto no podíamos intervenir.

Al contrario que con su hermana, cada vez que comprábamos alguna prenda o preparábamos su espacio es nuestra casa, siempre nos referíamos a él: "¡Qué ganas de ver lo guapo que está Yago con esta camisa" o "Seguro que Yago va a adorar a su hermana".

Soy consciente de que a muchos padres les parecerá una tontería, pero a mí me quitó ansiedad, me ayudó a concentrarme en otras cosas y no perder el tiempo pensando qué hacer o cómo será en el caso de tener genitales masculinos o femeninos.

Está claro que no importa el sexo, sino que crezca sano, y que le vamos a querer sí o sí.

De hecho, como a la mayoría de los padres, me daba igual darle un hermano o una hermana a mi hija mayor. En ambos casos le iba a educar igual, a tratarle igual, a desvivirme por él igual.

Pero me gustó ver como ella pegaba su odio a mi tripa y se dirigía a él dotándole de personalidad porque también se imaginaba cómo iba a ser, cómo le íbamos a vestir o a qué iban a jugar. ¡Me encantó ver su cara de sorpresa y felicidad cuando nos acompañó a "conocer a su hermanito" en la segunda ecografía.

Tampoco hicimos nada especial ni mucho menos una fiesta para desvelar el sexo de nuestro hijo, tan solo lo decíamos cuando nos preguntaban, por lo que así les callábamos más rápido la boca y nos dejaban tranquilos sin tener que soportar las "deducciones científicas de madres experimentadas" como en mi primer embarazo: "Va a ser niña porque tienes la barriga redonda", "vas a tener un niño porque estás muy guapa"...

Y en cuanto a la ilusión de descubrirlo en el momento del parto... Yo prefiero dosificar al sorpresa, porque ¿no es suficiente alegría y emoción sostener por primera vez a tu hijo en brazos o comértelo a besos mientras recorres cada detalle de su pequeño cuerpo?

Como ya adelantaba al principio de mi reflexión, este es solo mi testimonio y comprendo por qué hay padres que no piensas como yo. Pero te aseguro que decidas lo que decidas, las dos opciones son igual de increíbles y válidas. ¿No opinas igual?

¡Por cierto! Si decides que no quieres conocer el sexo de tu bebé, avisa antes de la ecografía para que no te estropeen la sorpresa antes de lo esperado.

Fotos | iStock

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