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"En nuestra sociedad a los niños se les ningunea". Entrevista al psicólogo Ramón Soler

"En nuestra sociedad a los niños se les ningunea". Entrevista al psicólogo Ramón Soler
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Tras largas horas de conversación hemos compartido con los lectores nuestra entrevista al psicólogo Ramón Soler, en la que nos hemos centrado en la violencia hacia los niños y sus causas.

Queremos terminar dando un paso adelante, planteándonos lo que puede cambiar el mundo si criamos y educamos en el respeto hacia el niño de manera completa. Queda mucho por avanzar, pero lo que promete una crianza sin violencia es esperanzador.

Pero los padres somos humanos, ¿no tenemos derecho a perder los nervios si los niños nos están volviendo locos?

La verdad es que es un tema muy complicado que no tiene fácil solución. Hay padres que realmente tienen intención de cambiar el tipo de educación que recibieron en su infancia para que sus hijos no la sufran.

Lo que sucede es que, en situaciones de tensión y agotamiento, nuestra parte adulta pierde el control y aparecen aquellas reacciones de nuestra infancia que quedaron grabadas a fuego, pero que queremos desechar.

Hay que estar muy atentos para detectar qué situaciones son las que nos alteran y poder relacionarlas con nuestra infancia. Con toda probabilidad, sean reacciones que hemos visto en nuestros padres o personas de nuestro entorno. Desde luego, tenemos que esforzarnos mucho y poner todo de nuestra parte para calmarnos justo en esos momentos y cambiar ese primer impulso que nos sale. No es una tarea fácil, pero debemos tener muy claro que merece la pena y que el beneficio para nosotros y nuestros hijos será enorme.

¿Cuando es el momento más propicio para que cambie la percepción sobre la crianza violenta?

Las madres tienen una oportunidad única para hacer este trabajo durante el puerperio. Es una época en la que se está especialmente conectada con la infancia y pueden aprovecharla para replantearse las actitudes que tuvieron sus padres con ellas para buscar alternativas mucho más sanas.

La mayoría de las veces, para poder cambiar estos patrones automáticos, hará falta buscar una terapia que les ayude a desprogramar esos aprendizajes y desvincularse de toda la influencia negativa de los padres.

¿Obediencia o empatía? ¿Cuál es el objetivo de la educación para una convivencia pacífica?

El modelo educativo depende de la concepción que tengamos del niño y del tipo de sociedad que queramos conseguir.

En la primera mitad del siglo XX se sentaron las bases ideológicas de dos concepciones opuestas sobre la educación. Por un lado, los psicoanalistas, con su visión negativa y agresiva del niño, pensaban que “el objetivo de cualquier educación es enseñar al niño a dominar sus instintos” (Freud, 1920). En el otro extremo se encontraba Wilhelm Reich, que defendía que la educación consiste en respetar y potenciar las necesidades naturales del niño, lo que posibilita que crezcan felices.

Si deseamos una sociedad pacífica y respetuosa con los demás y con el planeta, debemos criar a nuestros niños en el respeto y la empatía.

Existe siempre el temor de que si educamos en empatía nuestros hijos se conviertan en tiranos, ¿los niños que son respetados y escuchados, serán capaces de ponerse en la piel de otro o siempre serán unos caprichosos malcriados?

Quizás se entienda mejor si empezamos mirando desde el ángulo opuesto. Los niños que han sufrido algún tipo de carencia emocional o física en su infancia, crecerán intentando compensar esa falta.

Para intentar llenar el vacío que sintieron de pequeños, llamarán la atención, pedirán cosas aunque no las necesiten, serán incapaces de ponerse en el lugar del otro y pisarán a quien haga falta para conseguir sus objetivos. Estos sí que serán los niños “caprichosos y malcriados”, tal y como lo entiende la mayoría, aunque en el fondo, son las pobres víctimas de unos padres que no les han sabido dar las herramientas emocionales para manejarse en la vida.

Harán lo que sea para intentar atraer la atención de papá o mamá, aunque ya hayan crecido y sean adultos o aunque sus padres ya hayan muerto.

Volviendo a la pregunta, los niños que, de pequeños, han tenido cubiertas sus necesidades básicas de atención, cuidados, mimos y respeto, crecerán mucho más sanos emocionalmente.

Si los niños han sido respetados y escuchados, podrán respetar y sabrán escuchar. Es así de sencillo.

Ramón, pero, criar con respeto, no es darles todo lo que pidan ¿verdad?

En realidad, darles todo lo que pidan no es nada respetuoso con los niños.

Lo único en lo que no debemos escatimar con los niños es en el tiempo y la atención que les dedicamos. Tiempo para jugar con ellos y tiempo para explicarle las cosas cuando no puedan ser como ellos desean.

Para algunos padres, darles a sus hijos todo lo que piden es una manera fácil de tenerlos entretenidos para que no les molesten y, así, no atender a sus verdaderas necesidades, pero esto no es nada respetuoso.

Hay quien afirma que los niños a los que no se corrige con castigos o nalgadas terminan siendo unos dictadores incapaces de negociar o respetar a sus padres. ¿Qué opinas de eso?

Lo que ocurre es, precisamente, lo contrario. Los niños que no han sido criados con azotes y han tenido cubiertas sus necesidades de atención y respeto cuando han sido pequeños, son más pacíficos y empáticos.

El respeto verdadero no se impone por la fuerza ni mediante una tabla de mandamientos (como el “honrarás a tu padre y a tu madre”), es algo que se gana en el día a día.

Si pretendemos imponer el respeto a base de castigos y azotes, entonces no hablamos de respeto, sino de sumisión y miedo.

Los niños criados de forma autoritaria serán los que se conviertan en agresivos ingobernables o sumisos.

Responderán con violencia frente a las personas de confianza y abusarán de otros niños más pequeños, o se dejarán abusar por personas más autoritarias. En realidad, únicamente estarán repitiendo el modelo que han visto en su casa y que han sufrido en sus propias carnes.

Empecemos por el principio, ¿tienen que obedecernos siempre los niños?

Eso se nos ha dicho y bajo ese mandato hemos crecido nosotros, pero la realidad es que los padres no poseemos la verdad absoluta y, si no tenemos mucho cuidado, los niños pueden terminar amoldándose a nosotros para crecer a nuestra “imagen y semejanza” y cumplir los objetivos que nosotros les marquemos.

Los niños tienen sus propios intereses y capacidades. Los padres sólo podemos estar atentos y proporcionarles el entorno necesario para que se desarrollen.

Para los padres es un trabajo muy difícil, ya que requiere un profundo trabajo para superar nuestro “ego” y nuestras frustraciones no cumplidas.

Sobre este tema, siempre recuerdo el maravilloso texto de Khalil Gibran hablando de los hijos en El Profeta: “Vuestros hijos no son hijos vuestros. Son los hijos y las hijas de cuanto la Vida desea para sí misma. Son concebidos por medio de vosotros, mas no de vosotros (...)”.

Yo pienso que los niños son ciudadanos de segunda en nuestra sociedad, ¿estás conforme con esa afirmación?

En nuestra sociedad occidental, los niños no son tenidos en cuenta para nada, se les ningunea.

En lugar de prestarles atención para escuchar sus necesidades particulares, pretendemos que se adapten cuanto antes a nuestro estresante ritmo de vida. Les separamos de sus madres, les estimulamos para que se desarrollen más rápido de lo que sus capacidades les permiten o les presionamos para que dejen los pañales aunque no estén preparados para ello. Queremos que sean como adultos en miniatura, sin tener en cuenta que su mundo y sus puntos de vista son totalmente distintos a los del adulto.

Nuestras ciudades no están pensadas para los niños. Los parques naturales con árboles, sombra y espacio para correr y jugar libremente han sido sustituidos por enormes superficies de cemento con un pequeño espacio acotado (a pleno sol) para los niños, con unas estructuras de plástico que limitan la creatividad en los juegos. En los parques modernos la forma de jugar ya está predefinida, sólo se puede subir, bajar, trepar o deslizarse de una única manera.

El máximo ejemplo de que los niños son considerados como inferiores en nuestra sociedad es la tremenda permisividad que existe frente al maltrato infantil.

El cachete como método educativo fue prohibido en España hace, tan sólo, cuatro años en una ajustada votación, lo que indica que muchos de los diputados estaban de acuerdo con golpear a los niños.

Desgraciadamente, desde políticos hasta jueces, pasando por muchos pediatras y psicólogos, aún siguen defendiendo, sin cuestionarse, el uso de los azotes contra los niños. También resulta asombrosa la cantidad de comentarios que pueden leerse en distintos foros de internet de padres que defienden impunemente pegar a sus hijos.

¿Debemos cambiar la forma de educar para cambiar el mundo?

Tal y como ha empezado el s.XXI, con los retrocesos en la libertad que tanto costó conseguir y el abuso de poder tan desmesurado de unos pocos que nos ha llevado a la crisis que estamos atravesando, podemos comprobar que la educación restrictiva y represora no genera más que violencia y abusos de los fuertes sobre los débiles.

Si de verdad queremos cambiar el rumbo autodestructivo del ser humano, debemos cambiar radicalmente el modelo educativo.

Los niños criados con respeto y empatía, podrán ponerse en el lugar de los más débiles para defenderles, no necesitarán abusar de ellos para sentirse poderosos. Los niños criados en libertad tendrán la autoestima suficiente para saber lo que desean sin verse sometidos por el miedo y el control de los que les intenten manipular.

¿Qué habría que cambiar en nuestra sociedad para hacerla más empática y respetuosa con las necesidades de los niños?

Habría que empezar a respetar a los niños como lo que son, personas con sus emociones, sus inquietudes y sus capacidades únicas. No debemos olvidar que el universo del niño es distinto del universo adulto, no podemos tratarles como si fueran adultos en miniatura. Debemos entender sus procesos y sus necesidades de desarrollo para poder acompañarles, siempre desde el respeto.

La atención a los niños debe empezar desde el embarazo y el parto, atendiendo a la mujer embarazada de forma respetuosa y cambiando los obsoletos protocolos intervencionistas de muchos hospitales.

Cuando ya ha nacido el bebé, debemos procurar que pueda estar con su madre durante todo el tiempo posible y en un entorno relajado. Es básico un aumento de las bajas por maternidad, como mínimo hasta los 12 meses.

Y, por último, debe haber un cambio radical en el sistema educativo. La escuela del futuro debe ser un lugar de búsqueda, donde el niño tenga el respeto y los apoyos necesarios para encontrar y desarrollar sus verdaderos intereses.

Con esto terminamos. Una entrevista al psicólogo Ramón Soler que me ha dejado un buen sabor de boca, de la que he aprendido mucho y me hace, a pesar de lo doloroso del tema tratado, una gran esperanza en el futuro gracias a todos esos padres que han decidido criar sin violencia. ¿Qué pensáis vosotros?

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