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De ser una pareja a ser una familia: cómo afecta la llegada del bebé a nuestra relación
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De ser una pareja a ser una familia: cómo afecta la llegada del bebé a nuestra relación

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Convertirse en padres es una de las experiencias más maravillosas del mundo (para muchos), trae amor exponencial, ternura, te lleva a dar lo mejor de ti… pero también lo peor: es cansado, agotador y a veces frustrante. Lo que está claro es que la paternidad nos cambia, y no solo lo hace a nivel individual, también cambia nuestra relación de pareja. Ahora no sois dos, sois tres, y el tercero es tu bebé, un ser pequeñito que necesita de cuidados y atención 24 horas. ¿Dónde queda la pareja? ¿Afecta siempre negativamente a nuestra relación el convertirse en padres? ¿Es posible sobrevivir?

Cambios, cambios y cambios… y no solo de pañales

Empecemos por un punto básico: una de las cuestiones que tenemos que aceptar es que las cosas van a cambiar. ¿Para bien o para mal? Pues depende, entre otras cosas, de cómo lo afrontemos. ¿Cuáles son los principales cambios (a los que debemos prestar atención) que aparecen cuando de dos pasamos a ser tres?

Cambio de roles

¿Qué son los roles? Todos tenemos varios “papeles” en la vida que vamos activando o desactivando dependiendo del momento o de la persona con la que estemos. No es que cambiemos de personalidad, es que nos adaptamos a las condiciones: uno no se comporta igual cuando está a solas con sus padres que cuando está con su pandilla de amigos, ¿se entiende?

Hasta ahora tú eras tú, mujer, trabajadora, hija, amiga, amante… hombre, trabajador, hijo, hermano, amigo… Con la llegada del bebé vamos a implementar un nuevo rol, uno de los grandes, además: el de mamá y papá.

¿Y dónde está el posible problema? En que ese nuevo rol que es tan intenso que nos absorbe tanto, anule o desplace a los demás creando un desajuste en nosotros. Una de las cosas que suelo explicar en consulta es que somos como una mesa y que para estar estupendos necesitamos tener las cuatro patas de la mesa bien estables y asentadas. Para muchos esas patas son: lo social, lo laboral/desarrollo personal, lo familiar y la pareja (pero hay quien tiene "otras patas", claro).

Si descuidamos una de las patas la mesa va a cojear sí o sí, si descuidamos dos el riesgo de que se venga abajo es fuerte, si son tres… ya te puedes imaginar. Pues la maternidad/paternidad es a veces tan intensa que nos dificulta prestarle a las otras patas la atención que necesitan. El resultado es que si dejamos de lado nuestro rol de pareja la relación se va a resentir, y nosotros también.

Disponibilidad del tiempo tendente a cero

Esto, que suena a obviedad y es lo primero que te advierte todo el mundo cuando das la noticia de que vais a ser padres, es una de las verdades más grandes y aplastantes de la paternidad: no vas a tener tiempo para casi nada.

Tu bebé te necesita, y sus bodys manchados de cacota hay que lavarlos, y hay que bajar a comprar pañales, y alimentarle y bañarle y quererle… y si se puede, cuando se pueda, dormir.

El tiempo para las cenas románticas, para ver pelis juntitos en el sofá o para tener un ratito de intimidad, es ahora difícil de conseguir. Y claro, si no hacemos cosas en pareja la relación se puede resentir, porque el amor no es algo eterno e incorruptible, algo que perdurará por los siglos de los siglos a pesar de que no lo cuidemos, no. El amor, las relaciones de pareja, necesitan tiempo y esfuerzo, así es como se mantienen sanas.

Prioridades

¿Estará bien el bebé? ¿Qué necesita ahora? ¿Por qué llorará? Vamos a pasear porque tiene que salir, vamos a comprar esto porque le hace falta, vamos a ir con él a… Es evidente que nuestro pequeño nos necesita, y que además lo hace todo el rato, pero… ¿es lo único que tenemos en nuestra vida?

Como decía con el tema de los roles, las personas somos algo más que un rol concreto, y necesitamos ese abanico de variedad para estar bien a nivel emocional. Una de las cosas que solemos ver en consulta es que la llegada de un bebé puede hacer que las prioridades de la pareja cambien, y a veces no cambian de la misma manera para los dos miembros.

Sí, el bebé suele estar en el primer puesto, pero, ¿hay algo más en la lista o lo hemos fulminado todo? ¿Dónde queda la pareja, dónde la necesidad individual de tiempo?

It's fascinating to watch a man's journey of becoming a father. At first, they try to show their most excitement to feeling a baby kick in their wives' bellies, even though they don't really get it. Then the nerves kick in once you rush to labor & delivery and maybe they realize that the time is coming. Their baby is born, they love them of course, but maybe the connection isn't there yet, and maybe it won't be there for a while. And then their baby starts showing love in their looks. They recognize their daddy. And their daddy starts to finally feel it... they're fathers. That connection grows and gets stronger. When they get home from work, the first thing they look for is the baby, and the baby reciprocates by going absolutely crazy when seeing their dad walk through the door. That's where we are at. I admire the devoted, loving, sweet and patient dad you are to our baby. I hope today you feel how much we love you, and how fundamental you are in our lives. You complete us. We love you Tim, happy first Father's Day

Cansancio

Si hay una variable que pueda influir en cómo nos relacionamos en pareja es ésta: la falta de sueño y de descanso. Irritabilidad, una menor tolerancia a la conducta del otro, poca flexibilidad, etc. son algunas de las consecuencias del cansancio supremo que suele acompañar a las primeras etapas de la paternidad (hay quien dice que esto se extiende hasta que el niño tiene cuarenta años, pero seamos optimistas).

La vida sexual

Una de las demandas más frecuentes en consulta cuando acuden parejas con hijos pequeños es precisamente el cambio (para ellos a peor) de su vida sexual: menos cantidad y, en muchas ocasiones, menos calidad.

¿Por qué puede pasar esto? Por una suma de todo lo que he contado antes: cambio de prioridades, falta de tiempo, cansancio… Pero, ¿entonces la paternidad es el fin de la vida sexual? No, tranquilidad en las masas, no es el fin, pero hay que trabajarlo para que no se nos vaya al garete, empezando por no relegarlo a los últimos puestos de nuestra lista de prioridades.

El sexo es más que placer físico, es intimidad, es tiempo en pareja, así que nos interesa, y mucho, mimarlo, tenerlo y cuidarlo.

Ojo, que no todo es “potencialmente dañino”…

No se me vengan abajo, que aunque cansada y absorbente, la paternidad puede traer consigo también cambios positivos, tanto a nivel individual como de pareja: una mayor unión (si compartir la vida ya nos parecía bonito no se puede uno imaginar lo que es compartir un hijo, otra vida, una pequeña y preciosa), mayor compromiso (ahora somos responsables conjuntamente de un peque, es un proyecto común que nos hace elaborar planes a largo plazo, lo que aumenta el compromiso establecido entre nosotros), y más amor... porque cuando ves a tu pareja con tu hijo en brazos, cantándole o bañándole de pronto le ves (a tu chico o a tu chica) con nuevos ojos, unos cargados de amor.

Si vais a ser papis preparaos para los cambios, pero tened claro, por mucho que la gente os cuente lo peor de lo peor, que sí, va a ser duro para la pareja, pero también va a ser maravilloso. Si trabajáis juntos, si sois equipo, la experiencia será absolutamente enriquecedora para la pareja.

Fotos: Pixabay.com; @mayavorderstrasse;

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