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El ahogamiento es rápido y silencioso: el niño que se ahoga no parece que lo esté haciendo

El ahogamiento es rápido y silencioso: el niño que se ahoga no parece que lo esté haciendo
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Seguro que todos hemos visto alguna vez en el cine la escena de una persona ahogándose en el mar o en la piscina y armando un gran revuelo. Salpicaduras, brazos que se agitan en alto, gritos de 'socorro' y un gran chapoteo alrededor: ¡imposible no prestar auxilio inmediato en estos casos!

Pero, lamentablemente, estas escenas cinematográficas rara vez ocurren en la vida real, y el niño que se ahoga suele hacerlo de manera rápida y silenciosa, sin levantar las sospechas de quienes le rodean.

La OMS señala que los ahogamientos provocan más de 150 muertes en España cada año, cerca de 5.000 en Europa y 388.000 en todo el mundo. Son la segunda causa de mortalidad accidental infantil en nuestro país (después de los accidentes de tráfico) y la tercer a nivel mundial.

Rápido y silencioso

Según alertan los expertos, el ahogamiento de un niño es rápido y silencioso.

  • 'Rápido' porque puede ocurrir en menos de dos minutos, que es el tiempo que invertimos en atender una llamada de teléfono o escribir un whatsapp, en saludar a un amigo que acabamos de ver en la piscina o en desviar nuestra mirada a una escena que ha captado nuestra atención.

  • 'Silencioso' porque el niño que se ahoga está luchando por respirar y fisiológicamente es incapaz de pedir ayuda. Cuando su cabeza vuelve a subir a la superficie probablemente tenga agua en las vías respiratorias altas, y esto le impide hablar o gritar (igual que cuando estamos bebiendo, nos atragantamos y el líquido se nos va por mal sitio). Además, cuando abra la boca lo hará para tomar oxígeno antes de volver a sumergirse.

Pero también es silencioso en cuanto a gestos se refiere, ya que el niño moverá sus brazos con el objetivo de mantenerse a flote como pueda, y quienes permanecen ajenos a la escena pueden incluso llegar a pensar que simplemente está jugando.

Por otro lado, cabe mencionar que estos movimientos duran muy poco tiempo, pues el cansancio enseguida se apodera del niño, que todavía no tiene la resistencia suficiente para aguantar a flote demasiados segundos.

Es importante que los padres seamos conscientes y extrememos las precauciones cuando vamos con los niños a la piscina, playa, río, lago o embalse. La vigilancia también debe ser continua en las piscinas particulares y piscinas hinchables

¿Qué signos debemos vigilar?

ahogamientos

El Departamento de Guardacostas de los Estados Unidos publicó un artículo sobre el ahogamiento silencioso del que se ha hecho eco la revista Motherly. Teniendo en cuenta lo que acabamos de mencionar, habría que buscar otras señales que nos indicaran peligro de ahogamiento:

  • Barbilla sumergida y boca a ras del agua
  • Cabeza inclinada hacia atrás y boca abierta
  • Ojos vidriosos, incapaces de enfocar
  • Ojos cerrados
  • Cabello cubriendo la cara o los ojos
  • Hiperventilación o jadeo
  • Movimientos que nos hacen pensar que el niño está nadando pero en cambio vemos que no avanza
  • Movimientos que parecen simular que el niño sube una escalera invisible

Pero estas señales son tan sutiles que pueden pasar desapercibidas, por eso lo importante es no bajar la guardia cuando estemos con los niños en piscinas o playas, y no delegar la vigilancia en el socorrista o en otros niños. Si estamos cansados o necesitamos hacer una pausa es preferible buscar a otro adulto de confianza que nos releve en la supervisión, antes que distraernos unos minutos.

De igual modo, tampoco tenemos que confiarnos en el caso de que nuestros hijos sepan nadar o creamos que son suficientemente mayores como para desenvolverse sin problemas en el agua, pues aunque sin duda es una tranquilidad el que aprendan a nada a temprana edad, esto no nos exime a los padres de estar siempre alertas.

Y ya por último recordamos la regla 10/20 que mencionamos todos los veranos, y que consiste en mirar al agua cada 10 segundos y en caso de emergencia poder socorrer en menos de 20 segundos. Esto no solo implica una supervisión constante por nuestra parte, sino también situarnos cerca de la piscina para poder llegar de inmediato hasta donde está el niño en caso de urgencia.

Fotos | iStock

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