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Los pediatras que no amaban a los bebés (ni a sus madres)
Nutrición Infantil

Los pediatras que no amaban a los bebés (ni a sus madres)

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Cuando Stieg Larsson escribió "Los hombres que no amaban a las mujeres" poco podía pensar que acabaríamos usando esa fórmula de título en diversas ocasiones para hablar de personas que, por su condición o profesión, deberían amar a otras que, por desgracia, no aman.

Hoy mismo el diario El Mundo ha dado a conocer una de esas noticias que sospechas que suceden, pero cuya confirmación duele igualmente porque nos salpica a un gran número de profesionales que jamás haríamos algo así. Hablo de los pediatras que no amaban a los bebés (ni a sus madres).

Crearon una asociación de nutrición pediátrica

Hablamos de dos pediatras, un hombre y una mujer, jefes de Pediatría del Hospital de Sant Joan en Alicante. Él ya está jubilado, pero ella sigue siendo la jefa del servicio de pediatría. En los años 80 crearon una asociación con el objetivo de investigar y promover nuevas estrategias en pro de la nutrición de los pequeños: la Unidad de nutrición, crecimiento y metabolismo. La misión era loable; la pena es que era una farsa.

Empezaron a recibir fondos que apenas se destinaron a dicha asociación, pues gran parte se lo quedaron ellos: viajaron a ciudades de todo el mundo, se alojaron en hoteles de cinco estrellas, comieron en caros restaurantes, compraron joyas... El dinero venía básicamente de las marcas de leche artificial con el fin de emplearlo en equipos y en programas de investigación, y a cambio los pediatras sólo tenían que promocionar sus productos en el hospital alicantino.

Pero los programas de investigación no se realizaron y los equipos no se compraron. En los casi 30 años que ha existido la asociación ha fallado a los niños y al hospital, pues su única función ha sido servir de tapadera para recibir el dinero y como vía por la que desgravar el IRPF de los cursos que uno de los pediatras realizaba.

La cantidad de dinero es aún una incógnita

Según la investigación por la que se ha imputado a los dos pediatras un delito de apropiación indebida, consiguieron una suma de cerca de 100.000 euros en sólo cinco años. Teniendo en cuenta que la asociación se creó en los 80, está claro que la cantidad es mucho mayor.

Según leemos en El Mundo, alguien hizo una denuncia anónima que motivó una investigación que culminó con la detención de ambos pediatras y su posterior liberación con cargos. Ahora se ha añadido a la denuncia la Universidad de Alicante, puesto que la asociación dependía de ellos y no sabían nada, y el juez ha pedido a la Agencia Tributaria la información relativa a los laboratorios médicos que han ingresado dinero en la cuenta de la agrupación.

Los pediatras que no amaban a los bebés

Cuánta leche debe tomar su bebé

No son los primeros, no son los últimos, y no son los únicos. Han salido dos, pero seguro que hay muchos más que, en mayor o menor medida, reciben dinero u otros beneficios a cambio de la promoción de sus productos. En 2014 os explicamos el caso de los 12 pediatras italianos detenidos por recibir sobornos de las marcas a cambio de conseguir que las mujeres dieran más biberón y menos lactancia.

Tenemos una Asociación Española de Pediatría que permite la entrada de marcas de leche a sus congresos, que permite que sus libros de recomendaciones estén financiados por las mismas, que cede su sello para alimentos para niños cargados de azúcar.

Tenemos miles de pediatras y enfermeras que acuden a cursos, cenas y congresos propuestos por estas marcas. Los profesionales no siempre devuelven el favor, ojo, pero es muy poco ético decir sí a dichas invitaciones.

¿Y cómo conseguían que las madres dejaran de amamantar?

¿Y cómo lo hacían? No hay constancia, pero la ética de una persona puede ir desde simplemente dar el nombre de una leche artificial si la madre le pregunta, a dar consejos erróneos para que la lactancia fracase y después recomendar biberón "por el bien del bebé".

No digo que todos los pediatras que dan consejos erróneos lo hagan con segundas intenciones. Hay muchos que de verdad no saben. Pero piensa mal y acertarás. Seguro que más de uno se ha cargado deliberadamente alguna lactancia para luego darle un bote de leche artificial a una madre, o diversas muestras, y decirle: "lo importante es la salud de tu bebé, tu leche no es lo suficientemente buena, no te sientas mal, lo has intentado, pero hazme caso, esto es lo mejor... verás como a partir de ahora dormirá mejor y estaréis todos más tranquilos. Es por su bien".

Y así, los pediatras que anteponen sus intereses económicos dejan de pensar en la salud de los bebés, en aquello para lo que se supone que estudiaron y trabajan; aquello para que lo que los padres acuden en busca de ayuda: para que el bebé tenga el mejor nivel de salud posible.

Porque una cosa es que una pareja decida no amamantar y prefiera dar biberón a su bebé, pero otra muy diferente es que una pareja, una madre, quiera amamantar a su bebé y el pediatra se cargue esa lactancia solo para cumplir con la marca que le beneficia. ¿No es culpable de que esos bebés no reciban el mejor alimento posible? ¿No es culpable de que ese bebé no tenga la oportunidad de tener la mejor salud posible a través de la lactancia que su madre había previsto para él? Porque ya lo dijimos en su día, al darle biberón un bebé recibe un sucedáneo. Un sucedáneo muy válido, pero con muchas desventajas aún para el bebé.

Los pediatras que no amaban a las madres

Lactancia materna

¿Qué tienen que ver las madres en esto? Mucho. La leche materna no solo es lo que un bebé espera recibir al nacer para seguir su correcto desarrollo. Para la madre es un acto que provoca cambios en su cuerpo: promueve una mejor recuperación tras el parto y disminuye el riesgo de diabetes y de cáncer de mama y de ovario.

Pero eso no es todo. Muchas de las madres que deciden amamantar se llevan una gran desilusión cuando por algún problema para el que no han encontrado solución (porque nadie las ha sabido ayudar) tienen que acabar dando biberón. Hay madres que sufren por ello días, semanas y meses, que se sienten culpables, que se sienten mal por no haber podido, que lo pasan mal cuando ven a otro bebé siendo amamantado.

Y luego está el juicio de la sociedad, esa sociedad tan absurda que es capaz de criticar a una madre por no dar pecho y a la vez criticar a la que lo hace más tiempo del que considera normal, o por hacerlo en público. Esa sociedad que daña a la madre sea cual sea la manera de alimentar a su bebé.

¿Imaginais qué pasaría si muchas de esas madres descubrieran que tuvieron que dejar el pecho y pasar al biberón porque el pediatra tenía la misión de conseguir que se bebés no fuera amamantado?

El resto de profesionales

Y luego estamos el resto de profesionales, que de vez en cuando tenemos que ver en los ojos de una madre, de un padre, la sospecha de que les estás hablando de algo porque te están pagando bajo mano. Que les explicas que existen unas vacunas no financiadas por la seguridad social y piensan que los fabricantes nos pagan para difundir sus bondades (en realidad, nuestra misión es informar de su existencia, no recomendarlas ni dejar de recomendarlas).

O la negativa de una madre a dar un biberón que el bebé sí necesita porque no solo no está ganando peso, sino que está perdiendo cada vez más: "me recomendaron biberones, pero no se los he dado porque la leche materna es lo mejor, y porque seguro que les dan dinero por cada bebé que consiguen que tome biberón". Y te encuentras con un bebé al borde de la deshidratación al que debes enviar directamente al hospital para que actúen cuanto antes.

Espero que esta detención sea disuasoria para el resto de profesionales que actúan así y espero que la ética profesional siga siendo lo que los mueva, como nos mueve a los profesionales que nos pagamos nuestros cursos, nuestros congresos, que no damos muestras de leche y que, cuando nos preguntan sobre qué leche artificial es mejor, decimos: "la que te guste más".

Fotos | iStock
En Bebés y más | ¿Hay muestras de leche artificial en la consulta de tu pediatra o enfermera?, Por qué se aconseja lactancia materna hasta los dos años o más

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