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Alimentación complementaria: ¿Cuánto tiene que comer mi hijo? (III)

Alimentación complementaria: ¿Cuánto tiene que comer mi hijo? (III)
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Finalizamos con esta entrada de hoy el tema del cuánto tienen que comer los niños. Como veis es un tema extenso que merece un poco más de argumentación que el resto porque, como ya dijimos hace unos días, el cuánto comer es una de las mayores preocupaciones de las madres. Por la razón que sea, la mayoría piensa que sus hijos comen menos de lo que deberían comer.

Por suerte esto no es cierto y nuestros pequeños crecen y engordan sin problemas. De hecho, si miramos la tendencia general de la población infantil, el resultado es precisamente el contrario: nuestros hijos comen más de lo que deberían comer y esto está derivando en un aumento considerable de obesidad infantil en nuestro país.

Es por ello que insisto de nuevo en decir que nuestros hijos saben cuánto necesitan comer. La alimentación es a demanda.

¿Y si sólo ha comido dos cucharadas?

Pues una de dos, o no quiere más, o no le gusta su sabor, su textura o su temperatura (o todo a la vez).

Si no quiere más, dejaremos de darle. Si no le gusta, dejaremos de darle. Es mejor que tome dos cucharadas bien aceptadas que dos bien y cuatro mal.

Las dos cucharadas que hoy come a gusto serán tres o cuatro dentro de un tiempo, sin embargo las seis que se come, siendo cuatro a disgusto, pueden pasar a ser también tres o cuatro dentro de un tiempo, pero a malas.

Es una cuestión de confianza. Si un niño come a gusto unas pocas cucharadas, pero luego se cansa o simplemente no tiene más hambre y su madre deja de darle, aprende que puede comer hasta que él diga “hasta aquí, mamá”.

Si un niño come también a gusto unas pocas cucharadas, pero cuando quiere dejar de comer, pese a cerrar la boca y girar la cara, es presionado a comer más, con tretas, aviones, juegos o televisiones, aprende que, aún cuando no quiera, le van a presionar para que coma unas cucharadas más. Más vale entonces empezar a cerrar la boca pronto.

Dicho de otro modo, obligar a comer a un niño algo que no quiere puede provocar que acabe rechazando la comida.

Si un alimento no le gusta, lo retiramos de su dieta hasta pasados unos días o semanas. Muchos niños no quieren ni ver un plátano chafado pero cuando han tenido la capacidad para morderlo y masticarlo se lo han comido con gusto.

En cualquier caso, como dijimos el otro día, hacen falta varias exposiciones para que un alimento sea aceptado. Esto no quiere decir que los vaya a aceptar todos, pero sí aceptará, quizá semanas o meses después, alimentos que con seis meses no come.

Está tomando leche materna y no quiere ni una cucharada ¿qué hago?

Esto es muy común. Por la razón que sea, algunos niños que toman pecho no aceptan casi ningún alimento hasta los 8 o 10 meses (o más).

Se cree que estos niños forman parte de aquellos cuyas necesidades nutritivas siguen siendo cubiertas con la leche materna, es decir, los que todavía no precisan de aportes extras de comida.

Sea esto cierto o no, se considera normal. Hay una frase que resume este fenómeno que dice: “mi hijo pasó de la teta a los macarrones”, en alusión a que estos niños empiezan a aceptar más alimentos cuando ya son capaces de comer la comida de los adultos.

Ellos saben lo que sus cuerpos necesitan más que nosotros mismos. Es por ello que debemos respetar sus necesidades calóricas y sus gustos alimenticios. ¿Conocéis a alguien que coma más de lo que su estómago puede albergar? ¿Conocéis a alguien que se haga de comer aquello que no le gusta?

Si es así, una vez se ha dicho a sí mismo “tengo suficiente”, ¿come cuatro o cinco cucharadas más? (hablo de personas que no están a dieta, claro, pues éstas sí comen a menudo alimentos que no les son del todo agradables y cuando dicen “tengo suficiente”, a veces comen unas cucharadas más).

Foto | Flickr (Lars Plougmann)
En Bebés y más | Alimentación complementaria: ¿Cuánto tiene que comer mi hijo? (I) y (II), Alimentación complementaria: los primeros días, Alimentación complementaria: ¿Cuándo empezar? (I) y (II), Alimentación complementaria: ¿Qué es?

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