
Hemos hablado hasta ahora de la razones por las que ahora, en nuestra sociedad, se ha convertido en algo poco habitual, aunque en muchas culturas el dar el pecho más de dos años no sea minoritario, acuñándose el término de lactancia materna prolongada a un concepto bastante variable, que podemos generalizar diciendo que se suele aplicar a quien amamanta más de un año y segurísimo a quien lo hace más de dos. Y, en términos también generales, tiene una consecuencia: el aislamiento y la presión sobre las madres que se salen de la norma de nuestra sociedad “deslechada”.
Sin embargo, dado que la edad del destete ideal es un hecho en el que todas las culturas humanas suelen tener algo que decir y que limita sus aspectos naturales, el practicar la lactancia natural sin un destete programado no es comprendido en nuestra sociedad, una de las sociedades que menos amamantan y por menos tiempo, y provoca, además, las críticas más absurdas.
Que la leche no alimenta, por supuesto. Que la leche se ha acabado seguro unos meses después del parto. Que no puede ser buena para el niño, mejor la de vaca. Que seguirá mamando a los 18. Que se hará homosexual, como si la orientación sexual fuera una infección por las glandulas mamarias femeninas. Que nunca se despegará, será inseguro… yo que se. La de tonterías que he tenido que escuchar.









