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Qué hacer y qué no hacer cuando no quieres meter una moneda en los recreativos infantiles

Qué  hacer y qué no hacer cuando no quieres meter una moneda en los recreativos infantiles
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Cuando somos padres nos damos cuenta, de repente, de la existencia de cientos de máquinas recreativas infantiles dispuestas en la calle cada 50 o 100 metros en las puertas de diversos negocios.

Siempre han estado ahí, pero es cuando tu hijo se monta en una tras otra cuando te das cuenta de que el camino elegido no es el mejor si ese día tienes un poco de prisa.

Al principio no hay demasiado problema si el tiempo no apremia, sin embargo cuando se dan cuenta de que, con una moneda de un euro, el coche, conejo, camión de bomberos, caballo,… se mueve y hace ruido, empiezan a pedir una moneda en cada aparato.

En mis cuatro años de experiencia como padre paciente junto a los recreativos infantiles he visto técnicas muy variopintas para evitar dejarte el sueldo en tres paseos por la calle. Es por eso que hoy explicaré qué hacer y qué no hacer cuando no quieres meter una moneda en los recreativos infantiles.

No, es que no tengo dinero

Esta es una de las frases más famosas que padres y madres utilizan como excusa para no meter una moneda: “No, es que no tengo dinero“. En ocasiones podría ser válida, si es verdad. El problema viene cuando le decimos que no tenemos dinero y luego pasamos por la panadería, por poner un ejemplo, y soltamos una o dos monedas.

Cuando son pequeños no se enteran demasiado, pero cuando son un poco más mayores son muy capaces de darse cuenta de que papá le ha dicho que no tenía dinero cuando minutos después está sacándolo de la cartera.

Además el hecho de no tener dinero suele ser más o menos aislado. Un día sí puede ser cierto que no tengas dinero, pero muchos otros días sí tendrás y entonces habrá que utilizar otra excusa.

No, si es que está estropeado

Esta es otra de las frases más utilizadas (al menos es una de las que yo más he oído). También suele funcionar porque el niño realmente se cree que la máquina está estropeada.

El problema es que a menudo hay otro niño esperando a montarse con un padre o abuelo dispuesto a meter una moneda y, en el momento que tu hijo ve que no está estropeado, se da cuenta de que le has mentido (o te dice que te has equivocado, que no está estropeado y que después se montará él).

Ser sinceros

Tras dos opciones basadas en la mentira, bastante peligrosas porque nuestro farol puede descubrirse fácilmente, llega la opción más honrada en la relación entre padres e hijos: ser sinceros.

Esta opción es la que yo utilizo, básicamente, porque no me gusta mentir a mi hijo. A mí personalmente no me hace demasiada gracia meter 1 euro en una de estas máquinas recreativas infantiles a cambio de 3 viajes, porque me parece un precio absolutamente abusivo por 5 minutos de vaivenes y ruidos (con 1 euro se paga 1 litro de gasolina, que da para unos 12 km… eso sí que da para tres viajes dentro de la ciudad).

Lo que quiero decir es que ser sincero contempla el decirle (al menos en mi caso): “Cariño, si metemos monedas en estos coches no tendremos dinero para comprar otras cosas como comida, agua, cuentos o juguetes y yo prefiero comprarte estas cosas…” y siempre me ha funcionado (aunque he de decir que mi hijo siempre ha sido bastante conformista cuando le razonas las cosas y que sí, de vez en cuando le compramos algún cuento o algún juguete porque nos apetece, supongo que porque él nunca nos los pide).

Ser sinceros puede funcionar o puede provocar el enfado del niño: si le decimos que no tenemos dinero, pueden entender que no tenemos monedas y claro, sin dinero, no hay movimiento. Si le decimos que está estropeado, aunque pusiéramos dinero, no funcionaría. Pero si le decimos que tenemos dinero pero que no vamos a ponerlo porque es para otras cosas le estás diciendo, en resumen, que no se puede divertir en la máquina porque no quieres.

En este caso, es decir, si decir la verdad genera rechazo y enfado, cada cual debe decidir qué camino tomar. El camino fácil sería ceder y darle la moneda. Esto podría considerarse un fracaso o no, dependiendo de cada relación padre-hijo.

Hay niños que aceptan perfectamente un no (o varios), cuando de vez en cuando hay un sí. Es decir, no tiene por qué perderse el mensaje original de “no me gusta meter dinero aquí porque prefiero gastarlo en otras cosas” por que una vez de tanto en cuanto acabes metiendo una moneda.

Sin embargo hay otros niños que no quieren oír un no y que, por lo tanto, no están entendiendo el mensaje que tratamos de transmitirles (quizás sean demasiado pequeños para entenderlo, todo hay que tenerlo en cuenta). En estos niños quizás sería apropiado mostrarle que le entendemos y seguir explicando el porqué de nuestra negación: “Cariño, sé que te enfadas porque te quieres subir en la máquina, pero papá no quiere meter una moneda porque sino no tendremos dinero para otras cosas”.

Esto no es un método que haga que el niño deje de quejarse, sino que le muestra que entiendes su enfado y su malestar y que hay una razón para no hacerlo.

Sustituir o buscar alternativas

Esta última estrategia es útil en caso de que nuestras razones no sean suficientes y el niño siga pidiendo una moneda y la situación empiece a enquistarse en un “tú dices sí, pero yo digo no”, en la que no se suele llegar a ningún sitio.

La idea es sustituir el deseo de montarse en la máquina por otra cosa que le pueda gustar hacer. Para esto es necesaria la imaginación de los padres para buscar alternativas que puedan satisfacer el niño y le hagan pensar en otra cosa.

Lo que más suele funcionar son los juegos. Desde promover una carrera hasta la siguiente esquina, hasta ofrecer la posibilidad de cantar alguna canción que le guste mientras seguimos caminando.

También puede funcionar meternos en la piel de algún personaje y hacer, por lo tanto, que él también lo haga. Para esto en concreto no lo he tenido que hacer nunca, pero en otras ocasiones sí. Es poner la voz del padre de Vicky el Vikingo y decir: “Venga Jon, hijo, vamos a hacer esto, que tenemos que ir a remar al barco y no vamos a llegar” y enseguida se pone en la piel de Vicky y me dice: “sí, papá, ¡vamos!”.

Resumiendo

Como veis hay alternativas a las mentiras cuando no queremos meter una moneda en los recreativos infantiles. Todo es echarle un poco de imaginación al asunto según las preferencias y gustos de cada hijo y buscar otras opciones que le puedan satisfacer o bien hablarle, según su ritmo de maduración, desde la sinceridad.

A un mentiroso se le pilla antes que a un cojo, así que mejor evitar meternos en líos de los que luego no sabremos cómo salir. Las alternativas requieren de más imaginación y persistencia, pero todo sea por evitar que nuestros hijos acaben pensando que papá y mamá les mienten para evitar satisfacerles.

Si como padres os habéis visto en esta situación y habéis llevado a cabo otras soluciones, comentadlas por favor, siempre es enriquecedor escuchar otras opciones.

Foto | Armando Bastida
En Bebés y más | Los padres mentimos a nuestros hijos una vez al día, La espiral de mentiras navideñas

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