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La primera visita del bebé al pediatra debería ser antes de cumplir una semana
Recién nacido

La primera visita del bebé al pediatra debería ser antes de cumplir una semana

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Cuando un bebé nace y es puesto en el pecho de su madre, piel con piel, los profesionales hacen una primera valoración in situ para ver que todo va bien y que no hay ninguna razón para iniciar ninguna actuación médica urgente. Pasado un rato, cuando ya ha hecho la primera toma y está tranquilo, le pesan, le miden y se hace una valoración más exhaustiva.

Mientras se está en el hospital, si es que la madre da a luz allí, un pediatra le visita cada día, o quizás de manera menos frecuente, pero siempre el último día de ingreso para darle el alta. El día en que por fin te vas a casa con tu bebé es muy variable, pues depende de la política de cada hospital, pero ronda los 2-3 días si el parto es vaginal y los 4-6 días si es por cesárea.

Esto quiere decir que, en la mayoría de ocasiones, el cuarto y quinto día el bebé ya está en casa, y por norma general, suelen ser esos los días en que empiezan los problemas, en general, y sobre todo con la lactancia. Por eso, y aunque muchos padres no lo hacen así y quizás muchos centros sanitarios tampoco, la primera visita del bebé al pediatra o la enfermera debería ser antes de cumplir una semana.

¿Qué pasa los primeros días?

Como todos ya sabréis, como todos ya sabemos, los primeros 2-3 días en el hospital (en casa o donde sea) el bebé lo único que hace es mamar un poco y dormir. Lo que toma es calostro, una sustancia especialmente preparada para aportar todo lo que necesita el bebé y para que empiece a hacer sus primeras digestiones. Como el calostro sale en poca cantidad (debe ser así), los primeros días pierden un poco de peso. Por eso cuando un bebé sale del hospital se va con un libro en el que se apunta el peso al nacer y el peso al alta, que es siempre inferior.

Entonces, mamá y papá llegan a casa

Entonces, los padres se van de alta y ya no tienen que volver al hospital a menos que el peso al alta sea muy bajo, y entonces te den cita para hacer un control a los dos días, por ejemplo. Lo que debe suceder es que, con la subida de la leche, el bebé empiece a ingerir cada vez más alimento y el peso empiece a subir de nuevo. Si es así, el control de peso de los dos días (a veces es al día siguiente) determinará que el peso está subiendo y entonces se pasa el testigo al pediatra y la enfermera del centro sanitario. Si no es así, se valora la actuación a seguir (darle más margen, darle biberón, ingresar de nuevo al bebé, etc.).

A veces, al cuarto y quinto día aparecen los problemas

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Los primeros días, como digo, pierden un poco de peso y, aunque van cogiéndose al pecho, parece que duermen más que comen. El caso es que muchos bebés siguen haciendo esto cuando están en casa y el peso puede no estar subiendo lo suficiente. Puede suceder también que los primeros días estén muy adormilados, pero a partir de que están en casa, estén más despiertos y se quejen más (o mucho más) y los padres estén llenos de dudas. Puede suceder, también, que la lactancia no esté yendo muy bien y que sea entonces cuando, con consejos de abuelas, tías, primas y vecinas aparezca la desconfianza en la madre y la tentación de ir a comprar el primer bote de leche artificial.

Dicho de otro modo, el bebé que conoces del hospital no es el mismo que tienes en casa, y las respuestas a las preguntas que te generaba ese bebé, que casi todo el día dormía, ya no sirven, porque ahora hace cosas diferentes. Además, ni tú mamá, ni tú papá, sois los mismos que allí, porque en la planta de maternidad os sentíais arropados por las visitas familiares y por ese timbre que hacía que una enfermera apareciera y os resolviera las dudas. Pero en casa, el único timbre que hay está fuera de la puerta y es el que da acceso a aquellas visitas que a veces, más que arropar, aún te hacen sentir más dubitativo/a.

La primera visita del pediatra o la enfermera no debería demorarse

Por eso, como enfermero, tengo clarísimo que la primera visita en el centro de atención primaria, la que traspasa el control médico del bebé de los profesionales del hospital a los profesionales del CAP, debe ser lo antes posible, en la primera semana de vida si puede ser.

No es una cuestión de desconfianza ni una cuestión de quitar a los padres su capacidad de cuidar a su bebé, pues sabemos que la tienen toda, y si no la tienen, tienen las ganas y la motivación para aprender. Es simplemente un "ver que todo va bien" o, si algo va mal, "verlo antes de que aparezca una solución errónea".

A menudo, por acudir cuando el bebé tiene ya 10 días o dos semanas, la madre explica que le está dando algún biberón porque ya no soporta más las grietas, porque el bebé lloraba mucho o porque tiene la sensación de que no tiene leche suficiente. A menudo, por acudir más tarde de lo recomendable, los padres explican que come muy bien y duerme genial y al coger al bebé nos damos cuenta de que parece que le sobra piel, pues la pérdida de peso es importante, tanto, que el bebé duerme y duerme porque en realidad apenas está comiendo.

Por eso la visita no debería demorarse, porque si todo va bien, "adelante, seguid como hasta ahora que vais genial", pero si algo va mal, se puede actuar para prevenir soluciones que no hacen más que molestar. Un biberón que no hace falta es una interferencia para el bebé, que tiene que comer diferente del pecho y de la tetina y para la madre, cuya producción se ve entorpecida por una leche que viene de fuera, que deja al bebé dormido durante 3 o 4 horas y que le hace entender, a su cerebro, que ese descanso se produce con la cantidad que mamó, decidiendo mantener o disminuir un poco la producción, cuando lo que se busca es precisamente lo contrario.

Dice la estadística que del hospital sale tomando leche materna el 84,8% de los bebés y que a los 4 meses de edad la cifra ya se ha reducido al 53,7%. No conocemos los datos de lactancia exclusiva al mes de vida, pero sería muy interesante saberlo porque estoy seguro de que son muchos, pero muchos, los bebés que ya están tomando algún biberón. Si es por decisión materna, no digo nada, claro (como en mi CAP, donde esto es el pan nuestro de cada día), pero si es por falta de información, porque podríamos haber actuado antes, sí.

¿Que tu pediatra te lo soluciona con un biberón?

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¿Tienes problemas con la lactancia, vas enseguida y la primera o única solución de tu pediatra o tu enfermera es un biberón? Quizás quieras acudir a un grupo de lactancia a ver qué opinan al respecto. Es una pena, pero muchos profesionales no saben muy bien cómo actuar y, ante la falta de soluciones, tiran de una que no falla: "pues si con tu pecho y tu leche no, dale otra". Y es una pena porque muchas veces se pueden solucionar los problemas sin necesidad de dar al bebé otra leche.

¿Que ha perdido mucho peso? Yo soy el primero que recomienda biberón y tanto como el bebé quiera, porque entonces lo importante no es que coma leche materna, sino que coma. Que coja peso, que se ponga fuerte, que empiece a estar más despierto, que llore con más fuerza, que no se quede dormido en la segunda chupada a la teta y que, poco a poco, mame cada vez más y mejor. Ya llegará el momento de quitar esos biberones más adelante, pero si el bebé lo necesita no hay que jugar con ello.

Ahora bien, como digo, muchas veces hay margen para probar otras cosas, y lo hay, sobre todo, si se acude a tiempo. Por eso, repito, la primera visita del pediatra o la enfermera debería ser, a poder ser, antes de cumplir una semana de vida.

Fotos | Thinkstock
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