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Hoteles sin niños: el reclamo turístico que discrimina a los más pequeños
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Hoteles sin niños: el reclamo turístico que discrimina a los más pequeños

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Los hoteles sin niños, también conocidos como "hoteles sólo para adultos", es una opción turística que se consolida con fuerza desde hace unos años. A las voces contrarias a este tipo de establecimientos, los hoteleros responsables se defienden alegando que sus medidas no son discriminatorias.

Pero ¿qué pasaría si el colectivo excluido fuera, por ejemplo, el de los jóvenes o ancianos? ¿Seguiríamos sin verlo discriminatorio? El Departamento de Igualdad y Políticas Inclusivas de la Generalitat Valenciana ha dado un primer paso presentado una alegación contra este tipo de hoteles.

¿Qué ocurriría si los discriminados fueran jóvenes o ancianos, por ejemplo?

Cuando se trata de los niños parece que todo vale. Pueblos sin niños, hoteles sin niños, restaurantes sin niños, aerolíneas sin niños, bodas sin niños... En la sociedad existe una falta enorme de empatía hacia ellos: siempre molestan, siempre sobran y parecen estar siempre en el centro de la diana.

Y yo me pregunto, prohibir la entrada a una persona por una cuestión de edad, ¿no es una discriminación en toda regla?

¿Qué nos parecería si un hotel negase el derecho de admisión a los mayores de 65 años?, ¿o a los adultos que se encuentran en la veintena?, ¿o en la treintena?. ¡Seguro que, como es lógico, nos llevaríamos las manos a la cabeza ante semejante estupidez!

Pero cuando se trata de niños no nos ofendemos de la misma manera. Y hay a quien incluso esta medida le parece bien, sin percatarse siquiera de que el derecho de exclusión es un acto discriminatorio en toda regla, ya no sólo hacia el menor sino hacia su familia.

Familia-de-vacaciones

En las últimas horas, la polémica ha inundado Twitter. Y aunque hay voces a favor de esta medida turística discriminatoria, la mayor parte aboga por los derechos de los niños y por la igualdad de todos.

La polémica está servida

Mónica Oltra, vicepresidenta, portavoz y consejera de Igualdad y Política Inclusiva de la Generalitat Valenciana, ha presentado una enmienda contra los "hoteles sólo para adultos" por segregar y discriminar por razón de edad en el ámbito turístico. Sin embargo, la enmienda ha sido rechazada por la Agència Valenciana de Turisme (AVT), por considerar que se trata sólo de un reclamo comercial.

¿Y por qué no son reclamos comerciales los hoteles sólo para mujeres rubias?, ¿o para alopécicos?, ¿o para gente que lleva gafas?, ¿o para los nacidos en una determinada ciudad? Simple. Porque a cualquiera en su sano juicio le resultaría absurdo y fuera de lugar la existencia de este tipo de establecimientos hoteleros.

Sin embargo, los niños, vuelven a estar en el centro del debate:

Niños-en-la-piscina

Tranquilidad y descanso. Principales reclamos de este tipo de hoteles

Relax-y-descanso

Relax, tranquilidad y descanso. Estos son los principales reclamos que ofrecen los "hoteles sólo para adultos" (mayores de 16 años) que se constituyen como la oferta opuesta a los "hoteles amigos de los niños".

Los defensores de este tipo de establecimientos alegan que los niños gritan, molestan, salpican y que alteran el descanso. Sin embargo, yo jamás me he sentido molesta por el comportamiento de ningún niño; ni antes de ser madre ni después de serlo.

Y es que el buen comportamiento y la educación no es una cuestión de edad.

Los padres debemos ser responsables de nuestros hijos y tanto si estamos de vacaciones con ellos en un hotel, como si vamos al parque o al supermercado. Son nuestra responsabilidad.

Y el que los niños puedan llegar a molestar en un momento dado no es un problema del niño sino del adulto responsable de ese menor, que debería estar velando por él.

¿Acaso los adultos no molestamos?

A menudo me encuentro con situaciones realmente molestas que no están protagonizadas por niños, precisamente. Pero es estando de vacaciones cuando he presenciado las escenas más bochornosas, como si el hecho de estar de vacaciones diera libertad para hacer lo que se quiera sin importarnos la persona que tenemos a nuestro lado.

Jóvenes-saltando-a-la-piscina
  • Jóvenes jugando en la piscina sin ningún tipo de cuidado ni educación, lanzándose unos sobre otros y llevándose por delante a quien pasa por su lado. Y no, no me refiero a niños chapoteando inocentemente en el agua.

  • Ejecutivos incapaces de desconectar de sus teléfonos móviles que hablan a gritos sobre sus operaciones estratégicas, impidiéndote incluso poder seguir concentrada en tu lectura. Y no, no me refiero al griterío infantil de los niños jugando.

  • Adultos borrachos o con ganas de llamar la atención, que gritan, cantan a pleno pulmón o hablan a voces con sus amigos en la hora de la siesta. Y no, no me refiero al llanto de un bebé en la habitación de al lado.

  • Teléfonos móviles que suenan a todo volumen o música que se escucha a varios metros de distancia y que se te clava en el tímpano sin remedio. Y no, no me refiero al canturreo infantil de un niño o a un juguete musical.

Podría seguir poniendo ejemplos que, seguramente, resultarán familiares a más de uno.

¡Y es que está claro que educación y edad jamás irán de la mano!

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