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Videojuegos: con moderación y en familia

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Los videojuegos pueden constituir una herramienta de aprendizaje positivo para los niños y familiarización con las nuevas tecnologías, pero pueden conllevar riesgos si no se hace un buen uso de ellos. Especialmente, si se abusa del tiempo de juego y se hace en solitario.

Cuando un niño pasa demasiado tiempo delante de un videojuego (o adolescente, o adulto, pero los más pequeños son los más vulnerables) puede desarrollar trastornos diversos, desde los físicos (vista cansada, obesidad o dolores de cabeza) a los psicológicos (aislamiento, irritación, agresividad y conductas antisociales).

Es por ello que, desde que son pequeños, los padres deberíamos supervisar sus juegos y el tiempo que pasan con ellos. De este modo evitamos que accedan a contenidos inadecuados (os recordamos qué significan los símbolos que acompañan a los videojuegos) y que pasen demasiadas horas frente a las pantallas.

Como adultos, nuestra tarea pasa por educar, formar y prevenir los riesgos asociados al mal uso de los videojuegos. Compartir el tiempo de jugar con los hijos, mirando cómo lo hacen, ayudándoles, comentando la jugada, evitará que los niños se aíslen.

También podemos optar por juegos de varios participantes, al mismo tiempo o por turnos. Aquí os recordamos más consejos para aprender y disfrutar con los videojuegos.

De esta manera evitamos que el juego se convierta en un reducto en el que el niño no tiene contacto con otras personas y acaba hipnotizado por las pantallas abstraído de todo lo que sucede a su alrededor. Además, jugando en familia de vez en cuando reforzamos el vínculo y un contacto diferente, aunque no debemos olvidar otros juegos y maneras de divertirse distintas.

Algunos signos de alarma que indican que un niño no está haciendo un buen uso de los videojuegos, pasando demasiado tiempo con ellos y prestándoles una atención exclusiva, son:

  • Se muestra irascible cuando le negamos la posibilidad de que los use.

  • Conecta la videoconsola o el ordenador nada más llegar a casa.

  • Busca el aislamiento para no ser "molestado" mientras juega.

  • No sale sin su videojuego portátil.

  • Miente para lograr jugar a todas horas.

  • Retrasa la hora de comer o acostarse por jugar.

  • Deja de lado o se muestra desganado con otras actividades en familia.

Evidentemente, estos son casos extremos que nosotros como padres podemos y debemos evitar, no dejando que pasen demasiado tiempo jugando a los videojuegos y compartiendo esos momentos en familia. Ofrecerles alternativas de ocio compartido es una buena opción para evitar problemas.

Foto | Flickr (ffg) En Bebés y más | Nuevo modelo de clasificación de contenidos audiovisuales televisivos para informar a los padres, Videojuegos: Decálogo para una compra responsable e informada

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