Si me tumbo en la cama con mi hijo hasta que se duerma, ¿le estaré malacostumbrando?

Si me tumbo en la cama con mi hijo hasta que se duerma, ¿le estaré malacostumbrando?
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A la hora de dormir a los niños hay tantos métodos como familias existen. Los hay que optan por colechar con sus hijos desde el principio, mientras que otros prefieren que estos duerman en su propia habitación. También hay niños que entran y salen libremente de la cama de sus padres, y padres que deciden quedarse en la cama de sus hijos acompañándolos hasta que se duermen.

Como sucede con cualquier otro aspecto de la crianza, el sueño familiar no debería ser objeto de críticas y juicios. Sin embargo, es uno de los temas que más controversia genera, lo que hace que muchas familias sientan dudas sobre si estarán haciendo o no lo correcto.

Sobre colecho hemos hablado en muchas ocasiones, pero no así sobre otras prácticas de sueño como acompañar al niño hasta que se queda dormido: ¿puede esto generarle un mal hábito a largo plazo o acabar acostumbrándose a dormir en compañía?

Una práctica beneficiosa para todos

¿Qué padre o madre no se ha tumbado alguna vez en la cama de su hijo y le ha acompañado hasta que se ha quedado dormido?

No solo se trata de una opción práctica cuando queremos que el niño se quede dormido en su cama más o menos rápido y sin lágrimas, sino que además, nos permite a los padres tener tiempo después para nosotros.

Para el niño, dormirse en presencia de su padre o su madre también tiene importantes beneficios, tanto físicos como emocionales.

Por un lado, los niños necesitan sentirse acompañados y protegidos. Esto le ayudará a disipar los posibles miedos nocturnos o fobias, su ritmo cardíaco y su respiración se estabilizarán y, por consiguiente, logrará conciliar el sueño de forma tranquila y relajada, lo que repercutirá de forma positiva en su correcto descanso.

Pero además, el ratito compartido con los hijos antes de dormir ayuda a fortalecer los vínculos, favorece la confianza del niño y propicia la creación de recuerdos positivos que nos acompañarán toda la vida.

¿Por qué algunos padres deciden acostarse con sus hijos hasta que se quedan dormidos?

acostarse con los hijos

Como hemos comentado al inicio, a la hora de dormir a los niños hay tantas opciones como familias, por lo que los padres deben elegir siempre la que más se adapta a sus necesidades.

En este sentido, habrá padres que opten por colechar con sus hijos toda la noche, mientras que otros los acuesten en su propia cama pero decidan acompañarlos hasta que se queden dormidos, especialmente si ese día el niño está ansioso, nervioso o no quiere irse a dormir.

Y es que es normal que los niños pasen por fases en las que necesitan nuestro acompañamiento, sobre todo si están viviendo cambios que les generan cierta inseguridad, como puede suceder con la llegada de un hermano, el inicio del cole, problemas familiares...

También el miedo a la oscuridad y a los monstruos - tan típico entre los dos y los cinco años- o las pesadillas, pueden requerir la presencia del adulto para que el niño se tranquilice y vuelva a dormirse.

Sea como sea, es completamente normal que los niños pasen por rachas en las que les cuesta irse a la cama solos o nos pidan que les acompañemos hasta que se queden dormidos, incluso cuando consideramos que ya "son demasiado mayores" para eso.

Y es que al fin y al cabo, ¿a quién no le gusta dormirse tranquilo y confiado en compañía de la persona que más quiere y con quien se siente protegido?

Pero, ¿no se malacostumbrarán y luego no sabrán dormirse solos?

dormir con los hijos

Como siempre ocurre con cualquier aspecto de la crianza, es normal que surjan dudas y haya padres que se pregunten si sus hijos pueden acabar malacostumbrándose a dormir en compañía y luego no sabrán hacerlo solos.

En primer lugar, es importante señalar que acompañar a un hijo de forma respetuosa, procurar su tranquilidad y su descanso y aportarle la seguridad que necesita en un momento dado no es "malacostumbrarlo". Al contrario, los niños necesitan crecer seguros y confiados para desarrollar su propia autonomía y aprender a valerse por sí mismos, y nuestro apoyo emocional es fundamental.

Recordemos, además, que el sueño es un proceso evolutivo y madurativo, por lo que a medida que nuestro hijo vaya creciendo irá desarrollando patrones y hábitos como los de los adultos. Para ello es necesario inculcarle rutinas de sueño saludables que favorezcan su descanso, así como prestarle atención cuando nos reclame.

En este sentido, habrá días en los que necesite sentirse acompañado hasta que se quede dormido, mientras que otros le bastará con tener cerca su peluche favorito, escuchar música relajante o que simplemente le leamos un cuento antes de apagar la luz.

También habrá noches de despertares en los que nuestro hijo nos pedirá que lo acompañemos hasta que vuelva a dormirse, y otras en las que se despertará pero volverá a conciliar el sueño por sí mismo sin necesidad de estar a su lado.

En definitiva, si tu hijo está atravesando una racha en la que necesita acompañamiento para dormir, no debes preocuparte; es completamente normal, natural y lógico que quiera estar contigo.

No obstante, si el tema te genera dudas es recomendable consultarlo con el especialista. Igualmente, si detectas que la actitud de tu hijo ante el momento de ir a la cama ha cambiado de forma radical, se siente especialmente intranquilo o sus hábitos de sueño han variado y no sabes cómo actuar, no dejes de comentarlo con su pediatra.

Fotos | iStock

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