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Natación durante el embarazo: consejos

Natación durante el embarazo: consejos
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Después de haber visto todos los beneficios de la natación, tanto para la futura mamá como para el bebé, es el momento de recordar algunas medidas y consejos que harán que la experiencia salga perfecta. De este modo, podremos realizar sin riesgo este ejercicio, prácticamente hasta el momento del parto.

  • Debemos llevar cuidado con los resbalones si pisamos el suelo mojado alrededor de la piscina o en las duchas. A pesar de que el bebé está bien protegido en nuestro interior, debemos evitar hacernos daño en un momento en que nuestro equilibrio se ve alterado. Es cierto que en el agua la libertad de movimientos se disfruta y agradece, pero no olvidemos que sobre tierra firme nuestro centro de gravedad se ha alterado respecto a cuando no teníamos una gran barriga.
  • También, tanto si se nada en piscina como en el mar, habremos de buscar las zonas menos profundas, que no cubran, para poder descansar en el momento que lo deseemos poniéndonos de pie.
  • Es aconsejable no utilizar ropas demasiado ajustadas, para no entorpecer la circulación sanguínea. Los bañadores o bikinis premamá son la mejor opción.
  • La temperatura del agua debería sernos agradable, no es bueno que esté muy fría ni excesivamente caliente. Una temperatura alrededor de los 27-31 grados centígrados es adecuada.
  • La temperatura exterior también habrá de ser templada, evitando nadar al aire libre en las horas centrales del día para evitar quemaduras o insolaciones.
  • En el caso de nadar al sol, no olvidar la protección solar para nuestra piel. En un momento en que somos más susceptibles a sufrir alteraciones cutáneas, como las manchas, nuestra piel necesita un cuidado especial.
  • También, para seguir protegiendo la piel y el cabello, eliminar los restos de cloro o sal de nuestro cuerpo y aplicar una crema hidratante tras la ducha.
  • No tratemos de alcanzar metas que nos cuesten esfuerzo o resulten imposibles. La natación en estos momentos especiales es para disfrutarla de manera relajada, sin forzar.
  • A pesar de ser relajada, no implica que sea esporádica, pues podríamos perdernos todos o parte de sus beneficios: una rutina de ejercicios, estableciendo unas sesiones semanales (3 o mucho mejor, 4 días) o incluso diarias es lo mejor.
  • Además, conviene recordar que los ejercicios realizados en el agua, en este caso distintos a la natación (aquagim, estiramientos, flexibilidad...) deben estar diseñados especialmente para el medio acuático, ya que la aplicación de ejercicios de suelo en el agua es poco efectiva.
  • Durante los viajes, habremos de asegurarnos que el baño en aguas de lagos o playas que no conozcamos no están contaminados, o que las piscinas están suficientemente limpias y cuidadas.

Ahora, sólo nos queda lanzarnos al agua y disfrutar de la natación.

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