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Criar sin azotes: herramientas prácticas

Criar sin azotes: herramientas prácticas
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Si queremos criar a nuestros hijos sin recurrir a azotes, gritos o cachetes llega un momento que necesitamos consejos, herramientas concretas y técnicas útiles a las que acudir.

Hay una primera cuestión que, si nos la planteamos, nos va a dar la clave para el control. Hemos aprendido a reconocer la ira que suele preceder al cachete y la pérdida del autocontrol. Unido a eso podemos empezar por algo sencillo, que es, reconocida la ira, concienciarnos para nunca dar un azote movidos por la ira, nunca.

Nunca dar un cachete en caliente

Incluso quienes defienden el cachete a tiempo no suelen pegarlo pasado un rato, acuden a él más que como medida educativa como válvula de escape a su enfado, el miedo por un peligro o la verguenza por estar siendo observado en un momento en el que el niño se comporta de manera incorrecta según las normas.

Para todos es posible hacer este ejercicio. La forma de saber si un cachete merece la pena o es la mejor manera de actuar ante el problema de comportamiento es no darlo en caliente. Dejar pasar un rato, una hora más o menos, y entonces reflexionando sobre las causas de la actuación del niño y las de nuestras sensaciones e ira, decidir si lo damos informando al niño de lo que vamos a hacer y de lo que queremos conseguir con ello.

Seguramente nos vamos a encontrar con que no somos capaces de hacerlo tras una reflexión y además explicar a nuestro hijo, sin gritarle ni enfadados, que ese cachete que pensamos darle tiene motivos fundados. El cachete, cuando no estamos en caliente, ya no nos sale. Por tanto, descubriremos que el cachete es fruto de la ira, no de un verdadero deseo de enseñarle nada a nuestro hijo.

Y seguro que entonces vamos a empeñarnos en no darle ni un azote llevados por una pérdida de control, porque choca con todo lo que queremos enseñarles de manera coherente.

Los niños tienen tanto derecho como los adultos a ser tratados con respeto

Recordar entonces que un niño tiene tanto derecho como cualquier adulto a ser tratado con respeto es importante, pero estar convencido de ello es solamente el primer paso para aprender a actuar de ese modo. Criar sin azotes no es en absoluto imposible, pero que debemos aprenderlo si nuestra propia experiencia de niños y lo que vemos en el entorno no responde a estos conceptos.

Yo iría más allá. Con un adulto podemos incluso permitirnos perder el control y llegar a una falta de respeto. El otro adulto va a tener los elementos emocionales, verbales e intelectuales para enfrentar lo sucedido. Y además el otro adulto tiene la posibilidad de defenderse o hasta de dejar de tratar con nosotros. Además el adulto ha tenido una formación que le hace no depender total y absolutamente de nuestro trato y opinión para construir su imagen de si mismo. Y tampoco depende de nosotros para todo en lo material.

Con el niño es diferente. Nuestros hijos dependen de nosotros para vivir, para sobrevivir y también para educarse, recibir modelos de comportamiento y aprender a entenderse, amarse y respetarse a si mismos. Por eso el modo en el que los tratemos es especialmente importante, vital para su desarrollo y hace que tengamos una enorme responsabilidad.

Técnicas para el día a día

Muchas veces el estallido llega cuando el niño llora, tira cosas al suelo, se queja, se pone nervioso o grita piendo algo. Solemos estar cansados y sobrepasados. Para evitarlo, identificados los síntomas de la ira, podemos usar unos trucos fáciles para romper el momento en el que esa rabia sube por la garganta. Y consisten en romper la situación, cambiarla, crear una nueva en la que no vayamos a estar enfadados.

Algunas técnicas para el día a día que dan resultado son un poco absurdas pero muy efectivas: ponernos a bailar, tirarnos al suelo a hacer la croqueta rodando, tomarlo en brazos y hacerle una mueca o una carantoña, cantar incluso, son variadas posibilidades sencillas que podemos intentar usar para dominar la ira y darnos unos segundos de libertad. Una vez hecho esto la rabia habrá remitido y podemos actuar de otro modo.

Cambiar el escenario, calmarnos mediante una ducha o unas respiraciones, golpear un cojín, marcharnos a otra habitación a pegar allí dos gritos, pedir a la pareja que tome las riendas del cuidado del niño momentaneamente y salir unos minutos, son algunas prácticas muy efectivas que rompen el momento en el que la ira nos domina y nos dejar el aire suficiente para enfrentar de nuevo la situación desde otra perspectiva.

Contar hasta diez y gritar hundiendo la cabeza en una almohada o en nuestro propio antebrazo son técnicas que controlan la ira y podemos usar siempre que sintamos que los síntomas físicos de su avance se presentan. Pese a que es algo muy sencillo su uso es efectivo.

Existen algunas técnicas algo más elaboradas, al alcance de todos, que podemos usar en la mayoría de las situaciones del día a día, adaptándolas a cada caso y a cada persona. Antes de perder el control y dar un cachete, un azote o un grito se pueden hacer muchas cosas que harán que el momento de rabia pase y ya no nos pueda dominar.Iremos viéndolas en los temas siguientes para ofreceros recursos y herramientas prácticos para poder aprender a criar sin azotes.

En Bebés y más | Criar sin azotes: recursos naturales para prevenir, Criar sin azotes: nuestros padres y nuestros hijos, Los azotes no sirven para nada (I) , (II)

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