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Es posible criar sin azotes

Es posible criar sin azotes
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Hemos hablado bastante en los últimos días sobre la importancia de atender el llanto de los bebés y también de las formas de educación que hemos recibido y que reproducimos tratando de corregir a los pequeños con azotes, castigos o gritos. Pese a que este comportamiento lo tengamos casi interiorizado como normal y sin consecuencias muchos padres desearían criar sin azotes y cambiar el proceso logrando una comunicación más empática y respetuosa con sus hijos, tratándolos como lógicamente todos los seres humanos desearíamos ser tratados. Pero ¿cómo lograr esa crianza más empática y esa comunicación respetuosa?

Puede parecernos complicado si no tenemos los recursos necesarios y no hemos interiorizado que a los niños no se les puede tratar de una manera que sería inadmisible hacia un adulto, especialmente si este estuviera en una posición de dependencia o indefensión como sucede con los niños.

Nuestras frustraciones y tensiones a veces nos hacen explotar, pero el hacerlo con los niños debería producirnos más rechazo incluso que si lo hacemos con un adulto. Para los padres que vieron que sus padres lo hacían y asumen que les sucede también, esto puede resultarles un comportamiento que saben incorrecto pero que no consiguen cambiar. Pero es posible aprender a criar sin azotes.

Para todos esos padres que desean aprender a criar sin azotes, controlar su ira o sus nervios y tratar a sus hijos con el mismo respeto con el que tratan a otras personas pero no logran hacerlo hay ideas, estrategias y hasta trucos sencillos que pueden resultarles de mucha ayuda para trabajar el cambio de su comportamiento. Hoy vamos a aprender que los adultos nos equivocamos y veremos un ejemplo: el caso del supermercado.

Los adultos nos equivocamos

Pues si. Parece que nos cuesta aceptarlo, pero es cierto, los adultos nos equivocamos. Los adultos nos portamos mal a veces, tenemos rabietas, berrinches, nos vemos sobrepasados por las circunstancias, estamos cansados y explotamos y eso nos lleva a comportarnos mal, a ser maleducados, violentos, agresivos y vengativos.

De verdad no cuesta nada admitirlo. Resulta liberador y curativo. No hay que temer a la culpabilidad, pues reconocer los fallos es indispensable para lograr subsanarlos. Perdemos los nervios pero con quienes nos permitimos pasar límites que no pasaríamos con nadie es con los niños, como si no pasara nada por hacerlo porque no aceptamos que, si nuestros padres lo hicieron, nos hicieron daño con ello. ¿Nos traumatizó? Pues eso no lo puedo responder, pero sin duda nos dolió que nos pegaran un azote o un tortazo, nos amenazaran con dejar de amarnos y nos llamaran cosas feas.

Y una vez aceptamos que eso duele seas niño o adulto, podremos decidir que no queremos repetir ese error y seguro que encontraremos el modo de educar sin azotes.

El caso del supermercado

Un niño está en el supermercado con su madre. Ella lleva al hermano bebé en el cochecito. El niño tiene tres años, está cansado y aburrido, corretea por los pasillos, se tira al suelo. Está en un sitio y en una situación que no entiende y que no es adecuada para sus necesidades. No puede más. Termina llorando tirado en el suelo porque quiere una chuquería o porque ha tirado jugando unos botes del estante.

Su madre no puede más. El bebé tiene hambre, tiene que ir a casa y darle la teta o preparar el biberón corriendo, y ella no ha dormido apenas. Le duele la espalda, el estómago, pero sobre todo le averguenza el modo en el que la gente mira a su hijo tirado en el suelo, se siente mala madre, quiere parar esto y llegar a casa cuanto antes. Explota.

Agarra al niño del brazo y le obliga a levantarse. Le da un azote. El niño sigue llorando. Le dice que es malo, que la tiene harta, que como siga llorando le va a partir la cara, que va a dejar de quererlo… he escuchado todas las variantes, a gritos o con voz baja, rostros amenazantes y algunas palabrotas realmente irreproducibles aqui.

En algunos casos terminará comprando la chuchería para que el niño se calme, aunque seguirá machacándolo con lo mal que se ha portado y lo desagradable que es. Otras no cederá, y se lo llevará casi arrastrando, hasta que el niño tenga una rabieta monumental o termine llorando muy bajito, sin saber ya ni lo que le pasaba.

En realidad, comprar o no la chuchería no es la respuesta, la solución al caso no pasa por compar o no algo que en realidad no consideramos inadecuado para la salud del niño pues otros días si se lo hemos ofrecido. La solución pasa por tres cosas: evitar la situación, entender lo que le pasa al niño y manejar mejor nuestras emociones como adulto.

¿Hay otro modo de enfocar esta situación?

Yo tengo algunas respuestas para esta situación que es solamente un ejemplo de las realidades cotidianas que desembocan en que se rompa la comunicación y los padres pierdan la paciencia, la contención y el respeto por sus hijos, le peguen o les insulten y amenacen, siempre con un exito muy limitado. Porque la cuestión es que dar cachetes o gritar no sirve de nada pues no cambia las razones del problema y este se reproducirá una y otra vez para agotamiento y pena de todos los implicados.

Sin embargo, antes de seguir os invito a participar en la resolución del caso, contando con vuestras respuestas que cosas se pueden hacer para evitar, reconducir o enfrentar una situación como la del ejemplo.

En el próximo tema seguire analizando el caso y aportando ideas para ayudar a los padres que decidan aprender a criar sin azotes, de manera más empática y respetuosa, sin que por ello sus hijos vayan a amargarles la existencia, sino todo lo contrario, logrando una convivencia más feliz para todos.

En Bebès y más | Educar con respeto, El castigo es un método poco educativo

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