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Chantaje emocional: ejemplos en la educación a los niños

Chantaje emocional: ejemplos en la educación a los niños
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Soy consciente de que considerar que amenazar a un niño con no quererlo, regalarlo o ir a pegarle, decirle que nos hace sentir despreciados o que es malo si no nos obedece quizá pueda parecer una exageración. Pero la cuestión es que la edad de la víctima y la intención amorosa de sus padres no cambia el hecho de que se use el chantaje emocional para lograr su obediencia o que hagan cosas que se resisten, a veces con razón, a veces sin ella, a hacer.

Lo que está mal si se lo hacemos a nuestra pareja está mal si se lo hacemos a nuestros hijos. Si un comportamiento es chantaje emocional hacia nuestra pareja, es chantaje emocional hacia nuestros hijos.

No usar el chantaje emocional no significa que dejemos que los niños se comporten caprichosamente, nos traten sin respeto o dañen a otros. No significa que vayamos a educar niños sin límites.

La cuestión es que el chantaje emocional no es una herramienta adecuada y somos capaces de superarla aprendiendo, primero, a identificarla, segundo a no usarla y tercero, a desarrollar otras herramientas más sanas.

Ejemplos de chantaje emocional hacia los niños

El chantaje emocional hacia los niños incluye expresiones bastante comunes: desde la amenaza de perder el amor de los padres, el señalar que nadie nunca los querrá, hasta comentarios sobre llamar a la policía, el hombre del saco, los servicios sociales, el padre o la madre ausente en ese momento.

Los niños tienen que aprender a ser respetuosos, a cumplir unas normas de convivencia, a alimentarse sanamente y a controlar, de forma sana, sus emociones negativas y su agresividad. Por supuesto. Pero deben aprender por convencimiento, por deseo propio, no por miedo.

Incluso cuando se amenaza con la pérdida de regalos navideños, haciendo a los Reyes Magos cómplices del chantaje, con eso de que si no te portas bien te van a traer carbón, estamos usando una manipulación y una amenaza.

Es una costumbre tan extendida que cualquiera, incluso personas que no nos conocen de nada, se animan a usarlo con los niños, sin darse cuenta de que están haciéndoles daño. Desde los que les dicen que se los van a llevar a ellos o a sus hermanitos, hasta los que se burlan de los niños por llevar todavía chupete, pañal o tomar la teta o el biberón.

La humillación

Contarle a otros, como compañeros o familiares, el “mal comportamiento” es otra manera de chantajear, amenazando con el ridículo, humillando al niño. La cosa puede ir más allá, si además de una amenaza general avisamos de que les haremos ser visibles y reconocibles, para que cualquiera que los vea se mofe de ellos, y eso, aunque no tengamos la intención de cumplirlo, solamente con la idea ya hacemos daño al niño.

Otras maneras de usar el miedo a la humillación es la comparación negativa del niño con otros, especialmente dañina cuando hablamos de funciones corporales, alimentación o habilidades que se adquieren a distinta edad según el grado de maduración. Peligroso es especialmente cuando usamos el chantaje en la alimentación o en el control de los esfínteres, pues la humillación se une a que son funciones corporales muy delicadas.

Si, encima, la comparación es entre los hermanos, estamos poniendo la mejor base para una competitividad insana, envidia y celos, o la terrible sensación de no ser tan amado por los padres como el otro hermano por no ser tan bueno o tan listo como él.

Obviamente, hay amenazas más violentas, que ya superan el propio chantaje emocional para controlar mediante el miedo más directo. Me refiero a amenazas de pegarle, o causarnos daños a nosotros mismos, decir que deseamos morir o que la vida, por su culpa. Si analizamos lo dicho nos podemos dar cuenta que su sola posibilidad es una pesadilla, en la que las acciones potenciales se utilizan para intimidar.

Es que no pararía de dar ejemplos, pero seguro que nuestros lectores, a estas alturas, son capaces de darme un montón de ejemplos. Me encantaría que, en los comentarios, los compartieran. Pero vamos, lo típico es eso de “comete todo o mami se va a poner triste” o peor “mamá no te va a querer si te pones a correr en la consulta del médico”.

El medio y el fin

Pueden ser mentiras descaradas, pero que al niño, o le afectan, o peor, ya no le afectan porque ha perdido la confianza en nosotros harto e inmunizado de escuchar tantas amenazas. Así que, sirvan o no, son malas maneras de conseguir un objetivo supuestamente educativo.

Resulta cierto que el chantaje emocional puede desembocar en un castigo: no ver la tele, no salir al parque, no leerles un cuento o no comprarles algo que deseaban mucho. También puede desembocar en que el padre cumpla sus amenazas y le pegue al niño, le grite o le insulte. Y además, puede provocar que el padre vea distorsione la imagen de su propio hijo y la autoestima del niño, quien, sea algo importante o algo superficial por lo que es amenazado con dejar de ser querido o respetado, terminará por creerse indigno del amor paterno y se etiquete a si mismo como ese niño malo que no es.

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