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¿Por qué ser padres nos enseña tanto?

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Ser padres nos cambia la vida, por fuera, pero también nos cambia por dentro. Los retos de una maternidad y paternidad conscientes suponen darle la vuelta a todo, replantearnos nuestras creencias y buscar intensamente la manera de mejorar como personas, pues solo si somos mejores personas podemos ser los mejores padres posible. Sin duda, ser padres nos enseña muchas cosas.

La perfección no existe. Pero los seres humanos somos capaces de perfeccionarnos. Y en esto el convertirnos en padres supone el mayor aprendizaje posible al que, seguramente, nos vamos a enfrentar en la vida.

En la crianza y la educación de otro ser humano es cuando mayor responsabilidad asuminos. No solo dependen de nosotros para su supervivencia, salud, integridad física y confort. Nuestros hijos también dependen de nosotros para crecer emocionalmente sanos, conocerse a ellos mismos, manejar sus emociones y saber relacionarse con los demás con empatía y asertividad.

Aprender a acompañar a otro ser

Las razones por las que convertirnos en padres nos enseña tanto están en la propia esencia de lo que es ser padres: acompañar a otro ser humano en su construcción y descubrimiento. Nuestros hijos solo se pretenecen a ellos mismos, ni a la sociedad ni a nosotros ni a la familia extensa. Nuestro deber es dejarles ser.

Y ese es el primer aprendizaje, el de dejar que otro sea sin obligarle a asumir nuestras creencias, sin descargar en él nuestras frustraciones o miedos, sin presionarlo para que cumpla nuestras expectativas. Permitirle descubrir y cumplir sus propios sueños.

Educar, en el fondo, no es obligar a ser lo que nosotros queremos que sean, sino permitirles desarrollarse plenamente y adquirir las herramientas y conocimientos para tener una vida satisfactoria en cada momento, en la infancia y también cuando sean adultos independientes.

Reeducarnos

Convertirnos en padres y madres conscientes nos obliga a reconsiderar toda nuestra infancia, nuestra crianza, lo que aprendimos, las creencias y valores. Nos topamos con la realidad del amor de nuestro hijo y lo claro que expone sus necesidades de contacto y respeto. Nos reeducamos con ellos.

Si observamos al niño nos plantearemos muchas de las cosas que hemos aprendido y nos lanzaremos a un trabajo profundo de descubrimiento personal: nuestra reeducación. La manera en la que nos relacionamos con el niño y con el resto de seres humanos va a marcarlo, pues aprende de lo que hacemos, asi que no queda otro remedio que tener el valor de mejorarnos y adquirir nuevos conocimientos, estrategias y habilidades comunicativas.

Aceptar que nuestros padres cometieron errores más que para sentir rencor nos puede ayudar a reconocer los esfuerzos que ellos hicieron para ser la mejor versión de ellos mismos. Si nos gritaban, castigaban o dieron algún azote posiblemente, aunque nos dañó, ellos estaban ya avanzando desde un paradigma previo en el que habían recibido palizas en su infancia.

Ahora es nuestro turno de crecer y aportar un paso más de evolución en el trato que damos a los niños, y, en vez de repetir sus errores, podemos mejorar un poco más.

Imagináis crecer sin gritos, sintiéndonos acogidos y valorados en todo momento. Asi nuestros hijos serán personas más seguras y valientes y podrán, cuando sean padres, mejorar los errores que nosotros seguramente también cometamos.

Ser padres nos hace aprender a dialogar y negociar, a valorar a las personas por quienes son y no por lo que proyectemos en ellas, a no juzgar, a ser pacientes, a controlar la ira, a tener en cuenta las necesidades de otra persona sobre las nuestras cuando chocan, a ser generosos y a pensar a largo plazo en la vida que deseamos tener y ofrecer a los niños.

Estoy segura que se os ocurren muchas más cosas por las que aprendemos tanto de la paternidad y la maternidad. ¿Os animáis a contárnoslas en los comentarios a este post?

En Bebés y más | Dos cosas que hacen los padres de hijos felices, Tres errores que los padres debemos evitar, Seis cosas que debes enseñarle a amar a tu hijo

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