
Un equipo de investigadores de EEUU ha encontrado que la actividad cerebral de los niños disléxicos muestra algunas diferencias fáciles de captar por resonancia magnética, lo cual sería un método accesible y efectivo para detectar la dislexia antes de desarrollarla.
La dislexia es un trastorno neurológico en la lecto-escritura que dificulta en distintos grados la capacidad para aprender a leer y a escribir. La detección precoz del problema es clave para poder ayudar al niño que la padece cuanto antes, incluso antes de que empieza a poner en práctica la habilidad de la lectura y la comprensión, aproximadamente a los seis años de edad.
Después de hacer resonancias magnéticas a 36 niños con una edad media de cinco años mientras decidían si dos palabras comenzaban con el mismo sonido, los autores de la investigación observaron que los que tenían historial familiar de dislexia mostraban menos actividad metabólica en algunas zonas cerebrales, concretamente en las uniones entre los lóbulos occipital y temporal y en los lóbulos temporal y parietal.






En mi relativamente corta experiencia como profesora me he topado con varios casos de dislexia infantil en mayor o menor grado. Incluso, uno de esos casos no estaba detectado previamente, y hablo de un niño de 12 años.
Un niño que padece dislexia suele tener una gran capacidad intelectual, aunque esta no casa con los problemas que suele presentar para poder aprender a leer o escribir. En ocasiones, padres y educadores creen que un niño no quiere o no le gusta estudiar y se encuentra abocado al fracaso infantil cuando en realidad el problema que padece es la dislexia.