
Cuando estamos embarazadas el volumen sanguíneo de nuestro organismo aumenta para satisfacer las necesidades de crecimiento y nutrición del bebé.
Debido a este incremento del flujo sanguíneo se producen algunas molestias típicas de la gestación como desmayos, dolor de cabeza, hemorroides, edemas, cansancio generalizado y también palpitaciones y taquicardia.
El corazón debe trabajar a marchas forzadas para bombear la cantidad extra de sangre. Llega a bombear hasta un 50% más de sangre que en condiciones normales, por lo cual es normal que la madre sufra palpitaciones a partir del primer trimestre, pero volverse más acentuadas a partir del segundo trimestre.
Pero ahora que el corazón debe trabajar para dos, además de aumentar el volumen de sangre es lógico que también aumente la frecuencia cardíaca, es decir que se produzcan más latidos por minuto y que el corazón se contraiga con mayor fuerza.



Ya hemos comentado que, si no existe contraindicación médica, el ejercio moderado es también sano estando embarazada y hemos dado 
Dos estudios, uno norteamericano y otro de Dinamarca, revelan unas sorprendentes conclusiones que deberían motivar a los gobiernos de ambos países a tomar las medidas oportunas. Según dichos estudios, la población infantil sufrirá en los próximos años un incremento elevado de obesidad y en consecuencia, todas las enfermedades que se asocian a ella.
Afortunadamente, en los últimos años viene aumentando el porcentaje de supervivencia de los niños que nacen con lesiones en el corazón.