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"Cuando voy a ver jugar a mis hijos no abucheo", las palabras de un entrador de baloncesto que deberían hacernos reflexionar

"Cuando voy a ver jugar a mis hijos no abucheo", las palabras de un entrador de baloncesto que deberían hacernos reflexionar
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Imaginemos un sábado por la mañana cualquiera, en un partido de fútbol o baloncesto de una liga infantil. Las gradas están llenas de padres que gritan, protestan, silban o se enfadan con sus propios hijos, con los entrenadores o con el árbitro porque no ha pitado una falta.

Por desgracia, estas escenas son más habituales de lo que imaginamos y resultan realmente lamentables. Por eso nos ha encantado la reflexión de Frank Martin, un entrenador de baloncesto de un equipo de Carolina del Sur. Sus palabras son una auténtica lección que debería hacernos pensar.

"Cuando voy a ver jugar a mis hijos no abucheo, ni agito los brazos"

Marc Castillo es entrenador de baloncesto de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, y hace unos días se hizo eco en su perfil de Twitter de un vídeo protagonizado por otro entrenador de baloncesto, esta vez de Estados Unidos, que nos daba una lección magistral sobre el comportamiento que deberíamos tener los padres durante los partidos de nuestros hijos.

En el vídeo, Frank habla de baloncesto pero su reflexión es extrapolable a otros deportes como el fútbol, por ejemplo, que muchas veces está en el centro de la diana por este tema. Y es que seguro que a muchos nos suenan más de una de las escenas que describe este entrenador.

Insultos, desplantes, instrucciones a los jugadores desde las gradas, críticas a los entrenadores por las decisiones tomadas, gritos contra los árbitros e incluso a veces contra los propios hijos. Y mientras tanto, la mayoría de los chavales observan abochornados los comportamientos de sus progenitores.

El deporte debe ser un entorno en el que se fomenten valores como el respeto mutuo, el pluralismo y la tolerancia pero no sólo en el campo, sino también en las gradas, y esto es algo que por desgracia a más de uno se le olvida.

Recordemos que son nuestros hijos los que están jugando y no sólo debemos darles ejemplo con nuestro comportamiento, sino que debemos respetar el trabajo de entradores y árbitros y tener muy presente que los jugadores son sólo niños que buscan divertirse, hacer deporte, pasar un buen rato con sus compañeros y sacar lo mejor de sí mismos con deportividad y empatía. Por favor, ¡no les amarguemos el juego!

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