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Qué hacer frente a una rabieta

Qué hacer frente a una rabieta
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Ser padre comporta dos funciones básicas, dar el afecto que necesita nuestro hijo para que crezca con una buena base de autoestima y poner normas y límites para que guíen su conducta en buena dirección. Lograr equilibrar ambas funciones es todo un reto.

Entre los 2 y 6 años nuestros hijos empiezan a tener voluntad propia y cuestionan las normas que les ponemos. Aunque es algo normal, es necesario saber controlar bien estos comportamientos para que no se conviertan en un hábito y para que no intenten conseguir lo que quieren utilizando su arma más difícil de apaciguar, las rabietas.

La mejor forma de enfrentarse a una rabieta, es prevenirla. Para ello debemos aprender a evitar situaciones difíciles y prever sus reacciones.

Si nuestro hijo debe dejar de hacer algo que le gusta, es de utilidad avisarle un poco antes para que se prepare mentalmente y acepte mejor el límite que le hemos puesto, siendo de más ayuda si se dirige su atención a otra cosa. Los niños no reconocen su cansancio y en ocasiones lo muestran con una conducta irascible, por lo que es conveniente no llevar al límite su capacidad de aguante, así como acostumbrarle a unas rutinas que le indiquen cuando debe irse a dormir, comer o bañarse.

Las estrategias a seguir una vez que la rabieta se ha iniciado pueden variar según el niño, pero algunas de utilidad son, llevarle a otra habitación o lugar donde se pueda romper la dinámica de la rabieta. Si hay gente delante, abandonar el lugar durante unos minutos, pues a veces, si no hay público, la rabieta pierde valor. Mostrarle cuando se calma que su comportamiento nos gusta más y a la gente que nos rodea también.

Aunque resulte difícil, debemos mostrarnos firmes y no dejarnos llevar por nuestro propio enfado. Hay padres que al reaccionar con ira, no dan ejemplo de autocontrol, llegando a ponerse a la misma altura que el niño y perdiendo así la autoridad.

El niño necesita que sus padres le entiendan y le ayuden a expresar mejor sus emociones. En el momento del berrinche es muy difícil hablar, es mejor esperar a que la situación se calme y explicarle lo que no nos ha gustado de su comportamiento, haciéndole entender el por qué de los límites que le ponemos.

No hay mejor prueba de paciencia para unos padres, que afrontar con calma una rabieta. Somos un ejemplo para nuestros hijos y debemos mostrarles lo que esperamos de ellos.

Más información | Guiainfantil En Bebés y más | Las rabietas

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