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"Jugar con nuestros hijos y desterrar el tono autoritario es la mejor forma de educar con serenidad", hablamos con Patricia Ramírez

"Jugar con nuestros hijos y desterrar el tono autoritario es la mejor forma de educar con serenidad", hablamos con Patricia Ramírez
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"Los niños son personas de primera categoría y no se merecen que les gritemos o les faltemos al respeto". Esa es la opinión de la psicóloga Patricia Ramírez, conocida por su labor divulgativa en medios de comunicación y en el mundo del deporte.

Ahora, ha dado un paso más y ha decidido ofrecer soluciones creativas a los padres a la hora de educar a sus hijos con juegos divertidos, donde no tienen cabida la autoridad "porque yo lo digo" y los gritos. La clave es **educar con tiempo, con tranquilidad.

Los ha recopilado en su nuevo libro, 'Educar con serenidad. Soluciones creativas para padres desesperados', que sale mañana a la venta. ¿Jugamos?

Patricia lo tiene claro: no nos sirve escudarnos detrás de la manida frase "a mi me educaron con autoridad y no tengo ningún trauma", porque los castigos, los azotes, los gritos o el "porque yo lo digo", son perjudiciales para nuestros hijos.

Comenta la psicóloga que cuando pregunta a los padres que acuden a su taller de 'Educar con serenidad' que es lo que quieren conseguir con la educación, la respuesta suele ser: "que obedezca a la primera", y ahí radica el primer problema.

"Como padres hay que plantearse si de verdad quieres que tu hijo obedezca a la primera cuando llegue a la adolescencia y le ofrezcan drogas o sexo. ¿No será mejor enseñarle a razonar, a saber qué está bien en lugar de obedecer porque sí?".

Añade que hay que despojar a la educación del tono solemne y rancio que le damos e innovar, pensar que existe otro tipo de educación sin recurrir a los gritos y a la figura de autoridad:

"La mayoría de los niños responden mucho mejor cuando respetamos sus tiempos, les dejamos su espacio y los tratamos con el máximo respeto, como lo haríamos con un igual".

Y ahí es donde entran los juegos para lidiar con temas cotidianos como ducharse, ser más responsables y menos contestones, menos nerviosos, a la vez que ayuda a eliminar "todas esas etiquetas que inconscientemente colgamos a nuestros hijos y que nos llevan a verlos como difíciles, caprichosos, maleducados, holgazanes, y que pueden derivar en que acabemos gritando desesperados".

No pierdas los papeles

Asegura Patricia Ramírez que el autocontrol de padres e hijos es la clave del éxito y nos propone una dinámica muy creativa para lograrlo: 'la camiseta serena', para usar en los momentos estresores que nos hacen perder el control, como "la carga de trabajo, no haber dormido bien, llegar tarde a una reunión...".

La idea es pintar con ayuda de tus hijos, una camiseta para cada miembro de la familia con su nombre y la palaba "serena/sereno". Así que cuando llegéis a casa, os la ponéis encima para recordaros que no tenéis que perder los nervios. Si alguien grita o patalea hay que recordarle que no puede porque lleva la camiseta con súper poderes para mantenerse tranquilo.

Explica Patricia que "podemos usarlas a la hora de la cena, por ejemplo, para lograr no discutir, o si todos hablamos muy alto en casa, cada día hasta que nos acostumbremos a bajar el tono de voz". Y añade que sirve de recordatorio.

"La mayoría de las veces no cambiamos un comportamiento, no porque no queramos, sino porque se nos olvida".

Jugamos a obedecer

Eduacion 2

Partimos de la idea de que obedecer a la primera está sobrevalorado. "¿Cuántas veces al día hacemos cosas que sabemos que están mal o postergamos, como dejar de fumar o no usar el móvil al volante?", nos platea la experta. Así que, tenemos que procurar ser más compasivos con nuestros hijos, que tampoco son perfectos.

El castigo no funciona, así que tenemos que aprender a poner límites desde el afecto, con motivación y empatía.

"Hay que eliminar de nuestro vocabulario frases del tipo: 'Porque lo digo yo y punto', 'No sabes hacer nada de lo que te pido', 'Haz lo que yo te diga, pero no lo que yo haga'...".

Los niños demandan atención, sentirse parte del grupo, de la familia, y puedes lograrlo prestándole tiempo, teniéndole cerca. ¿Por qué no recoger la habitación al ritmo de la música con una coreografía como Mary Poppins? O lograr que se vayan a la ducha sin protestar y divirtiéndose. La propuesta de juego es 'la gran olimpiada de la ducha'.

Elaboramos una tabla con el nombre de nuestros hijos y los días de la semana y les animamos a que se pongan unas gafas de natación y un tubo de snorkel. Después, viene el discurso motivador del tipo:

"Queridos duchadores y duchadoras, a las ocho y media de esta tarde llega el momento más esperado del día por fin, la hora de darlo todo. Cuando mamá toque el silbato, tenéis que colocaros en vuestros puestos, delante de la puerta del baño sin haberos quitado nada de ropa ni haber comido un caramelo diez minutos antes (porque eso sería dopping, energía extra). En cuanto silbe, pongo en marcha el cronometro, os metéis al baño, os quitáis la ropa, os enjabonáis todo el cuerpo desde la cabeza, os aclaráis, secáis y ponéis el pijama. Cuando esté todo, paro el cronómetro. Escribís vuestra marca diaria en la cartulina. Vuestra misión: bajar tiempos cada día, pero cumpliendo las reglas".

Recuerda Patricia que este concurso debe centrarse en uno mismo, sin entrar en competición con los hermanos: "es cada niño el que debe mejorar su marca".

Aprendamos a sentir

Los niños, igual que muchos adultos, desconocen el mundo de las emociones. La labor de los padres es ayudarles reconocer qué sienten y mostrarles técnicas que les ayuden a sentirse mejor y a regular su estado de ánimo para evitar el bloqueo. Así lo asegura la psicóloga que añade:

"Prohibido decirles que no lloren, que no estén tristes...Tenemos que enseñarles a gestionar sus emociones, no a negarlas".

Lo primero es deshacernos de las etiquetas negativas que colocamos a nuestros hijos sin ser conscientes: "vago, travieso, guarro...".

Un ejercicio de reflexión podría ser este: cada miembro de la familia escribe una etiqueta que cree que le define en un papel y luego la rompe. Y así una al día, toda la semana, para eliminarla de nuestras vidas. Pero hay que centrarnos en cambiar solo un comportamiento a la vez, porque a todos nos cuesta hacer cambios y más en aquello que no queremos cambiar. Explica Patricia que:

"La visión que tenemos de nosotros mismos nos lleva a comportarnos según esa etiqueta. Es decir, 'para qué hacer los deberes si soy un vago?', en lugar de afirmar 'venga, que llevas la capa de superhéroe, ponte con ellos que tú puedes'".

Y, por supuesto, añade la psicóloga, hay que reforzar cada pequeño logro con frases motivadoras del tipo: "¡Qué bien has hecho los ejercicios. Estamos muy orgullosos. Gracias por tu esfuerzo".

No me chilles que no te escucho

¿Recuerdas el método de aprendizaje 'Habla inglés en 1000 palabras'? Pues la autora del libro 'Educar con serenidad', nos propone un juego de comunicación similar titulado 'El optimismo en 1000 palabras'. Explica que funcionamos con memoria a corto plazo, que incluye un vocabulario no superior a 300-400 palabras, que pueden (y suelen) incluir mensajes negativos del tipo: "no puedo, no sirvo".

Así que propone cambiarlas por vocablos optimistas. El fin de semana, por ejemplo, podéis buscar en Internet o en el diccionario, una palabra nueva, alegre, que les guste a los niños para cada día de la semana. Al levantarnos, recordáis cuál es y, por la noche, durante la cena por ejemplo, vuestros hijos tienen que deciros una frase que defina una vivencia del día y que la incorpore.

"Los niños quieren atención y saber que se va a hablar de su frase en familia, les motiva, les compromete con la propuesta y así, sin darse cuenta, van cambiando su actitud y mejorando su vocabulario, su atención en clase".

Educación en valores

Explica Patricia Ramírez que educamos a los niños en valores desde que nacen. Buscamos colegios, deportes, amistades, viajes, libros y ocio afines a nuestros valores. Algunos de ellos, como la honestidad, la sinceridad y la justicia, parecen estar claros, pero no tanto otros como "el esfuerzo, el respeto, la sinceridad, la paciencia, la generosidad o la gratitud".

"Nuestros hijos tienen que entender qué significa comportarse de forma coherente con un determinado valor y qué beneficios tiene para ellos y para la comunidad".

Y eso hay que trabajarlo. Una idea, por ejemplo, para el esfuerzo, es colocar en una pizarra o una cartulina una tabla de goles. A un lado, goles de la pereza; al otro, la puntuación propia. Así: "Me he levantado 10 minutos más tarde de que sonara el despertador" (gol de pereza), pero "he hecho los deberes nada más merendar" (gol propio). Y así al final del día, nuestros hijos tienen que conseguir que el marcador esté a su favor.

Y, por supuesto, vital la labor de motivacion de los padres, con gritos de guerra establecidos para hacer frente a la pereza: "Shut up", "¿miedo yo?", "que te calles", "esta es mi vida"...

Claves para educar de forma serena

Pero entonces, ¿hay que estar jugando toda la vida con nuestros hijos? Patricia lo tiene claro: siempre que sea posible, sí, porque así retienen mucho mejor lo que se les enseña. Y termina diciendo que:

"Pegar es innegociable y gritar es una falta de respeto inaceptable y humillante. Lo hacemos para tener poder y con eso lo único que logramos es lograr un deterior de su atoestima y una falta de seguridad".

Asegura que esta actitud descoloca a los niños ya que "si la persona que más me quiere, me grita", así actuará con sus amigos, su pareja el día de mañana. Para educar de forma serena, la psicóloga Patricia Ramírez, señala estas claves:

  • No comparar nunca a los hermanos
  • No sobreproteger
  • No amenazar
  • No juzgar
  • Interesarse por sus cosas, no hacerles preguntas para adultos. Cuando sale de clase por ejemplo, les freímos a preguntas aburridas del tipo: "¿Qué has hecho hoy?", "¿Te han dado alguna nota?", en lugar de animarles con un repertorio más dinámico como: "¿Ha pasado algo divertido en el cole?", "¿Cómo está tu amigo Juan?"
  • Corregir desde el respeto, proponiendo soluciones en lugar de machacar con los errores.
  • Cuestionar el error y favorecer el error fruto de la iniciativa, la creatividad o el intento.
  • Ofrecerles amor incondicional siempre, incluso cuando se portan mal: "Te quiero y te amo igual, saques un 5 o un 10 en un examen".

Fotos | iStock

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Educar con serenidad: Soluciones creativas para padres desesperados (AUTOAYUDA SUPERACION)

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