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No, señor presidente, darle una colleja a un hijo no tiene nada de divertido
Ser Padres

No, señor presidente, darle una colleja a un hijo no tiene nada de divertido

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Esta mañana saltaba a los medios la noticia de que el Presidente Rajoy le había dado un par de collejas a su hijo mientras estaban en un programa de radio y ante las risas del personal que ahí se encontraba, junto con una cámara que para desgracia del presidente también estaba presente.

La "colleja presidencial" va camino de convertirse probablemente en lo más comentado de las elecciones y debido a la repercusión que ha tenido nos hemos encontrado con comentarios de todo tipo, algunos pidiendo la dimisión y una denuncia para Don Mariano y otros justificando la acción y diciendo que realmente tampoco fue para tanto. No voy a abogar ni por los primeros, ni por los segundos y espero poder explicarme bien en este artículo, pero si comenzaré diciendo que "no, señor presidente, darle una colleja a tu hijo no tiene nada de gracioso".

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No justifico

No voy a justificar en ningún momento la acción del señor Rajoy, para mi, personalmente, creo que no reaccionó de forma correcta ante una situación que tenía todos los visos de írsele de las manos. Hay una ley que dice bien claro que este tipo de acciones no son aceptables y tenemos un dicho popular que afirma que "el Rey no solo tiene que ser Rey, sino parecerlo". Pero tampoco pienso pedir la cabeza del señor Rajoy, ni la de ningún otro padre (salvo excepciones).

Analicemos la situación

Tenemos al presidente del gobierno que le están entrevistando en la radio, esto para el resto de los mortales, incluso para un presidente fuera de campaña, sería un trámite más en el que estaríamos más o menos nerviosos dependiendo ya de las tablas que tengamos en estos menesteres. Pero la providencia quiso que el Presidente se encontrara en campaña electoral y por tanto en medio de una situación de tensión.

En segundo lugar nos encontramos con un menor que me imagino estaría muy contento de poder, no solo acompañar a su padre a uno de sus actos, sino de simplemente estar con él, ya que supongo que no serán muchas las oportunidades que el cargo le dejará al señor Rajoy para estar con sus hijos. Creo que esto es lo que hizo que el muchacho se emocionara cuando le dieron la palabra.

En tercer lugar tenemos al público en general, en este caso a los periodistas que presenciaron la escena.

¿Qué sucede?

En un momento dado de la entrevista, uno de los temas que se tratan es el nuevo juego de fútbol para consola FIFA 16, y uno de los periodistas le pregunta al hijo del Presidente qué le parece el juego y los comentarios que en el salen, ya que habían sido realizados por otro de los periodistas allí presentes.

¿Y qué pasó? Pues lo que suele pasar cuando le preguntas a un niño por algo. Que te arriesgas a que te conteste sinceramente. Y así lo hizo, afirmando que "le parecían mejorables", lo que provocó diversas reacciones ante los presentes, sobre todo su padre.

Hasta aquí todo iba perfecto, se le había preguntado a un niño por algo y este había contestado sinceramente y justo lo contrario que se esperaban los adultos ahí presentes. Es lo grande de los niños, que no son políticamente correctos. Pero, si lo hubiéramos dejado aquí, todo hubiera quedado en una mera anécdota jocosa, el problema es que probablemente lo nervios traicionaron al chaval y continuó hablando sobre lo poco que le habían gustado utilizando un lenguaje que terminó con el protocolo por los suelos, una audiencia riendo a carcajadas y a un padre cortando por lo sano antes de que la situación se le fuera completamente de las manos.

Y aquí fue donde al señor Rajoy le traicionó el subconsciente y muy probablemente todos esos años de educación que recibió cuando él era el que tenía diez años y le soltó una colleja a su hijo.

Dicen algunos que fue un toque "amoroso y paternal" y no dudo que lo haya hecho con esa intención, no dudo en absoluto del amor que le profese el señor Presidente a su hijo, el problema quizás radique en lo que entendemos como "amor paternal" y sobre todo las formas de ejercerlo.

Lo que el señor Rajoy hizo ha sido lo mismo que hacían la mayoría de padres hace años y lo que siguen haciendo muchos ahora, incluso habiendo una ley que lo prohíbe de forma tajante. Y es que el señor Rajoy se dejó llevar por la situación y por esa permisividad que existe en la sociedad actual acerca del "cachete corrector", ese que dicen que no hace daño y que dado a tiempo ahorra muchos problemas. Y es que decidió salir por lo fácil o quizás por aquello grabado en su subconsciente, no se paró a pensar en una forma mejor de corregir un comportamiento. Es cierto que el no es cualquier padre, pero es un padre y desde luego, ni su hijo ni ningún otro se merece una colleja por muy amorosa que sea, si es que ese adjetivo se le puede aplicar.

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Un mal ejemplo de quien tiene la obligación de serlo

Si señor presidente, como decía al principio "el Rey no solo tiene que ser Rey, sino parecerlo" y es que si usted, una de las principales autoridades legales y morales del país se salta la ley, ¿por qué yo no podría hacerlo? ¿Qué ejemplo va a dar a todos los niños que le van a ver?

El pasado 25 de Noviembre fue el día contra el maltrato hacia la mujer, ¿qué hubiera pasado si en vez de a su hijo, le hubiera dado una colleja,-muy amorosa y de compañero de partido eso si-, a su Vicepresidenta? ¿Alguien iba a justificar eso (salvo los de siempre)? ¿Por qué entonces si lo justificamos cuando se trata de niños?

No somos padres perfectos, ninguno de nosotros, tenemos nuestros días buenos y otros no tanto, incluso el Presidente. Espero, ya que el vídeo no lo muestra, que luego le haya explicado a su hijo el por qué de su reacción y por supuesto el reconocer que un padre por muy Presidente del país que sea, también se equivoca y que hoy fue uno de esos días.

Le queda mucho a esta sociedad por cambiar, por reconocer de una vez que el cachete no es solución para ningún problema ni para ningún niño. Hoy hemos comprobado en directo como todos debemos seguir luchando contra esos viejos fantasmas del pasado que ojalá nuestros hijos entierren definitivamente, pero eso va a depender de nosotros y de cómo les eduquemos.

Imágenes| thinkstock

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